Hoy estoy empalmado

Me llamo Miguel Ángel, tengo 29 años y nunca me he comido una polla.

A pesar de que me gustan y de no haberlas probado nunca, cada vez que veo alguna la boca se me hace agua. Solamente tengo que ver esa forma tan perfecta de un rabo caliente, morcillon y con venas tan apetecibles para saber que quiero tragármelo. Desde muy pequeño he sabido que me gustaban los chicos, sus culitos y sus paquetes notándose al caminar, pero lo que yo controlo de verdad y domino es la manera de dar rabo en grandes cantidades, por la boca, por el culo o por donde sea. Me encanta.

Estaba sentado en el bar de BoyBerry tomando una cerveza cuando noté que un tío de unos treinta años me miraba de reojo reiteradamente. Yo me había fijado en él un rato antes por sus tatuajes y el piercing en la oreja. Un brazo tatuado y una buena barba.
El chico pasó por delante de mí de forma que rozó su culo con mi paquete y pude ver hacia dónde se dirigía, caminando moviendo su culazo prieto con esos vaqueros que aún hacían que se le marcara más. Jamás antes había visto un culo tan follable y mi polla estaba deseando de atravesarle.

Observé que se dirigía hacia el servicio y yo me acerqué para darle rabo allí mismo. Su culo era exactamente como aparentaba bajo aquellos vaqueros. Duro, prieto, muy grande, y lo que más me gustó de todo; tragón e insaciable. Me pidió que no tuviera miedo a forzarle a la hora de tragarse mi rabo, y sorprendentemente, llegaba a meterse todo hasta el final, de forma que solo mis huevos quedaban al descubierto. Yo, tan cachondo, no pude evitarlo y no lo pensé ni un segundo más y me puse a masajearle el ojete con uno de mis dedos mojado en saliva y noté que entraba a la perfección.
Se la metí.
Se la metí fuerte y sin pararme en ello. No sé como pude hacerlo de aquel modo, porque estaba tan abierto que entró sin muchos problemas y al mismo tiempo era el culo más apretadito y placentero que me había gustado tener. El encuentro fue rápido pero intenso. Después de hacerme la mejor mamada de mi vida, sacándola y metiéndola de su boca enterita, le follé hasta que el tío se corrió sin apenas tocarse e inmediatamente me subí los pantalones y regresé para terminarme la cerveza.

Cuando salí a fumar, recordé cuando me hablaron de BoyBerry hace un par de años y a día de hoy suelo ser cliente habitual del lugar. Yo sabía qué clase de sitio era, situado en una de las calles más céntricas de Madrid haciendo conexión directa con la Gran Vía, sabía que era mi sitio incluso mucho antes de visitarlo.
Un local con bar, sex shop, acceso a internet, cabinas, glory hole, sofás, una bóveda llena de imaginación y fantasía, tíos, pollas, más tíos, culitos.. ¿Acaso no es el sitio perfecto? Desde el inicio de la calle Valverde, a unos 100 metros se puede apreciar a mano izquierda una gran cantidad de chicos de distintas edades.

Lo del chico del culazo del baño solo fueron los preliminares de algo casual a mi alcance y el principio de lo que fue una de mis mayores fantasías sexuales realizadas. Esa noche fui a reventar mi polla con varios culos a la vez hasta no poder más.

Pedí de nuevo una copa y me senté al lado de un chico con gorra y rapado, de unos veintiséis años que no tardó casi nada en hablarme, no estaba nada mal y el chaval era muy agradable. No dude ni un segundo en que sería uno de los culos que me comería esta noche así que solo me faltaban un par más.
Estuvimos hablando de todo un poco. A que se dedicaba, cuáles eran sus gustos, el motivo del porque estaba esa noche allí y me quedó aún más claro. Comentando un poco nuestros roles, me dijo que le molaba sentirse controlado por un macho activazo y yo le comenté lo que me mola y mis ganas de tener varios para mí y satisfacer a más de uno de forma morbosa y cerda. Al chaval le molo la idea porque le gustaba la sumisión y también era muy vicioso, así que estuvimos fantaseando y jugando un poco con nuestras lenguas hasta que nos encendimos lo suficiente como para encontrar a un par de chulos más que aceptaran a nuestro plan.

Gracias a la fiesta que había esa noche en Boyberry, se podía saber quién era activo, pasivo o versátil por unas pulseras asociadas con colores. Pasivo era el rojo, activo el verde, y el naranja para los versátiles, como los semáforos. Y de golpe ¡zas! dos chicos (uno más chulazo que el otro, con las venas de los brazos marcadas y muy alto) hablando con la pulsera roja que parecían más amigos que un polvo de una noche.
No dudé ni un segundo en abrir un círculo de conversación con el chico que conocí de la gorra para tener un acercamiento y la pareja pasiva se animó al tema muy rápidamente. Ambos también nos dejaron caer que les molaba el sexo en grupo, o que les mirasen mientras lo hacían, así que efectivamente eran pasivos y lo pude comprobar en una de las cabinas privadas junto al veintiseis añero.

El de la gorra se la quitó y fuimos juntos al baño y al regreso ya estaban los dos pasivos esperándonos calentitos como dos bollitos recién hechos. Tenía tres culazos pasivos para mí esa noche y empecé a disfrutar.
El chulazo era el que más grande la tenía, y el que mejor culo también aunque los tres soportaban mis embestidas de igual forma, entrando toda la polla hasta los huevos. Tenía los tres en fila para mí. Cuando le daba a uno fuertemente, los otros dos esperaban su turno a cuatro patas mirando, relamiéndose y moviendo el culo pidiendo ser follado.
Lo que más me gustaba era follarme el culito del medio porque así al mismo tiempo me quedaban otros dos a los lados; uno a la izquierda y otro a la derecha, de forma que cuando taladraba al del centro, podía tocar y jugar con los dedos a los otros dos.
Los gemidos de los tres a la vez, eran música para mis oídos y solo hacía que se me pusiera más y más dura y que mis huevos crearan más leche calentita que soltar. El final fue apoteósico, de como tres bocas hambrientas de tres tiarrones lamieron y chuparon mi rabo duro hasta obtener una fuente de leche caliente. Puede llenarles la cara a los tres y siempre recordaré aquel momento de morbazo máximo como uno de los mejores que he tenido en BoyBerry.

Hoy me he levantado empalmado. Una vez más como muchas de las mañanas, he tenido el recuerdo de la noche de ayer con aquellos tres pasivazos de bandera que me ordeñaron el rabo uno por uno antes de follármelos y he tenido incluso un sueño húmedo de los que me encantan recordar aunque prefiero ir a hacerlo realidad.