El guía

La brisa marina surcaba como una fragancia de lavanda, el sol resplandecía con gran luz y poderío y las olas pronunciaban un sonido que me transportaban a un mundo dónde se respiraba una paz insólita.
El calor era abrasador y pese a la multitud de transeúntes y el ruido yo había desconectado completamente.
Era un 8 de agosto a las 15 de la tarde en la Mar bella de Barcelona, realmente estaba plagada de turistas, muchísimos chicos paseando sus cuerpos por la playa; había de todo tipo…desde los típicos germánicos y demás nordicos con la piel ya roja del impacto del sol, a gente más sureña con un tono de piel más bronceada.

De repente pasó EL. Un guapísimo chico de aspecto brasileño con un cuerpo de escándalo, un cuerpo esculpido en los mejores gimnasios, recién salido del agua y con ganas de comerse el mundo. Todo el mundo lo admiraba, pese a haber otros chicos guapos y de atractivo cuerpo, él era el centro de todas las miradas.
-Me pregunté porque no lo había visto antes, y de donde salía.
De repente veo que sale del agua mostrando de facto su torso fornido y sus abdominales bien definidos y con esas piernas de futbolista se dirige para mi sorpresa a mi toalla.
Por el acento, estaba acertado, es brasileño, pero habla español muy fluido, su nombre es Antonio. Era su primera vez en Barcelona y procedía de Rio de Janeiro, empezamos a hablar, a reír y a sentirnos muy cómodos, no habían pasado ni 5 minutos de la conversación que me dice que ha venido con su hermano y que está allí en una hamaca, me invita a conocerlo y por supuesto, accedí.
Estaba tumbado en una de las hamacas del chiringuito y Antonio y yo nos dirigimos hacia allí.
Para sorpresa mía no es que sólo fuese su hermano, sino que además eran hermanos gemelos.
Eran como dos idénticas gotas de agua! Los dos tan bien hechos, esculpidos y tonificados a la perfección, su nombre era Renato y también hablaba castellano a la perfección.
Como era de esperar en 3 minutos ya estábamos los 3 la mar de cómodos en el chiringuito tomándonos un mojito y charlando como si no hubiese mañana.

-Nos podrías enseñar la ciudad-me pregunto Antonio- no conocemos nada, y nos gustaría conocer el ambiente en Barcelona, sus zonas de cruissing, fiestas y demás.
Por supuesto-habéis topado con el mejor guía turístico de la ciudad- bromé yo.

Eran ya casi las 5 y no dudé en recomendarlos la mejor zona de cruissing de Barcelona que conozco, claro que sí, fuimos a Boyberry.
Además, casualmente hoy era la “Young Party” y creo que sería una buenísima opción para que exploren este mundo.
Salimos de la playa entusiasmados, nada más explicarle sobre el tema.
Por descontado, éramos el centro de todas las miradas, y evidentemente nos sentíamos observados.
Pasamos por su hotel que estaba en el centro y nos pegamos una buena ducha, nos enjabonamos los tres y ya estábamos calientes y preparados para que descubran ese novedoso mundo.

Eran las 6 de la tarde cuando cruzamos la entrada y ahí empezó todo. El local estaba repleto, había muchísimos chicos guapos, muchos turistas por descontado ya que estábamos en pleno Circuit.
Vamos a dar una vuelta a ver qué pasa -dije yo
-Me muero de ganas- dijo Antonio
Yo igual-prosiguió Renato,

Pues no se hablé más, caminamos por el pasillo atravesando toda la zona y bordeando los cuartos y cabinas.
Todos nos miraban e incluso alguno tocaba, pero nosotros seguíamos hacia delante bordeando y recorriendo todo Boyberry.
Una vez bordeado el local, bajamos al piso de abajo, al que yo llamo “sótano” y nos metimos en la cama y empezamos a besarnos, en dos minutos estábamos rodeados, pero seguimos jugando un poco más, tocando nuestros cuerpos y besándonos los tres, esos carnosos labios.

¿Nos metemos en una cabina a ver qué pasa? – les pregunté
-Claro-respondieron a la vez
entramos los tres en una cabina, nos quitamos la camiseta y empezamos a tocarnos, tres cuerpos esculpidos y bien trabajados tocándose entre sí.
La temperatura ya estaba por las nubes, así que les dije -quedaros aquí un segundo, ahora veréis.
Me fui a la cabina de al lado que comunicaba con ellos y me decidí a sacar mi herramienta por el agujero donde estaban ellos.
En un segundo sentí el estremecer de todo mi cuerpo al ver como la lengua de uno de ellos recorría todo mi pene desde el glande hasta el escroto trabajando muy bien el tronco…y luego ya de repente noto otra boca, probablemente la de Renato como con esa lengua recorría a la perfección todo mi órgano.

