El Paleto

Sí, soy un tío de pueblo, un paleto, pero como persona, tengo las mismas necesidades y los mismos deseos que cualquier otro, aunque en mi pueblo, una pequeña población cercana a Palencia, sea complicado.
No, nos engañemos, soy maricón y aunque ya tengo 22 años, la vida no es nada fácil para alguien que vive y apenas sale del pueblo para mantener relaciones sexuales con otros tíos, y muchos menos poder tener una vida normalizada con alguien del mismo sexo.

Dicho esto, debo decir que si, que algún que otro escarceo con más o menos éxito ya he tenido, en un lugar entre Palencia y Valladolid hay un área de descanso, dicen que allí paran muchos camioneros portugueses, pero la verdad allí son la excepción, salvo las cálidas noches de verano, que es otra cosa, la mayoría somos gente como yo, de unos cuantos kilómetros a la redonda y muchos casados, que buscan encuentros furtivos y rápidos con otros tíos.

Con el tiempo, alguna que otra vez se tiene sexo, pero la mayoría de ellas, nos dedicamos a hablar los unos con los otros, y de este modo, poco a poco vas conociendo sitios y sobre todo en este mundo globalizado y sobre todo virtual, desde la intimidad de nuestra habitación, tenemos al mundo entero a nuestro alcance.

De este modo conocí la web www.bakala.org, convirtiéndome en un usuario habitual de la misma y de esta misma manera a través de la propaganda de la misma, conocí al Boyberry, un local en Madrid y Barcelona, donde lo tienes todo al alcance de la mano, desde cualquier producto sexual, tomar una copa o tener sexo del bueno, sexo entre machos, entre tíos de bario, de manera anónima o privada o una gran orgia en público.

De este modo, poco a poco fui madurando una idea, y un fin de semana, después de mucho pensarlo, me trasladé a Valladolid a primera hora de la mañana y de allí, me di el gustazo de viajar en Ave a Madrid, para volver el domingo del mismo modo. El objetivo meterme en el Boyberry a media tarde y no salir de allí hasta el cierre, con la polla destrozada, los huevos vacíos y el culo…, bueno dejémoslo así.

Eran las siete de la tarde, cuando salí del metro en Gran Vía, solo tuve que andar en dirección a Callao unos metros y a la derecha salía la calle que me llevaría al local, y que desde la misma gran vía ya se veía.
Nunca había entrado en un local así, iba nervioso y las piernas me temblaban, pero fue atravesar la puerta y encontrarme algo muy parecido a un bar convencional.

En seguida un chico muy majo y guapo, en camiseta de tirantes, tatuajes varios y un vaquero provocativo, me recibió con una sonrisa. Dejé todo en el ropero y con la primera copa en la mano, me puse a pasar revista al local, ya me había fijado en algunos tíos, los había para todos los gustos, de esos que pasan desapercibidos en la calle, como si fueran el vecino de enfrento, algún señor mayor, más de un chulito de barrio tipo bakala y algunos osos, muy apetecibles.

A la derecha seguía la barra, los ventanales daban a otra calle diferente a la que había entrado, ya que el local hace esquina, al fondo la zona para los cibernautas, donde había varios chavales con los ordenadores, entre ellos uno que me había llamado la atención.

