El quinto jinete

Es difícil describir una persona como yo, ya que no soy un ser humano propiamente dicho. Encarno todo aquello que define la sexualidad y el morbo. Yo soy la promiscuidad y la lujuria, Sodoma y Gomorra, el sueño húmedo de Eros, el demonio que con su polla de fuego reparte justicia, el quinto jinete del apocalipsis. Este es el relato de cómo un joven angelical supo atrapar la esencia del quinto jinete.

   La gente nos toma muchas veces por monstruos pero solo seguimos nuestra naturaleza. Yo camino entre los mortales, mis victimas; como los dioses del pasado hacían, mezclándome entre ellos, observándolos desde dentro. Mi currículo es extenso; dominación, voyerismo, BDSM, bacanales, cruising, exhibicionismo, fisting, coprofilia, pissing… cualquier tipo de actividad dotada de sexualidad. Siempre había tenido preferencias, gustos, como todos; pero de la misma forma que me va todo, tampoco discrimino por físico, ninguno escapa de mi justicia.

   El día empezó normal, como cualquier otro. Me levanté en mi guarida, un asqueroso piso de extrarradio, nada de lujos, siempre me he sentido más atraído hacia la inmundicia y la miseria; la higiene era secundaria, el sexo era sucio y no hay discusión. Me puse junto a la ventana de la cocina a prepararme un café, desde allí tenía una buena vista de la habitación del vecino del quinto, más de una vez lo había pillado redescubriendo su cuerpo frente al ordenador. Por desgracia esta no era la ocasión.

   Hoy por suerte era mí día favorito, sábado, final de semana, el ajetreo del resto de la semana hacia qué cantidad de gente quisiera relajarse de la forma más morbosa posible, acudiendo en masa a locales de sexo en vivo, de ligoteo fácil y de polvo rápido. Esta noche tenía un objetivo, pero ¿Qué haría hasta entonces?

   Decidí salir a pasear por el parque. Muchas veces podía encontrar gente masturbándose o dándose placer entre los árboles, una práctica muy común en esa zona aparentemente familiar. Adentrándome en el bosque en seguida encontré actividad en un pequeño claro, esta vez decidí no participar, me quedé tras unos matojos a observar aquel ritual de la fertilidad en plena naturaleza. Dos hombres, uno joven de aspecto latino y otro más bien madurito se daban por culo el uno al otro. El jovencito gritaba de placer aferrándose a un árbol mientras el otro lo embestía con su polla canosa por detrás sin siquiera pararse a mirar a su alrededor, si fuera así se hubieran percatado de mi intimidante figura cascándomela ferozmente entre los arbustos. La paja pero duró poco, un lefazo en un árbol es todo lo que quedó.

   Hoy tenia particular interés en un conocido chaval joven, su nombre lo desconocía pero su rostro había quedado grabado a fuego en mi memoria; su belleza angelical acompañaba su pelo rubio rizado que llevaba con un peinado de estilo moderno, rapado por los lados y más largo hacia arriba. Sus carnosos labios debían hacer maravillas sobre un rabo y esa mirada de no haber roto un plato iba en contra de su actitud calientapollas. La última vez que lo vi fue en una discoteca del centro de Barcelona, su mirada penetró en la mía como ninguna lo había hecho hasta ahora, estaba claro que ese chico no era normal y necesitaba saber porqué.

   Durante el resto del día me dediqué a hacer unas y otras cosas; no trabajaba, no lo necesitaba, era un espíritu libre y mi falta de remordimientos me había convertido en un criminal por lo que me ganaba la vida con actos delictivos, robos, atracos y mayoritariamente prostituyéndome.

