Chulazo pollón me viola la boca

Tenía diecinueve años por aquel entonces. Era mi primer año en Madrid, ya que me había mudado para estudiar en la Universidad. Por aquel entonces vivía en la zona de Chamberí, una zona plagada de universitarios buenorros. Procedía de una pequeña ciudad y había estudiado en un colegio de monjas. Aunque me había comido alguna polla entre portal y portal de mi pequeña ciudad, no estaba muy curtido en el tema.

A las pocas semanas de llegar a Madrid, me embriagó su libertinaje y su olor a sexo. Asique me dispuse a buscar en internet algún local de ambiente al que poder acudir. Me salieron varias opciones, de las primeras aparecía un local llamado Boyberry. Apunté su dirección y busqué la manera de llegar hasta allí.

Una vez lo tuve localizado, me dispuse a entrar. Nada más entrar le pedí al camarero que estaba detrás de la barra que me sirviera un Ponche con coca-cola. El camarero era un Dios del Olimpo griego. Un moreno con músculos esculpidos y con un pantalón corto amarillo fluorescente que le marcaba el rabo. Era el típico empotrador tierno con el que te dan ganas de casarte. Me pedí un chupito para ponerme más caliente y más “hot”.

Una vez me encontré ardiendo y quemándome la llama del deseo, me dispuse a ir a la sala de los Gloryholes. Allí me metí en una cabina y ví que había un agujero. Ingenuo de mí, me dispuse a mirar que había tras él. Cuál fue mi sorpresa cuando percibí a un chulazo cachas en chándal. El chico debía de tener unos 30 años. Llevaba una camiseta negra de la marca Boxeur que marcaba todos sus músculos tonificados y un pantalón gris de algodón de los que marcan el rabo. Cuál fue mi sorpresa cuando veo que se baja el pantalón de chándal gris y no lleva gayumbos debajo. Me quedé ensimismado con su rabo venoso y rasurado. De repente cogió su rabo bastante grande y lo metió por el agujero.

Me quedé paralizado, no sabía que hacer. Sin embargo, surgió un instinto en mí. Comencé a tener calor y me sentí muy zorra, muy sometida. Asique cogí su rabo y me lo metí en la boca. Sabía a gloria de macho. Tenía un sabor a limpio, mezclado con los fluidos preseminales que le salían de vez en cuando. Fui notando como su miembro fue creciendo en mi boca hasta volverse un pollón. Tenía un rabo muy venoso y proporcionado. Me recordaba al grosor de un bote de espuma para afeitar. Según fue creciendo me entraba con más dificultad. De repente me lo metía hasta llegar a mi garganta mientras me decía: Traga Putaaa. Su voz era la de un auténtico macho. Yo sentía arcadas, sin embargo aguantaba. Escuchaba sus gemidos de placer y me ponía más cerda. De repente en una de sus embestidas hacia la garganta me dijo: Ahí te va!! Te vaaaaaa. Y de repente note como mi garganta se llenaba de un fluído caliente y espeso. Me saqué su rabo y saboreé aquella delicia. El chulazo se subió el pantalón y se marchó. Desde entonces voy cada Viernes y Sábado al Boyberry para volver a encontrarlo. Le busco siempre, pero nunca lo encuentro. Asique sigo zampando pollas, pero ninguna como la del chulazo pollon.