Fue increíble las dos bocas como engullían, un rato uno, y un rato otro hasta el momento que empezaron los dos a comer cada lateral recorriendo desde el escroto hasta la cabeza.

¡De repente noté que ellos, todo fogosos, sacaron sus herramientas por el mismo agujero, las dos a la vez! Me agaché y empecé a disfrutar como un niño de dichos manjares.
Empecé a recorrer primero una, desconozco aun si la de Antonio o la de Renato porque casualmente también eran idénticas. ¡Eran como dos gotas de agua!

Recorrí la susodicha desde el escroto hasta la cabeza trabajando bien el tronco y mamándola como si no hubiese un mañana, luego me decidí a por la otra, como un neonato sediento en busca de la ubre de su madre. Recorría todo el miembro y notaba los gemidos a través de esa gris pared que nos separaba, estuve cinco minutos alternando una y otra una y otra y escuchando sus suspiros y gemidos de placer. Estábamos en el momento más álgido hasta el momento y les dije que ahora volvía con ellos. Así que eso hice.
Me abrieron la puerta y allí estaban los dos empalmados y con ganas de jugar. Nos quitamos los pantalones y la ropa interior y nos tumbamos: Antonio y yo en una pequeña camilla que hay dentro de la cabina mientras Renato nos la chupaba.

-Cambio de turno -dijo Antonio.

Y se levantó y se amorro a mi miembro, Renato se acomodó donde estaba su hermano antes.
Realmente venís muy bien enseñados, les bromeé-y se rieron.
Antonio no soltaba mi miembro mientras Renato se pajeaba y yo caliente y sobreexcitado me abalance hacia el miembro de Renato, lo quería todo en mi boca. Él, muy caliente, empezaba a gemir y se levantó para meterme todo su pene hasta lo más profundo de mi garganta. A la vez y de forma simultanea la garganta de Antonio estaba ocupada por mi “rabo”.

Ahora es mi turno dije yo- ellos se estiraron en la cama y yo empecé a jugar con sus dos miembros, comiéndoles todo el miembro, alternando el de uno con el del otro y en dos minutos ya tenía los dos en mi boca y escuchando cada vez más sus gemidos y su respiración más profunda.
Estábamos en el momento cumbre, con treinta y seis grados centígrados que marcaba el móvil en la playa cuando nos conocimos, aquí llegamos a setenta y dos de los sofocados que íbamos.
Así que proseguí y empecé a cabalgar a Antonio, puesto que fue el primero de los dos en conocerlo, ¿se merecía una mención especial- digo yo no?
Antonio estaba la mar de caliente y yo no iba a ser menos, después de cabalgarlo un buen rato me senté en el miembro de Renato que estaba preparadísimo y empezamos a jugar durante un buen rato. Fui alternando y sentándome en los dos mientras cabalgaba iba besando los labios del otro, para no bajar la temperatura y fuimos alternando durante un buen rato, hasta que Renato, dijo- es mi turno.
Y entonces me estire en su sitio con mi miembro bien terso y el empezó a hacer lo mismo, a cabalgar como si no hubiese un mañana, y también fue alternando entre Antonio y yo. Cuando cabalgaba a su hermano yo seguía masturbando mi aparato porque me encantaba esa situación, y cuando venía a cabalgar encima mío ya estaba listo para introducírsela toda, hasta lo más profundo de su ser.
Y ahora me toca a mí-prosiguió Antonio- e hizo igual que habíamos hecho nosotros, cabalgando encima nuestro y alternándose uno a otro.
Llegamos al momento más caliente y estremecedor de la tarde y los tres empezamos a pajearnos. Primero empezó Antonio k le dio a la zambomba hasta rociar su blanca y cremosa leche por nuestras caras y nuestro pecho, posteriormente le siguió Renato que empezó a masturbarse hasta esparcirnos su cálida leche y finalmente Renato se agacho junto al lado de Antonio y me pajeé yo hasta darles mi dulce leche también por sus bocas sedientas de tanta calor . Fue sin duda un momento inmemorable.

Tras asearnos decidimos tomar un par de copas y abandonar el local ya que se nos había hecho tardé. Decidí acompañarlos a su hotel y seguir charlando y conociéndolos de camino pues me habían parecido unos chicos entrañables y agradables y una vez allí apunto de despedirme de ellos y pedirles su número para seguir siendo su guía por la ciudad durante su estancia los dos a la vez me dijeron: ¿Quieres subir?
¿Adivináis que hice? Por supuesto, subí.