Esto es solo el comienzo

Como todas las mañanas me dirigía al trabajo. La rutina era siempre la misma. Siempre cogía la misma línea del metro, la línea roja, en la misma parada, y me solía subir en el mismo vagón, a la misma hora. Así todos los días de la semana.

Era la monotonía diaria. El tren como siempre a esa hora iba hasta los topes, con todo el mundo apretujado. En esto que note que la persona que estaba detrás de mí se me estaba pegando demasiado. Me di la vuelta para ver quién era.

Era un tío de unos treinta y tantos años. Fuerte, en plan chulo, con chándal. Llevaba una camiseta ajustada a través de la cual se definían unos pectorales marcados. Su mirada se clavó en mí, y me dio un poco de miedo. Me intimidaba. En la siguiente estación, que era la mía, me baje sin volver la vista atrás.

Al siguiente día, viajaba como de costumbre en la misma línea. Misma hora y mismo agobio de gente. En el andén pude ver al chaval del día anterior. Tan solo le miré de reojo, pero sin darle más importancia. Cuando subí al vagón me di cuenta de que inmediatamente detrás iba él y que se volvía a colocar justo detrás de mí, una vez más. Aquello no podía ser casualidad. Y no lo era. Con las apreturas pude notar claramente a través del pantalón su polla contra mi culo. Se le había puesto durísima y por lo que pude sentir tenía un buen tamaño. Yo me quede de piedra sin saber cómo reaccionar. No me moví y entonces noté como el extraño inicio un movimiento frotándose contra mí. Nadie de alrededor con las apreturas se estaba dando cuenta. Ante aquello me puse colorado totalmente, pero sin atreverme a decir palabra. Me hice el despistado, como si no pasará nada y no me estuviera dando cuenta. En cuanto llego mi estación me baje corriendo. Eché la vista atrás pero el extraño no me seguía. No se había bajado.

Estuve todo el día dándole vueltas a la cabeza. No se me podía olvidar la cara de ese tío. ¿Que sería lo que pretendía? a lo mejor tan solo era un depravado que disfrutaba restregando su polla contra los culos de la gente en el metro y la había tomado conmigo, hasta que surgiera su próxima presa. ¿Y si era un maniaco? ¿y si quería follarme? No podía olvidar la sensación de notar su miembro restregándose por mi culo. Era un sentimiento de impotencia, de querer hacer algo y no saber qué.

Al día siguiente, me dirigí al metro con la idea de acabar con esto de una vez por todas y pedirle explicaciones. Eso sí con mucha delicadeza, no era mi intención hacerle enfadar, temiendo las consecuencias.

Me subí en el metro y para mi sorpresa no estaba allí. Respiré aliviado. Pensé que ya se habría olvidado de mí, y se habría ido a darle la lata a otro. Pero no pasó ni un minuto, y volví de nuevo a sentir su duro miembro otra vez detrás de mí. Traté de girarme para hablar con él, pero me agarro de la cintura y me lo impidió. Yo creo que eso le excito aún más, porque pude notar su polla durísima. Se aprovechó bien de mí y de mi culo. Restregándose todo lo que quiso, sin que yo me atreviera a hacer nada. Él por el contrario pareció disfrutar bien del viaje. Pero por fin me atreví, me armé de valor, y girando levemente de la cabeza, me atreví a hablarle en voz baja.

—Pero, ¿qué es lo que quieres de mí?

—¿Que qué quiero de ti?, nada, tan solo hacernos un poco más agradable el viaje.

—Pues para, no me gusta —le dije, mientras seguía restregándose por mi culo.

—Mientes…

—No, no miento, no me gusta.

Otros al primer día se han apartado y no los he vuelto a ver. Pero tú no lo has hecho. Has aguantado hasta tu estación. Y has vuelto a repetir al día siguiente. Te gusta, aunque no lo admitas. Puedo sentir como en el fondo esto te pone cachondo…

—Lo he hecho porque me das miedo….

—¿Miedo? Si vieras mi polla eso sí que te daría miedo.

En ese momento llegó mi parada. Yo traté de bajarme, pero él me agarro de la cintura y me atrajo hacia sí.

