La violada en la cabina

Era una noche de invierno, de mucho frio en Madrid. Era un lunes. Yo en casa y con ganas de hacer algo diferente. El móvil suena. Era un chico que conocí en una aplicación gay.

– “Hola, ¿qué tal?”, le saludé.
– “¿Bien y tú?”, dijo.
– “Bien, aburrido en casa. Con ganas de hacer algo diferente. ¿Y tú qué haces?”, dije.
– “Pues nada tío. ¿Qué tal si quedamos ahora? Conozco un sitio muy guay y es diferente. ¿Vamos?”.

No pensé dos veces y dije que sí, que íbamos, aunque no había preguntado dónde. Necesitaba dejarme llevar. Después de 20 minutos nos encontramos cerca del metro en el centro. El chico me dio un beso y me puse caliente. Estaba cachondo. Y contento, ya que deseaba hacer algo nuevo, aunque un poco nervioso por lo que iba pasar minutos después. Caminamos por la Fuencarral, San Onofre y Valverde: llegamos a Boyberry. Me gustó lo que estaba viendo.

Pedimos una cerveza en la barra, nos sentamos y acercamos nuestros cuerpos. Yo sentía el latido de su corazón mientras me besaba calientemente y acariciaba su cuerpo. Sentía su aliento en mi cuello. La noche empezaba bien. Era todo que me gustaría. Seguimos tomando la cerveza y las ganas de tener aquel cuerpo dentro de mi aumentaba.

– “Vamos”, dijo mostrando la oscuridad del bar y acariciandome las nalgas por encima de mi vaquero ajustado.
– “Claro”, respondí. Le cogí por la cintura, lo besé y sentí la poĺla empalmada sobre el pantalón jeans.

Caminamos hasta una cabina, el sitio donde aquel chico tan varonil iba a darme placer. Cerramos la puerta y yo estaba en el cielo. El cogía la mano por todo mi cuerpo, besaba mi cuello y yo disfrutaba del momento. Le quité la camiseta, abrí el botón y la cremallera de su pantalón y sentí su polla en el calzoncillo ajustado. Bajé más el pantalón y quedé de rodillas delante de aquel rabo de 22 centímetros, duro y babeante. ¡Que rico! Lo puse en mi boca y mamé despacio. Él gemía con el placer que le daba. En la cabina de al lado una pareja follaba, lo que aumentaba el clima caliente del momento. Mi boca pasaba por cada centímetro de su polla. Lamia cada vena hinchada. Me fui levantando lentamente, mientras besaba y acariciaba sus abdominales y sus pechos. El sacó un condón del bolsillo, me lo dío y de nuevo me arrodillé y se lo puse con mi boca polla, sintiendo cada centímetro de su membro.

Le dí la espalda mientras él abrió mis nalgas con sus manos fuertes. Se bajó y me regaló un beso negro inolvidable. Era imposible no gritar. Nunca había sentido tanto placer. Sin tocarme me corrí. El se levantó y empezó a follarme despacio. Dolió un poco en el inicio, pero era todo que me gustaria para aquela noche que empezó aburrida. Sentía aquella polla dentro de mi, entrando y saliendo, lo que me ponia cada vez más cachondo. Y el follaba cada vez mas fuerte.

– “¿Me sientes dentro?”, preguntó el.
– “Sí, me llenas como nadie lo habia hecho”, dije y añadí: “Sigue. Sigue fuerte”, supliqué.

Me follaba cada vez mas fuerte y mi voz hacia eco en la oscuridad del bar. Ya no escuchaba los gemidos de las otras cabines. El cogia las manos en mi cuerpo hasta que se corrió. Me quedé sin palabras para decir el buen rato que había pasado. A cambió lami de nuevo su polla y los restos de su semen. Nos vestimos, pedimos otra cerveza en la barra, hablamos más y salimos…seguro que él me violaria de nuevo