Empalme subterráneo

Eran las 8:30 y como cada mañana Sergio apaga el despertador y se dispone a salir para la oficina. En su rutina diaria sale de la cama, aún dormido, con su camiseta de tirantes y su calzoncillo amplio, que a pesar de todo deja notar su empalme despertino. Sergio tiene 24 años y un cuerpo atlético, le gustan los deportes, sale a correr y juega al fútbol, hecho que demuestran sus fuertes piernas, pecho y brazos marcados y vientre fibrado. Sus gustos deportivos le hacen tener unos buenos glúteos, cosa que en Barcelona a mas de uno le ha hecho girarse por la calle cuando lleva esos pantalones ajustados que adivinan un buen culo y un mejor paquete, además es un chico bastante guapo, rubito, de ojos claros y de cara aniñada.

Sergio vive en Barcelona hace cuatro meses pero llegó de un pueblo de Salamanca con la esperanza de encontrar un trabajo y poder establecerse en la ciudad. Hace un par de meses que trabaja en una agencia de viajes, aun no tiene muchos amigos, apenas sus compañeros de trabajo y en la ciudad todo le resulta muy novedoso. Trabaja en una pequeña empresa en el barrio de L´Eixample y comenta con sus compañeros la cantidad de parejas homosexuales que se ven por las calles y que hacen su vida en total libertad, cosa inimaginable en su pueblo natal.

Esa calurosa mañana de junio Sergio sale de casa a las 9:30 y se dirige al metro. Tiene las horas cogidas y siempre pilla el mismo metro y se sienta en el mismo vagón. A esas horas el transporte público suele ir bastante concurrido pero hoy especialmente. Como puede Sergio se cuela en el vagón haciéndose hueco entre la multitud, aún le quedan unas cuantas paradas hasta llegar a su destino. Entre el subir y bajar de la gente el muchacho busca un sitio, el metro va muy rápido, hace demasiado calor, hay mucha gente y Sergio apenas puede moverse.

Durante el trayecto, en una curva cerrada antes de llegar a la próxima estación, el conductor pega un frenazo brusco que sacude de repente a todos los viajeros. El muchacho nota como alguien le ha tocado el culo, se siente extrañado, ha podido ser una casualidad, nunca antes le había pasado pero ha notado claramente como una mano le ha agarrado sus fuertes glúteos. Se gira para ver quien ha podido ser pero detrás de él hay varias personas. Decide no darle mayor importancia pero un par de minutos mas tarde vuelve a sentir la misma sensación, además esta vez alguien se ha pegado a su espalda, hay otra persona justo detrás de él, tan cerca que puede sentir su miembro duro pegado a su trasero.

El joven se queda en blanco, no sabe como actuar. Esperando que aquella incómoda situación cambiase en la siguiente parada decide esperar unos segundos pero lo único que ocurre es que bajan y suben mas personas y él sigue notando aquel miembro duro rozándole en cada vaivén del trayecto. El atrevido viajero tiene a Sergio agarrado por las caderas, apretándole contra sí mismo, hecho que ha empezado a excitar al chico que nota como también su pene empieza a crecer dentro de su pantalón. Pasados cuatro largos minutos y dos paradas mas adelante el vagón empieza a vaciarse y Sergio puede distanciarse de la otra persona. Detrás un chico algo mayor que él, de entre treinta y muchos y cuarenta y pocos años, alto, fornido, moreno, con barba y mirada penetrante le mira fijamente a los ojos.

Sergio inmediatamente reconoce al apuesto madurito que hace un momento le sobaba el culo, habían coincidido varios días en parte del trayecto al trabajo, incluso puede que hubiesen intercambiado alguna mirada que para Sergio no iban tan lejos como lo que acababa de suceder y por lo tanto no sabía muy bien si tenía que decir algo o simplemente marcharse de allí en cuanto pudiera.