—Mañana te espero a la misma hora, en este mismo vagón. No faltes.

—Ni lo sueñes —le dije firmemente.

Pero llegó el día siguiente y, no sé porqué, fui a la misma parada de metro de siempre, a la misma hora de siempre, y acabé subiendo en el mismo vagón de siempre.

Y allí estaba él. Enseguida nos encontramos con la vista. Me miró y no pudo evitar una ligera sonrisa. Me abrí paso entre la gente y me dirigí hacia él. Una vez frente suyo, me di la vuelta, y estampé mi culo contra su polla.

—Hala, ya puedes empezar —le dije.

Esa vez sí que lo disfrute. Notaba su dura polla contra mi culo. Me imaginé lo grande y gorda que tenía que ser y me excite. En esta ocasión no fue él el único que restregaba su miembro contra mi trasero. Yo tampoco me quedé quieto y también moví mi culo, apretándolo contra su polla y él pareció excitarse de lo lindo, hasta que por fin llegó mi estación. Me dispuse a bajarme, pero él me agarró.

—Oye, ¿a qué hora vuelves?

Yo me quedé pensativo sin saber si responderle o no.

—Vuelvo sobre las cinco, en este mismo tren.

—De acuerdo….

Llegaron las cinco de la tarde y allí estaba de nuevo él. Me puse a su lado. Cuando llegó el tren me señalo para que fuéramos al vagón del final que estaba vacío. Nos subimos en él. Me cogió inmediatamente y volvió a repetir lo que ya habíamos hecho otras veces. Pero esta vez agarró mi culo con fuerza, acariciándolo y sobándolo.

—Tienes un culo de vicio… ¿lo sabias?

—¿Te gusta?

—Me vuelve loco…

En esto, dirigí mi mano hacía su entrepierna y agarré su polla por encima del pantalón.

—Joder, que polla tienes…

—¿Te gustaría probarla?

—Es que, no sé… me da miedo…

—No te preocupes. Yo sí. Te puedo enseñar y lo pasaremos bien, no te hagas el estrecho ahora…

—Ok…

—Entonces, ¿por qué no te vienes a un sitio que conozco y pasamos un buen rato? ¿qué te parece?

—No sé qué decirte…

—Vamos, si lo estás deseando. Noto lo caliente y cachondo que estas. Esta es la parada, sígueme.

No respondí. Tan solo me deje llevar, pero era cierto que estaba cachondo y caliente. Andamos rápido y casi sin pronunciar palabra por el camino. Teníamos prisa por llegar. Desde la esquina tuve claro hacia dónde me llevaba. El cartel de la entrada ponía “Boyberry”. Parecía una tienda más…

Al entrar me di cuenta de que este era un sitio diferente, era un sex-shop, pero él le pagó algo al chico del mostrador y me llevó de la mano a través de unas cortinas…

Y ahí ya no nos pudimos aguantar más. Nos besamos apasionadamente.

Era la primera vez que le besaba. Fue un beso muy apasionado que a mí me hizo estremecerme. Él agarraba fuertemente mi culo, y su lengua dejaba un rastro por todos mis labios. Todo él olía a macho en celo.

—Uhmm…. Qué bien comes la boca. Espero que chupes igual de bien las pollas.

—Gracias, en esto tengo experiencia. Lo otro me vas a tener que enseñar tú.

—No te preocupes, eso se aprende solo y tenemos toda la tarde para que aprendas.

Caminamos brevemente por un pasillo lleno de gente que nos estaba mirando, entramos rápidamente a una cabina, donde de un brusco tirón me bajó los pantalones por las rodillas y me subió la camiseta. Se puso detrás de mí, y me acarició el culo. Lo agarraba como si fuese suyo. Lo era.

Lo siguiente fue que su lengua se hundió dentro de mi culo. Su húmeda lengua jugó con mi ano todo lo que quiso. Nunca me habían hecho algo así.

—¿Te gusta?

—joder, si….

Entonces me dio la vuelta, y cogió mi dura polla que estaba a punto de reventar.

—Y ahora te voy a enseñar cómo se chupa una polla bien chupada….

