Boyberry

Era de noche, y me apetecía ligar. Soy un chico joven al que le gustan las aventuras, el sexo y sentirse querido; además, llevaba tiempo sin echar un polvo y me apetecía bastante contacto con otro hombre. En alguna discoteca me habían hablado del bar ‘BoyBerry’, así que decidí echarle un vistazo.

Llegué a la puerta del bar, y por un momento dudé si entrar o no, ya que según me habían dicho, me sorprendería lo que podría encontrarme dentro. Pero me sorprendió más lo que vi fuera: uno de los chicos más preciosos que había visto en la mi vida. Rondaba más o menos por mi misma edad, tenía un atractivo corte de pelo rubio, y vestía una camisa blanca con medio pecho al aire. Se terminó su cigarro, lo tiró al suelo, lo pisó y me miró, sonriéndome con una sonrisa torcida. Y acto seguido, se metió dentro.

Yo tenía que entrar ahí.

No me pareció nada extraño ese bar, es verdad que habían chicos monos y agradables a la vista bebiendo, riendo y besándose. Pero nada del chico de la sonrisa torcida. Pedí una cerveza a un camarero guapísimo que vestía una camiseta de tirantes.

Mientras mi pie bailaba con la música que tenían y mi cerveza iba disminuyendo, vi como entraba y salía gente de algo que parecía un cuarto oscuro. La curiosidad me pudo, así que me bebí la cerveza que me quedaba de un trago y me adentré en la oscuridad.

Todo estaba bastante oscuro y se escuchaban gemidos por todas partes. Por un momento no sabía dónde estaba, “¿estoy en el mismo bar que hace un momento?”. Tenía ante mí una especie de laberinto donde veía hombres que entraban y salían rodeando las paredes blancas. Así que decidí asomarme. No podía creer lo que estaba viendo, tenía ante mí una de mis mayores fantasías sexuales: un glory hole, no dudé ni dos segundos en saber lo que tenía que hacer: necesitaba chupar la polla que asomaba por el agujero. Me agaché, y sin saber de quién era aquel enorme y grueso miembro me lo metí en la boca y comencé a mover mi cabeza de atrás a delante, sintiendo como el prepucio se resbalaba entre mis labios. Aquel chico tendría que llevar bastante tiempo allí porque su pene no dejaba de soltar el salado líquido pre seminal que tanto me gusta. Le escuchaba gemir al otro lado de la pared, y eso me ponía más caliente de lo que me podía imaginar. Unas manos agarraron mi cabeza y siguieron el mismo movimiento que yo hacía con mi cabeza. Pensé que sería imposible que fuese su mano, ya que había una pared de por medio, así que me aparté y vi que detrás de mi tenía a uno de los hombres más atractivos que había visto nunca. Soy joven y por lo general me encantan los maduritos, pero este era demasiado. Tenía la bragueta bajada y su falo me señalaba, me agarró del pelo y me metió su polla en la boca. Nunca había probado una polla tan dura. Su mano agarraba mi pelo y me llevaba cada vez más hasta el fondo. El hombre no dejaba de gemir cada vez más fuerte. Podía observar a mis lados como en otros agujeros había gente mirando y pajeándose. Entonces estiré el brazo hacia atrás y toqué el pene que hace un par de minutos estaba degustando y comencé a agitarlo con fuerza. El señor me soltó el pelo y empecé a chupar de nuevo la polla que había dejado a medias. No pude evitar no pajearme mientras la comía como un animal, y el hombre bajó su cabeza y comenzó a chuparla conmigo. Los dos nos besábamos mientras le comíamos la polla al que se encontraba al otro lado, hasta que estalló en una corrida dentro de la boca de aquel extraño hombre, que acto seguido me pasó aquel líquido caliente haciendo que me lo tragase.