Espero un eterno par de minutos mas para llegar a su destino y aún casi sin saber reaccionar se bajó girándose para ver como el metro se alejaba con su inesperado amigo dentro, el cuál no dejó de mirarle hasta que el último vagón desapareció por completo en aquel oscuro túnel. Aún seguía empalmado cuando salió a la calle y tuvo que taparse con las manos para disimular el gran bulto que marcaba su apretado pantalón. Todavía no entendía bien lo que acababa de pasar pero no podía evitar sentirse excitado, no podía llegar así al trabajo y menos cuando lo que en realidad le apetecía en ese momento era lo contrario de lo que tenía que hacer.

Justo en ese momento sonó un ruido inesperado, Sergio no sabía exactamente donde se encontraba, todo estaba oscuro, miró a su alrededor y vio que el reloj marcaba las 8:30. Desorientado comprendió que todo había sido un sueño, un sueño bastante real que aún casi podía sentir. Tocó su entrepierna y descubrió que estaba más empalmado que otras mañanas, tanto que pudo notar la punta de su pene ya húmeda. Con la respiración agitada trató de comprender que todo había sido solo una fantasía producto de su adolescente imaginación.

A pesar de aquel sueño tan real era hora de levantarse y seguir con la rutina. Se preparó y se dispuso a salir a la calle como todas las mañanas, se acercó a la boca de metro más cercana y bajó hasta el andén. Cuando llegó su tren y se abrieron las puertas Sergio no podía creer lo que veía. Entre todas aquellas personas que llenaban el vagón se encontraba él, aquel maduro interesante con el que hacía apenas una hora había fantaseado y le había provocado tal calentón. No pudo evitar mirarle descaradamente, como hasta entonces no había hecho ningún otro día, tanto que hasta Pablo, como se llamaba aquel chico de 39 años, se dio cuenta. Sergio se acercó como pudo entre la gente hasta él, no sin dejar una distancia cómoda entre ambos pero sin poder desconectar totalmente de aquella situación tan morbosa que había vivido entre sus sábanas.

Pablo, que había notado las intensas miradas del chico, y sin poder obviar que aquel jovencito estaba muy bien físicamente se acercó disimuladamente a él y aproximándose a su oído le dijo:

– ¡Vente conmigo!
– Perdón? Contestó Sergio desconcertado, ¿irme dónde?
– Déjame secuestrarte, respondió Pablo con una pícara sonrisa y mirada lasciva.
– Pero yo ahora voy a trabajar.

Sergio empezó a ponerse nervioso, no se le ocurrió una excusa mejor para declinar la proposición de su nuevo amigo, pero a aquel desconocido no le era motivo suficiente por lo que siguió insistiendo.

– Llama a tu jefe y di que estas enfermo. Lo pasaremos bien.. ¡déjate llevar!
– Vale.. contestó Sergio sin saber muy bien lo que estaba haciendo.

Ambos se quedaron juntos, mirándose en silencio en aquel vagón lleno de gente que no paraba de hablar y de hacer ruido, un ruido que Sergio parecía no escuchar. Llegaron a la siguiente estación y Pablo cogió al joven de la mano y lo bajó del metro. Salieron a la calle y Sergio sacó del bolsillo su teléfono móvil, se alejó un par de metros y llamó a la oficina para poner alguna excusa. Era un buen chico, responsable y trabajador, no dudaron de su palabra.

– Ya estoy disponible, ¿Qué te apetece que hagamos?
– ¿Te apetece tomar una cerveza? Conozco un sitio, sugirió Pablo.
– Está bien, vayamos..

Sergio no podía creer lo que estaba haciendo, debería estar en su oficina, haciendo las tareas diarias, rodeado de su gente y sin embargo había pasado de todo eso porque se lo había pedido un completo desconocido.

– Ya casi llegamos, mira este es el sitio.. dijo Pablo.
– ¿BOYBERRY? No lo conozco, contestó Sergio.
– Antes de entrar tengo que comentarte algo, este es un lugar especial, no es el típico bar, ni siquiera el típico bar de ambiente al que hayas podido ir alguna vez, pero te gustará y si no es así me lo dices y nos vamos ¿ok?
– Está bien.. Sergio cada vez tenía más curiosidad por lo que podía encontrar allí dentro.