   Al fin llegó la noche, la ciudad se engalanaba, perdía esa aparente seguridad que da la luz del día y se convertía en una madriguera de lobos sedientos de sexo y alcohol. La versión más criminal y morbosa de la ciudad se daba en los callejones de los barrios de la Eixampla donde chicos y chicas exploraban su sexualidad a ojos de cualquiera. Obviamente no era mi intención esta noche molestarlos, yo ya tenía fijada mi presa, casi podía olerla. Durante la última semana lo había estado buscando por internet; scruff, grindr, twitter, facebook…la tecnología me permitía acosar a todos los niveles pero él seguía escapándose por lo que desconocía si iba a estar por ahí esa noche.

   Al fin llegué a un sitio, un local llamado Boyberry, apartado del bullicio del centro en el que muchas fantasías sexuales se hacen realidad. Esperé un buen rato, cigarro en mano, fuera del local, sentado en un banco a unos metros del sitio. Era la hora de más aforamiento, sobre las once, momento en que la gente dejaba los bares para ir de fiesta en busca de carne. Esperé hasta tres cuartos de hora, casi era medianoche, la hora de la bestia, cuando llegó con un grupo de amigos y entró al local. Rápidamente lancé mi tercer cigarro y me puse a la cola de entrada. Al entrar me fui directo a la pista de baile. En medio de la multitud y la oscuridad se veía más bien poco pero al final lo encontré. Era como lo recordaba, su precioso rostro no tenía ni una impureza, su juventud aún era presente en todo su cuerpo y sus ojos me encandilaban con su brillo. Nunca había sentido semejante sed de sexo por un ser humano pero sin duda iba a saciarme esta noche.

   Me situé cerca de él apoyado en una columna. Él bailaba distraído y hablaba con sus compañeros de vez en cuando. Después de un rato me vio por fin, al verme sonrió; era una sonrisa generosa pero que escondía su verdadero propósito, la seducción. Un instante después se excusó con sus compañeros y pasó por delante de mí, me echó una mirada penetrante y paso de largo. Su paso había dejado un olor dulce en el ambiente que hizo mella en mis sentidos, era una mezcla de sudor dulce y colonia; solo de olerlo noté como me abultaba el pantalón. Mi ansia aumentaba por momentos así que en cuanto lo vi volver del baño me abalancé sobre él y lo frené interponiéndome en su camino.

   Le sacaba por lo menos una cabeza de alto y un cuerpo de ancho, se le notaba mayor de edad pero yo era mucho más corpulento que él. El chico se paró en seco, me miró y sonrió:

   -Pensé que nunca te atreverías-

   Me dijo a la vez que se pegaba a mí: -Soy un poco tímido- Contesté a modo de broma. Hice un gesto con la cabeza indicando la parte de atrás. El chico miró a ambos lados y se acercó a mi oreja susurrándome:

   -¿Por qué no aquí?- Bien pensado, ese chaval estaba llevando mi morbo al extremo:

   -Solo si me la sacas tú- El chico se lo tomó como un reto y en seguida se puso a forcejear con el cinturón de mis vaqueros.

   Sus manos se iban abriendo paso hacia el premio, me quitó primero el cinturón, el botón del pantalón y finalmente bajó lentamente la cremallera con su mano con la cabeza pegada a mi pecho. Mi mano recorrió su espalda hasta llegar a su final, metí la mano por debajo de su camiseta y noté su piel tersa e impoluta. En ese momento él también metió su mano en mis pantalones y sacó por la obertura de la bragueta mi miembro, palpitante y venoso, duro como una roca por ese chico. Sus manos recorrieron cada pulgada de mi sexo subiendo y bajando con suavidad, sin forzar nada. Su cuerpo pegado al mío hacia que él notara mi respiración agitada por sus caricias: -¿Te gusta así?- Me preguntó con una voz inocente.

   -Me gustaría más con la lengua- Respondí guiñando un ojo al chico que se lo tomó como una broma:

   -Vamos atrás- Y, acto seguido, agarrándome del rabo me guió hacia la parte trasera, un buen lugar con mamparas, cabinas y demás espacios íntimos.

