Gracias querido casero

Llevo viviendo ya 3 años en un piso en la Gran Vía, cerca del Primark, mi nuevo puesto de trabajo desde hace un par de semanas (lo que me ahorro en transporte me lo gasto en alquiler). Mi casero es un hombre de 39 años, casado y con dos hijos, es el típico “madurito” que tanto morbo da. Es una persona muy abierta y siempre está bromeando sobre cosas sexuales y fantasías de fontaneros cachondos cuando viene al piso a arreglar cosas que “extrañamente” se rompen. Pero está última vez que vino estaba enormemente atractivo, no sé si era que yo llevaba una temporada sin un esporádico o era esa camiseta de asillas, con sus pitillos apretados y marcándose todo dejando poco espacio a la imaginación, yo lo veía ahí agachado, con el culito en pompa debajo del fregadero, sudando y sólo pensaba en una cosa “COMO TENÍA QUE SER SU POLLA”.

Estaba en mi máximo apogeo, sentía como se me iba poniendo dura y me empezaba a entrar ese calor que te da justo antes de que el hombre perfecto te cogiera y te pusiera contra la pared. No, no pasó nada yo me quede con mi calentón y él con su familia felizmente, pero necesitaba descargar, asique cogí a manolo mi “amigo” violeta de 17cm y me fui a la habitación (esta para que quede claro consta de una cama que está al lado de una ventana que da al patio común y dos estanterías), me eché en la cama y empecé a imaginar cómo ese adonis de la vida me cogía en peso y me decía: “te voy a hacer todo aquello que mi mujer no me deja”, mi mano derecha estaba agarrándome la polla, mientras que la izquierda tenía a manolo haciéndome sentir como mi casero me reventaba… en plena faena abrí los ojos para coger el lubricante y poder seguir hasta el final, cuando vi en la ventana del frente a mi vecino mirando asombrado, “¡TRAGAME TIERRA!”

Desaparecí en un abrir y cerrar de ojos, en el baño encerrado y en estado de shock, solo podía repetirme: ¡¿por qué coño le habré recomendado a mi jefe de sección ese piso?! Sí, ese señor que me miraba desde su ventana es el que voy a tener que ver en el trabajo todos los días, o al menos hasta que mañana me eche. A las 2:00am me decidí a salir del baño y fui al cuarto cerré las cortinas, me mentalicé de que nada podía ir a peor y que si me echan, que me echen y me acosté a dormir.

 9.30 am, yo delante de la puerta esperando a entrar, mi estómago del tamaño de una semilla de calabaza, le eché un par de huevos y entré, no lo vi por ningún lado, así que salí a tienda y me puse a colocar, cuando vi ese tono de rubio cenizo entre las camisetas y pantalones de Batman vs Superman viniendo en mi dirección, tire las camisas al suelo y me agaché para disimular y no me viera, pero no, él sabía que estaba ahí y fue directo, “Saúl ven al almacén un momento” me dijo con una voz seria sin ningún tipo de matiz, mientras se iba yo sólo quería que alguien sacara una pistola y me disparase el cargador entero… Llegue al almacén y lo vi quieto en frente del surtidor del agua poniéndose un vaso, al darse cuenta de mi presencia soltó una pequeña carcajada seguido de un: ¿Te lo estabas pasando bien ayer no?; no podía ser, me moría de la vergüenza, lo vio todo, adiós Primark, hola oficina de desempleo… se giró y me dijo mirándome con una cara de pillo que nunca le había visto: La próxima vez si necesitas ayuda avísame…; y se fue dejándome una notita que ponía: “nos vemos en Boyberry esta tarde a las ocho, no me falles”, tenía sentimientos encontrados, por una parte el morbo de acostarme con mi jefe y a la vez miedo de no saber que podía pasar realmente.

  Eran las 19.20 y estaba en mi casa preparándome pensando: ¡Dios! ¿Qué hago? Vivo a 10 minutos del sitio, he de reconocer que he ido en muchas ocasiones a BoyBerry  en busca de buenos ratos, pero esto era diferente…

   Allí me encontraba en una cabina con mi jefe delante, empezó a caminar hasta a mí y me rodeo poniéndose por detrás, sus manos se metieron por mi cintura dirección mi botón del pantalón, mientras me decía que tenía ganas de este momento desde hace mucho tiempo, que me había visto en más ocasiones por la ventana, él seguía hablando y mi piel se erizaba, sus manos desabrocharon mi pantalón y este cayo, su mano se introdujo en mi calzoncillo y empezó a pajearme, de mi boca solo salía dos onomatopeyas: ¡ufff! y  ¡umm!, su lengua recorría mi cuello hasta la oreja, me di la vuelta y me arranco la camisa, me agarro contra él y me dio el beso más morboso que nadie me había dado, lo agarre por él culo y acto seguido le quite la camisa y ¡lo que escondía esa camisa!, un cuerpo esculpido por los dioses, tiembla Zac Efron, me puso de rodillas y mientras le bajaba el pantalón, mis ansias por chupársela no daban abasto, se la agarré con seguridad y empecé a chuparle los huevos mientras lo masturbaba, con la lengua fui subiendo por tu tronco, hasta llegar la puntita y  jugar con mi lengua en ella, me la fui metiendo en la boca mirándolo a cara y viendo como estaba gozándolo, me levanto y me puso contra la pared sus manos recorrieron desde mis hombros hasta mi culo, cada mano en una nalga abriéndolas mientras se agachaba y pasaba su lengua por  el ano, su mano derecha soltó mi nalga y sentí como algo se estaba introduciendo, y háganme caso sabía lo que estaba haciendo, se levantó y mientras me besaba la nuca sentí ya como su polla estaba empujando para entrar, cada vez más adentro, me encantaba como lo estaba haciendo despacio y con delicadeza, pero eso duró poco, una de sus manos bajo a mi cadera y la otra me rodeo por el cuello, empezó a darme más fuerte, más rápido y me estaba gustando muchísimo… no podía aguantar y empecé a gemir con fuerza, paró y me dio la vuelta, me dijo: ”ahora viene lo bueno…” me cogió en peso, cada mano me agarraba una pierna y me apoyo contra la pared, la colocó en su sitio y empujó sin ningún tipo de compasión, estaba flipando, nadie me había hecho gozar así, después de un rato me dijo entre gemidos: me corro, me corro… y tenía que devolver todo lo bueno que me estaba dando, lo tumbé en el suelo, le quite el condón y empecé a chupársela y pajearle a la vez, bajando y subiendo en espiral, y llegó. Nunca nadie me había echado tanta leche en la boca hasta ese momento, no paraba de gemir y de soltar fluido dentro de mi boca, y acto seguido me dijo: pff a ver con qué cara te miro mañana.