Entraron al local y tras pasar la zona de la entrada se adentraron en una zona algo menos iluminada, el joven enseguida se dio cuenta del tipo de local donde estaban y se puso algo nervioso. Pablo le dijo que no pasaba nada, que estaban juntos y no harían nada que él no quisiera. Era un local amplio, limpio, bastante animado y donde se veía a muchos chicos disfrutar con lo que estaban haciendo. Tenía dos plantas y atravesando el local le quedó claro que mas de uno le hubiera comido con la mirada, tenía la sensación que allí dentro el morbo se multiplicaba por diez. Llegaron a una especie de sala con sofás donde pudieron pedir un par de cervezas y sentarse tranquilamente a charlar. Pronto empezaron a aparecer parejas de chicos que no dudaba en besarse y toquetearse delante de ellos, otros se encerraban en cabinas de las que se oían gemidos que hacían adivinar que aquel era un lugar de cruising.

Todo esto era nuevo para Sergio que nervioso no paraba de observar lo que pasaba a su alrededor, también notaba como otros chicos le miraban con deseo, cosa que no sabía muy bien si le incomodaba o le excitaba. Un par de cervezas mas tarde Pablo se acercó aún más a Sergio y empezó a acariciarle la entrepierna, éste sorprendido hizo el gesto de echarse para atrás pero Pablo insistió y empezó a acariciarle sus genitales sobre el pantalón. Sergio que sentado la marcaba buen paquete empezó a dejarse llevar y le agarró de la mano y la apretó contra su miembro. Empezaron a besarse mientras Pablo le intentaba desabrochar la bragueta.

A pesar que en los alrededores había otras parejas, incluso algún trío, medio desnudas, Pablo se dio cuenta que al muchacho le daba corte desnudarse en público y le dijo que si lo prefería podían meterse en una cabina, a lo que el chico accedió. Se metieron en una cabina privada donde se quitaron las camisetas, dejando al aire unos pectorales fuertes que enseguida Pablo se aproximó a lamer alrededor de los pezones. La excitación fue en aumento, no había mucha luz y Sergio empezó a relajarse y a disfrutar de la situación. De fondo los gemidos de otros chicos acompañaban los suspiros del chico que se dejaba hacer. Confuso quiso tocar el paquete del inesperado amante, que hacía unas horas había aparecido en sus sueños y tanto placer le había dado. Bajó sus manos y lo tocó sobre la ropa, el bulto que allí notó tenía buen tamaño y empezaba a latir con fuerza mientras Sergio lo acariciaba de arriba abajo. Pablo que se había dado cuenta del interés del chico se desabrochó el cinturón y le metió su mano dentro del calzoncillo. El muchacho empezó a sobarle los huevos y el pene con más fuerza lo que despertó aun más la excitación de ambos.

– Se me ha ocurrido una idea, dijo Pablo en voz baja.
– ¿Qué piensas ahora?
– Dame un momento y lo verás..

Pablo salió de la oscura cabina dejándole solo, se metió en la cabina de al lado y dijo en voz suficientemente alta para que Sergio le escuchara que metiera su pene por el agujero de la pared. El chico super excitado no se lo pensó dos veces, se sacó el miembro y lo metió por aquel agujero. Pablo al otro lado asombrado por la enorme polla, aún morcillona, que tenía frente a él se relamía de gusto ante lo que se iba a comer. La agarró con una mano y la sacó todo lo que pudo empezando a lamer todo el tronco, primero lentamente y poco a poco más rápido, desde la base hasta el capullo. Según se la iba comiendo aquello iba creciendo más y más hasta llegar a un tamaño descomunal.