Tras pasar al oscuro pasillo el chico me dijo que me parara:

   -Me gusta jugar cuando hago estas cosas…- Me dijo mientras pasaba un dedo por mi torso: -Cierra los ojos, cuenta hasta diez y búscame-

   Obedecí ciegamente, nunca mejor dicho, cerré los ojos y conté por dentro. En ese estado mi oído se amplificaba; podía oír los gemidos de la gente tras las mamparas, ese húmedo sonido de saliva que emiten las bocas al tener sexo oral, la música de fondo, las embestidas de algunos…y diez. Decidí hacer el juego más interesante, ya que íbamos a jugar al gato y al ratón mejor añadirle emoción. El exhibicionismo era uno de mis placeres favoritos así que me desnudé, deje la ropa a un lado y me puse a caminar por esos pequeños pasillos.

   Inspeccionaba cada rincón, cada cabina, la gente no se sorprendía de verme así, más bien les aumentaba el morbo; alguno incluso pasaba su mano rozándome sutilmente afortunadamente para ellos esta noche mi presa era otra. Acechaba con todos mis sentidos: ahora perseguía su olor, un rastro dulce en medio de un ambiente cargado por el olor a jugos sexuales y sudor caliente. Mi olfato me guió a una pequeña cabina, en una de las paredes había un agujero perfectamente tallado a la altura de la cintura. Introduje mi pene lentamente dentro y escuché una voz que provenía del otro lado: -Me has pillado-

  Unas suaves manos empezaron a acariciarme el miembro lenta y suavemente como lo habían hecho antes. Mi pene no había disminuido en ningún momento por lo que seguía bien erecto. Noté recorrer por el tronco una saliva bien húmeda y caliente a medida que el otro se introducía mi pene en su curtida boca. Sin poder hacer más apoyé ambas manos contra la pared y me pegué bien a esta. El chico hacia un trabajo impresionante con la lengua recorriendo el glande con movimientos circulares, pasando por la punta, el tronco…como un niño con una piruleta, se la metía entera y después la volvía a escupir dejándola bien húmeda. Era muy divertido hacer esto pero yo necesitaba sentir la carne, olerla, saborearla, catarla bien con mis sentidos…

   En una pequeña pausa saqué mi miembro del agujero y me dirigí a la cabina de al lado con paso rápido. Cuál fue mi sorpresa cuando, al abrir la puerta, me lo encontré totalmente desnudo, contra la pared y masturbándose lentamente con una sonrisa de gamberro en la cara. Me quedé un rato contemplando ese bello cuerpo, una figura perfectamente esculpida, propia de un adonis o un atleta griego. Su pene era aún más bonito que él, de tamaño perfecto, más largo que ancho, circuncidado y con la piel igual de lisa que la de su cuerpo. Cerré la puerta tras de mí y me acerqué a él con actitud amenazante, lo agarré de la cintura y me lo acerqué a mi hasta que ambos cuerpos se tocaron. Nuestras pollas se rozaron, entrechocaban como dos espadas luchando y resbalaban la una de la otra por la acumulación de sudor y saliva. Con su cabeza apoyada sobre mi pecho pude oler su pelo, una fragancia de champú dulce hizo que mis percepciones se atontasen. Pasé mis manos por su espalda recogiendo con ellas el sudor que impregnaba su piel. Poco a poco bajé hasta sus nalgas, dos perfectas cachas que sobresalían perfectamente, mi dedo se introdujo por inercia entre las dos nalgas palpando bien su culo, ese pozo del deseo.

   Tras unos instantes, finalmente el chico dio el paso, acercó su cara a la mía y empezó a besarme con ganas; yo obviamente le respondí pasando mi lengua por sus labios y jugando con la suya en su boca. Lo que para mí iba a ser un simple polvo se estaba convirtiendo en algo muy apasionado gracias a ese chico. Tras unos minutos de besos y tocamientos el chico se agachó para chupármela, esta vez cara a cara. Ahora sin la barrera lo hacía aún mejor, era un autentico mamadon el que me estaba haciendo, algo fuera de este mundo, como si no se reprimiera, como si simplemente fuera él, seguía su naturaleza, era como yo.