Y me la chupó como nunca antes me lo habían hecho. Agarrándola con la presión justa. Jugando con su lengua en mi glande, tragándosela prácticamente entera, teniéndola un buen rato en la boca, para luego sacarla lentamente, dejándola llena de babas y de flujo; todo ello mientras cogía fuerte los testículos. Así durante un buen rato.

De repente su puso de pie.

—Bien, vamos a ver si has aprendido la lección. Ahora te toca a ti.

Y de un empujón me puso de rodillas frente a su rabo y a un par de trampillas en la pared, desde donde podía ver gente moviéndose y mirando.

Por fin pude ver su polla, dura a rabiar. Grande, gorda, venosa y babosa, con unos testículos grandes …  Yo estaba maravillado con aquel miembro. Tenía los ojos abiertos como platos.

—Bien, pues veamos si has aprendido algo. Venga, chúpamela!

Cogí aquel miembro por los huevos, y me lo llevé a la boca. Olía fuerte y su sabor también lo era, pero no me disgustó. Trataba de hacer lo que él me había hecho lo mejor que podía, pero hasta yo mismo notaba que no me terminaba de salir bien. Me la metía hasta el fondo de la garganta, pero me ahogaba y se me saltaban las lágrimas.

—Creo que tengo mucho trabajo contigo. Vas a tener que chuparla mucho, hasta que aprendas a hacerlo bien.

Sin decir más, alejo mi boca de su polla cogiéndome por los pelos, y arrimo mi cara a una de esas trampillas en la pared, desde donde asomaba un rabo largo y dispuesto.

—Practica con esto, quiero ver cómo le comes bien.

Mientras se colocó de rodillas detrás de mí, separando mis piernas bruscamente con las manos, y con los dedos empezó a trabajar mi culo húmedo y no tardé mucho en notar como ese dedo iba penetrando en mi culo. Se notaba que era todo un experto, porque entró sin dificultad. Primero un dedo, luego fueron dos, y finalmente tres. Yo ya me imaginaba lo que vendría después.

Noté como la punta de su polla se colocaba en mi ano.

—Oye, no me harás daño, ¿verdad?- dije, sacando de mi boca momentáneamente el rabo que estaba a punto de reventar en mi cara…

—Cállate, si te relajas todo irá bien.

—De acuerdo… —dije yo, tratando de concentrarme en la polla que tenía delante mío, que chorreaba saliva, mientras iba notando como su polla entraba dentro de mí, y ojos espías me miraban a través de las otras trampillas…

—Ya está casi toda… aguanta un poco más que lo más difícil está hecho.

Un fuerte empujón más.

—Ya está. Me encanta abrir estos culitos vírgenes.

Comenzó a entrar y sacar lentamente.

Notaba su dura polla dentro de mí, y el dolor poco a poco iba desapareciendo, hasta que mi culo acabó acostumbrándose. El morbo del momento me pudo.

Cada vez sus embestidas eran mayores.

Yo estaba empapado y a él las gotas de sudor le recorrían el rostro. Entonces dejó de follarme, se detuvo con la polla metida dentro de mi culo. Cogió mi polla, la masturbó y enseguida salió disparado un montón de semen, que le puso la mano totalmente pringada de mi leche. Después me la acercó a la boca.

—Toma cerdo, limpia mi mano.

Le obedecí sin rechistar. Metió sus dedos en mi boca mientras masturbaba el rabo de la trampilla.

—Muy bien… así… esto es solo el comienzo.

Seguidamente, me dio un par de embestidas más y noté cómo se corría. Por el tiempo y los espasmos que daba soltó una buena cantidad. Luego los dos quedamos rendidos tumbados en la cama. Nos besamos y nuestras lenguas jugaron juntas, mientras notaba como su semen iba saliendo de mi culo.

Sin más, se salió de mí, se subió los pantalones y se fue, dejándome de rodillas, medio desnudo, con una polla en la mano y cientos de ojos encima.

No lo volví a ver, pero tenía razón, eso fue solo el comienzo, volví allí muchas veces, sigo yendo, y no me arrepiento de nada.