Sergio estaba muy bien dotado y mientras aquello iba aumentando de grosor, Pablo, desnudo, se masturbaba al otro lado de la pared. En la otra cabina, Sergio entregado totalmente a la comida que le estaban haciendo, super excitado se dejaba llevar, nunca nadie le había comido el pene con tantas ganas, el morbo de no ver quien le hacía esa felación le producía un placer desconocido hasta entonces. De repente notó que alguien abría la puerta de su cabina y entraba cerrándola tras de si. Sergio estaba bastante entregado, la cabina no tenía mucha luz y además no tenía una postura fácil para girarse a ver quien se encontraba ahora detrás de él. Esa persona se adentró en la oscuridad y acercó sus labios al cuello de Sergio susurrándole al oído:

– Vaya culazo.. ¡Te deseo chaval!

No dijo nada mas, pero esas palabras fueron suficientes para que un escalofrío recorriese todo el cuerpo de Sergio que seguía pegado a la pared con las piernas abiertas y disfrutando de la mamada de su vida. La voz de aquella persona era muy sexy y varonil pero era lo único que sabía de él hasta ahora. El inesperado participante empezó besándole el cuello y los hombros para poco a poco bajar por su espalda hasta llegar a su calzoncillo. Le bajó el pantalón y el slip hasta los tobillos de un solo tirón a lo que Sergio respondió con un gemido de placer. Acercó su cara al culo del chico y abriéndolo con ambas manos empezó a saborearlo con su lengua y a comérselo, despacito al principio y después mas rápido hasta dejarlo completamente húmedo. Sergio creía que no podía disfrutar más de aquella increíble situación, un madurito buenorro le estaba comiendo la polla a la vez que un completo desconocido le estaba dando tanto placer por detrás. No podía haber nada mejor..

De pronto aquella figura en la oscuridad se puso en pie, se escuchó el ruido de como aquel chico se ponía un preservativo y agarró al muchacho con sus fuertes brazos mulatos por debajo de sus axilas y apoyándolos sobre sus hombros, era la primera vez que Sergio podía ver algo de la anatomía de su invitado especial. Descubrió que era un chico de color, nunca había tenido nada con un chico de color, pero la idea le apetecía mucho. Enseguida empezó a sentir el roce del enorme pene negro que gastaba el muchacho buscando hueco entre sus glúteos de deportista. Al principio empezó a sentir como le metía y le sacaba la puntita suavemente y como se deslizaba por su culo con la saliva que le había dejado antes, para poco a poco empezar a penetrarle mas rápido y mas fuerte. Sergio, que ya empezaba a gemir sin control, estaba completamente excitado por el morbo de la situación.

Al otro lado de la pared, Pablo no sabía nada de lo que ocurría pero estaba disfrutando mucho de aquel enorme pene que entraba y salía tan jugoso de su boca y que estaba a punto de regalarle todo su semen. Las tremendas embestidas del mulato desconocido contra Sergio hacían que su cuerpo chocase contra la pared y este a su vez clavase su miembro hasta la garganta de Pablo que gozaba sin parar. Sergio y su compañero de cabina, que podían sentir sus cuerpos pegados totalmente por el sudor, empezaron a follar a un ritmo descontrolado, sus respiraciones agitadas aumentaron el ritmo, faltaba poco para el éxtasis final.

Los misteriosos brazos agarraron aún con más fuerza al joven y le ayudaron a dar el último empujón que llegó hasta lo más dentro del muchacho a la vez que éste pudo sentir como un chorro de semen caliente llenaba el condón hasta casi hacerlo explotar. Fue tal el nivel de excitación que Sergio no pudo mas y de su enorme capullo comenzó a salir semen contra la cara y la boca de su amigo que no paraba de chuparla.

Unos segundos después el misterioso mulato salió de la cabina y Pablo sacó el pene de su boca dejando libre a Sergio, que desnudo y con los pantalones por los talones se apoyó en la pared todavía jadeante, sudoroso y con la mirada perdida pensando en la que, hasta ahora, había sido la mejor experiencia sexual de toda su vida.