   Dejé que se divirtiera con mi polla en su boca durante un largo rato mientras él se iba dando placer con la otra mano. Le agarré de la barbilla suavemente y lo hice que me mirara: -Me encanta que seas tan cerdo-

   Le escupí en la cara, la saliva le llegó a una mejilla a lo que él respondió sacando la lengua y limpiándose con ella. Se levantó: -Tengo una buena inspiración- Decía a la vez que pasaba sus finas manos por mi abdomen: -Quiero que me la metas bien fuerte, como tú sabes- Desconozco por que dijo eso pero ni lo pensé, mis instintos animales estaban a flor de piel y mi mente había puesto el piloto automático.

   El chico se puso de espaldas y se apoyó contra la pared mostrándome ese perfecto y redondeado culo. Me agaché poniendo mi cara contra sus nalgas y las abrí bien para destapar su orificio. Estaba ya bien húmedo y algo dilatado pero estaba claro que por ahí no iba a entrar una polla, para ser tan guarro el chico tenía un culo de lo mas virgen. Escupí varias veces dentro de su culo para, acto seguido, meter mis dedos poco a poco, de esta forma conseguía dilatar bien el culo, una técnica infalible.

   Tras un tiempo haciéndole eso el chico casi me suplicaba que se la metiera, me salivé bien la polla untando mi mano y me acerqué a él bien empalmado. Ajusté mi pene para que entrara recto mientras el otro mantenía la postura con el culo bien abierto. Poco a poco la hice entrar, él se retorció pero fue aguantando a base de lloriquear un poco. Al momento estuvo toda entera dentro. Pasé un brazo por su cuello, apoye mi barbilla en su hombro y con el otro brazo le apreté el abdomen, de esta forma lo tenía aferrado y evitaba que escapara: -Ah, joder ha cabido entera-

   Empecé a embestirlo sin sacarla del todo, solo moviéndola adelante y atrás, primero más lentamente y después más rápido, con un movimiento de vaivén increíblemente placentero. Mis gemidos y sus llantos debían escucharse desde afuera.

   Poco a poco fui pasando a una marcha mas fuerte metiéndola con tanta fuerza que tenía que sujetar al chico para que no se diera contra la pared: -Oh…oh…oh…- Mis embestidas eran brutales y aún así el chaval lo aguantaba con gemidos frecuentes y masturbándose rápidamente: -Oh joder, fóllame, fóllame…- Susurraba a mi oído de lo pegados que estábamos. El sudor de los esfuerzos nos pegaba la piel el uno al otro y hacia que ese polvo se convirtiera en todo un ejercicio de fuerza y resistencia.

   -Ahh…no…puedo…- Tras unos largos minutos de meter y sacar, su polla se había rendido y de ella salió un buen rayo de semen que impactó directamente contra la pared, varios lefazos más débiles después dejaron al chico sin fuerzas para masturbase más. Yo, por otro lado, seguía sin parar, no iba a escaparse por haberse corrido ya. Seguí dándole con fuerza, metiendo mi polla bien al fondo, notando su húmedo y caliente agujero dándome placer; no iba a parar, no iba a…

   Hasta él pudo notar los trallazos de semen dentro de su esfínter, mi corrida fue bien abundante. Ese chico había conseguido ponerme como nadie, me había manejado y usado como él había querido y por fin tenía mi recompensa, una buena corrida dentro de él. Saqué mi rabo lentamente viendo como un chorro de semen salía de su antes impoluto culo y este recorría su raja hasta su perineo y hasta caer al suelo.

   –Oh ha sido increíble- Dije apartándome de él, aún me temblaban las piernas por la corrida y el esfuerzo. El chico se giró y pude ver su cara de satisfacción: -Me alegro, porque ahora eres mío- Su sonrisa aumentó de una forma casi perversa hasta que se acercó a mí y lo tuve encima: -Ahora ya no escaparás-