Nunca había experimentado tanto morbo, y ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba allí, pero necesitaba más, así que salí de aquel laberinto y me adentré en la oscuridad de un pasillo por el que, a su izquierda me llevaba a unas cabinas, y delante de mí, se abrían unas escaleras por las que pude ver a ese chico de camisa blanca y sonrisa torcida que me había metido en esto, pero ahora estaba sin la parte de arriba de su ropa, mirándome con los ojos entrecerrados. Sentí como mi capullo chocaba con mi pantalón al imaginarme lo que haría en ese momento. El chico subió las escaleras y vino directo a mi boca. Sentí su cálido aliento chocando en mis dientes. Se acercó a mi labio y lo mordió con fuerza. Aquello me puso demasiado caliente, y yo le agarré fuerte del culo. Me miró a los ojos con esa sonrisa que me perdía tanto y me dijo “vamos a una cabina”. Así que en lugar de bajar la escalera fuimos hacia el largo pasillo de puertas por donde sólo se escuchaban gemidos. Él abrió una de ellas y me invitó a entrar. En la oscuridad pude distinguir una especie de sofá donde me senté, y sin pensármelo me saqué la polla y comencé a masturbarme. Él me vio y puso sus labios sobre ella. Sentía como se la estaba tragando lentamente, yo subí la cabeza del placer que me estaba dando aquel chico tan atractivo. Me bajó los pantalones hasta las rodillas y se la comenzó a meter entera en la boca, cada vez más al fondo, hasta que le dio una arcada y se la sacó de la boca. No recuerdo nunca haber tenido el falo tan mojado. Me volvió a mirar a los ojos, y acercó esa sonrisa tan extravagante a mi cara, y besándome con fuerza me masturbó lentamente. Se sentó encima de mí, y aproveché para desabrocharle el botón del pantalón y meterle la mano dentro del calzoncillo. No era un peen demasiado grande, pero era bastante gordo, y estaba muy duro. Se me resbalaba la mano de lo mojada que la tenía. Me tumbó sobre aquel sofá y me metió un dedo la boca. Yo lo chupé gozando, como si se tratase de su polla, lo sacó y lo acercó a mi culo. Mientras jugaba con su lengua dentro de mi boca, rodeaba mi ano con su dedo mojado una y otra vez, hasta que lo introdujo dentro de mí. Solté un pequeño gemido mientras le apreté el miembro con fuerza y lo empecé a pajear a una velocidad de vértigo. Él hizo lo mismo con su dedo, y comenzó mi orgasmo. No aguantaba más, necesitaba que me metiese la polla por el culo. Así que le empujé, haciendo que sacase su anular de mi culo, y en cuanto se puso de pie, comencé a chupársela como nunca lo había hecho antes. Él apretaba sus manos en mi nuca para que me entrase entera en la boca. No dejaba de soltar ese líquido pre seminal que tanto me pone. Sentí como se metió la mano en el bolsillo y sacó un condón, así que di un paso más y le lamí los huevos depilados, a lametazos con la lengua, mientras el gemía como un cabrón. Se puso el condón de una forma rapidísima, y yo me di media vuelta, tumbando medio cuerpo boca abajo en el sofá donde hace unos minutos estaba comiéndomela. Puse el culo en pompa esperando a que me la metiese, pero me sorprendió aún más. Se puso de rodillas y metió su lengua entre mis nalgas. Comenzó a dilatarme el culo con los dedos y darme lametones en el ano. Sentí como mi polla no dejaba de soltar líquido sin parar, entonces él se puso de pie, y con una mano agarrando su pene y la otra en mi cintura me la metió lentamente. No hizo falta que yo me abriese el culo, estaba tan cachondo que mi culo lo estaba pidiendo a gritos. Sentí que la metió hasta el fondo y sus huevos chocaron con mi trasero lentamente, me agarró de los dos lados, se echó para atrás sacándola un poco, y comenzó a follarme como si no hubiese mañana. Mis gritos de placer y dolor se perdían entre el sonido similar a unas fuertes palmas que estaba haciendo al darme de esa forma. Me agarró las nalgas con fuerza y disminuyó el ritmo, ahora me estaba dando muy fuerte, pero muy lento. Él esperaba a que yo pensase que iba a sacarla para metérmela cada vez más fuerte. Yo sólo podía agarrar el sillón con las dos manos y disfrutar del mejor polvo de mi vida. La sacó entera, y me giró el torso. Me quedé boca arriba, y subí las piernas, y las abrí a sus lados. Vi cómo se agachó un poco y me abrió el ano con dos dedos, y acto seguido me la metió con fuerza, tan fuerte que sentí algo parecido a una corrida que salía de mi polla. Así que me la agarré y comencé a agitarla hacia arriba y abajo, mientras él me estaba penetrando fuerte agarrando mis piernas con forma de V. No podía dejar de gozar ni un segundo, me estaba follando tan bien que sólo podía gritar y masturbarme mientras me estaba empotrando contra el sofá donde estaba tumbado. La empecé a sentir más gorda dentro de mi culo, y aquello me estimuló tanto que me dio la sensación de que iba a correrme de un momento a otro, y él empezó a ir más y más fuerte. Mientras gemía a voces no dejaba de insultarme llamándome “Hijo de puta” o “cabrón” y aquello me ponía demasiado cachondo. Entonces, se la sacó corriendo, se arrancó el condón de su polla y sin tocarse más, se corrió sobre mi tripa. Aquel líquido caliente unido a su gemido final me estimuló tanto que mi semen salió disparado y se juntó con el suyo en mi tripa. No podíamos dejar de gemir en bajo del placer y el esfuerzo que habíamos hecho juntos. Se relajó, y se agachó, pasando su lengua por mi tripa, y cuando me dejó el torso limpio, se la guardó dentro del pantalón, se abrochó el botón, me miró de nuevo con su sonrisa torcida y me dijo: “Ha sido increíble, cabrón.”