A la izquierda descubrí una puerta que daba a unos baños y desde estos cuando me quise dar cuenta me encontré con un pasillo oscuro, a ambos lados cabinas, en la puerta de alguna, un tío esperando que alguien entrara con ellos. Aquí me crucé con un osete, un chico de unos treinta años, barba, peludo, moreno, de ojos grandes y luminosos, vaqueros ceñidos, camiseta y llamativos tirantes, encima de esta, se me quedó mirando, pero yo necesitaba ver todo antes de tomar ninguna iniciativa, necesitaba conocer el local. Al final del pasillo, a la izquierda llegué al lugar de cabinas, en todo el recorrido, monitores exhibiendo pelis de sexo entre tíos. Cuando me acostumbré a la oscuridad, me encontré con un bloque de cabinas, y la continuación de la barra, donde el camarero me había atendido. Aquí la afluencia de chicos era más intensa que en el resto del local, al salir un tío de una de las cabinas, arreglándose la ropa, me introduje en la misma y eché el pestillo, en ella una pequeña repisa para poner la copa, papel para limpiarse, una papelera y unos grandes agujeros que comunicaban con otras cabinas, me agaché y me puse a mirar por uno de ellos, al otro lado un chico joven de perilla, engullía un rabo que asomaba desde otra cabina por otro de los agujero, instintivamente me toque el paquete y fui a mirar por otro de los agujeros, solo veía el culo impresionante de un tío, que pegado a la pared suponía daba rabo a otro tío.

Me puse a mil, la polla me dolía, pero no era momento de liberarla. No había recorrido aún todo el local, y mi pensamiento era continuar, cuando por un agujero que aún no había visto, apareció una polla, me tuve que resistir a tragármela, pero solo me limite a tocarla, agarrarla y comprobar su calibre y dureza, y con esta sensación, salí de nuevo al lugar por dónde había entrado al local, ahora eran dos chicos los que estaban tras la barra, en animada charla.

En una mesa frente a esta y al lado de la puerta de entrada, estaba tomándose la copa el osete que me gustó y que volvió la cabeza al cruzarse conmigo, a su lado el tío que estaba en el ordenador y que tanto me había gustado, no era tan delgado como me había parecido, llevaba un chándal rojo, que se le ajustaba al culito de una manera increíble, tenía las manos en los bolsillos y descaradamente se recolocaba el nabo, que por su volumen estaba algo alterado.

En este cruce de miradas, vi que se hicieron un gesto con los ojos, el uno al otro, me he puesto nervioso y he vuelto a la sala de cabinas con glory hole, haciendo el recorrido a la inversa de cómo lo hice antes. Estaba nervioso, no me detuve aquí seguí avanzando cuando vi aparecer al chico del chándal rojo, seguía mis pasos y eso me tenía en un estado de excitación tremendo, al entrar en el pasillo de las cabinas, no había nadie, todas las cabinas estaban con las puertas abiertas y cuando casi llegaba al final, desde los baños entraba el osazo.
No sé muy bien que ocurrió, si fueron mis nervios, si me hicieron la envolvente, pero cuando me quise dar cuenta, estaba con los dos en una de las cabinas, el osazo, de espalda a la puerta, tras cerrar el pestillo, el chandalero, comiéndome la boca convulsivamente, sentí las manos del oso en mis caderas, su cuerpo pegándose al mío, su aliento en mi nuca y su boca, lamiéndome una oreja, tuve que centrarme para no correrme en ese mismo momento.
El del chándal se arrodillo, se sacó la polla por encima del elástico y mientras se pajeaba liberaba mi rabo y se lo metía en la boca. Yo volví la cabeza para ver al oso y besarlo, se había sacado la camiseta, luciendo su peludo pecho, con un gran piercing el pezón derecho. Me acercó la cabeza a la suya y me metió la lengua hasta el fondo, el otro aferrado a mis nalgas, me bajaba los pantalones y se clavaba la polla hasta el fondo de la garganta.

Cerré los ojos, cogí al chandalero de la cabeza y le follé la boca durante un rato, en uno de los movimientos, tuve la impresión que me empujaban hacia adelante, cuando me quise dar cuenta, eran cuatro las manos que tenía a la cintura, dos desde delante, las otras desde detrás, una boca succionándome el rabo y otra mordisqueándome las nalgas, eran besitos, mordisquitos con los labios, entonces el oso, me soltó de la cintura, y aferrado a mis nalgas, me las masajeó, después, sentándose en el suelo, abrió mis nalgas con ambas manos y escupiendo en mi ano, se dedicó a hacerme una comida de culo, como nunca antes me habían hecho. Traté de visionar mentalmente la escena, dos machos de esos de calendario, de los que a mí me gustan, dedicados a darme placer, los dos tíos en los que había puesto mis ojos, de entre todos los del local.
Seguimos así unos minutos más hasta que dije:

─Sí seguimos así, no aguantaré mucho más, el chandalero se incorporó como un resorte, me comió la boca y yo por primera vez le toqué la polla, era enorme, gruesa y venosa, entonces entre mis glúteos sentí la tranca del osete, eché la mano para tocarla, tenía buen calibre, pero sin llegar a la del otro.

En ese estado de excitación, no sé si me arrodillé por voluntad propia, o fue una presión sobre mis hombros la que me hizo hacerlo, ante esos dos machos, me comía sus pollas como si no hubiera mañana, incluso en algún momento me llegué a meter las dos en la boca al mismo tiempo, el delgado tenía unos huevos pequeños, que apenas podía coger, el osazo, dos grandes huevos colganderos que me volvían loco, estaba loco lamiendo pollas y huevos, lo debía de hacer bien, ya que el osazo, se apartó.

─Tío, que me corro.

Entre los dos me levantaron, por primera vez nos besamos los tres y en uno de los cruces de miradas, fue el chandalero el que habló:

─Nos corremos, o tomamos una copa y seguimos después.
─No jodas Xavi, me duelen los huevos y necesito descargar, luego si queréis podemos continuar.

Xavi puso al osazo contra la pared, le lamió bien el ojete olvidándose de mí y cuando pensó que tenía el trabajo bien hecho, se incorporó, y agarrándome de la polla, me susurró al oído.

─¡Fóllatelo!

Ni siquiera lo pensé, sin darme cuenta, mis huevos golpeaban contra las nalgas del osete, entonces el delgado me sorprendió, se arrodillo detrás de mí y frenéticamente escupió sobre mi ojete y lamia mi raja, me estaba encantando, pero lo que me volvía loco era estar follando al osazo, sentía mi ojete húmedo, pero ni me di cuenta cuando jugaba con sus dedos en mi interior, fue al sentir su babeante capullo en la entada cuando me acojoné.

─Tío, mi culo no puede con eso.
─Tú déjame a mí, relájate y disfruta.

Cerré los ojos, me mordí el labio y me concentré en seguir dándole rabo al oso, sentí las manos del delgadete en mis caderas, su capullo presionar en mi caliente ojal, y cuando me quise dar cuenta, en una de las envestidas brutales al osazo, al volver para atrás me ensarte ese magnífico pollón de golpe, fue una sensación indescriptible, me sentí rotó, el culo me escocía hasta el punto de no soportar la presión de ese obús en mi interior, que forzándome las paredes internas de mi ano, por unos segundos pensé que me estaba corriendo, entonces el bakala, me susurró al oído.

─Tranquilo, ¡ves como podías!

Abracé al osete, recosté mi cabeza sobre su ancha y peluda espalda, y deje que fuera Xavi el que nos follara, destrozaba mi culo, mientras yo como mero eslabón de la cadena, follaba al osazo, no recuerdo el tiempo que transcurrió, solo que las piernas me temblaban, cuando el oso empezó a gritar.

─¡Me corro!

Xavi, se alejó un poco de mí, me dio una última clavada, abrazándome como si solo fuéramos uno, sentí su polla palpitar, engordar en mi interior y luego su enorme descarga, después sus convulsiones abrazado a mí, y yo derramándome una y otra vez en un orgasmo prolongado, o tal vez fueron varios orgasmos encadenados, solo pude jadear, gemir y aferrarme férreamente a mi osete, para impedir que mis piernas me fallaran y cayera al suelo, Xavi se dio cuenta, me agarró fuerte por la cintura y besándome en el cuello me dijo:

─Tranquilo, yo te sujeto, relájate, respira hondo y disfruta del momento.