Lefada en la playa

Los domingos calurosos en Barcelona son de playa. Justo hace un año comencé a ir a playas nudistas movido por el morbo y el voyeurismo. Ese domingo fui a una poco accesible para la gente común. Tenías que andar bastante y saber buscarla. Al llegar solo había un chico joven y una pareja de mediana edad. Me senté en la toalla y me quite toda la ropa para disfrutar de unas horas de playa y nudismo. Pero no sabía que todo acabaría como acabó.

Al meterme en el agua, estaba también el chico que me comentaba lo buena que estaba el agua y que nunca me había visto en esa playa. Le dije que había ido un par de veces pero no habríamos coincidido. El chico además de simpático, tenía un cuerpo fibrado con las venas bien marcadas y no solo de los brazos también del rabo, que en reposo estaba bastante bien, vamos que se me hacía la boca agua hasta que me dijo que solía venir con su novia pero que hoy estaba de viaje fuera.

No le di importancia porque disfrutar de las vistas de su cuerpo y su charla ya me estaba bien. Al salir del agua me dijo si se podía poner junto a mi toalla para no estar los dos solos y, claro, acepté. Comenzamos a hablar de trivialidades hasta que sonrió y me dijo mira señalando a la pareja que estaba a unos metros de nosotros. Giré la cabeza y estaban haciendo un 69 con la mujer encima de él. Los dos mamaban mientras nos miraban como si les diera morbo. La verdad que a mí mucho.

– Joder que cabrones, como sigan así me la van a poner como una piedra -dijo él.
– Ya ves, tío. Has visto cómo nos miran, parece que les pone tener a mirones -le contesté.
– Pues me están poniendo bastante, no sé si ir al agua a bajarme este calentón.
– Yo creo que también. Vamos.

Fuimos los dos al agua tapándonos el rabo con la mano y madre mía el rabazo que tenía. Estaba morcillón y ya era una buena polla de esas que entran gratis el día de los 20 cm en el Boyberry.

– No te tapes cabrón que estamos los dos igual -me dijo.
– Ya, tienes razón -contesté quitándome la mano de la polla.
– Vamos bien de rabo los dos veo.
– Como nos pille la tía esa nos deja secos.

Desde el agua veíamos como la tía se dio la vuelta y se puso a 4 patas mirándonos a nosotros y el tío se puso detrás. Comenzaron a follar con ganas mientras nos miraban.

– Joder que cabrones has visto cómo nos miran tío -me dijo.
– Ya ves, la está empotrando pero bien.
– Me están dando ganas de empotrar, con el solecito y la playa apetece tío.
– Pues parece que tienes poco donde elegir.
– ¿Como?
– Nada, nada.

Salimos y nos volvimos a tumbar en la toalla mientras los mirábamos, ahora ella cabalgando al tío encima. Hacíamos comentarios morbosos que nos la ponían cada vez más dura.

– Tío, lo siento, pero me la tengo que menear un rato porque me va a reventar -me dijo mientras se la cogía y me la enseñaba bien dura.
– Yo también tío, la tengo llena de leche.
– Pues yo vengo cargado, que llevo 5 días sin mojar.
– Yo soy de corrida diaria, pero recargo bien por las noches -contesté con cara de vicio.

Comenzamos a pajearnos cada uno nuestro rabo mientras mirábamos a la pareja follando. Hacíamos comentarios de la follada mientras nos la meneábamos, cada vez más idos, con esa cara de sentir el gustazo de la paja pero a la vez hablando.

– Oye, tío, a mi esto de pajearme me parece aburrido -me dijo.
– Te la quieres follar o qué -contesté mientras seguía pajeándome.
– No creo que el tío me deje, nos miran pero no nos invitan, nos habrían dicho algo ya.
– Pues te va a tocar meneártela.
– O que me la menees tu.
– ¿Cómo?
– Bueno, no estaría mal, me la tocas tú y yo a ti. Así hacemos esto más divertido, ¿no crees?
– Hombre no estaría mal -le dije mientras solté mi rabazo y le toqué el suyo bien duro.

Estuvimos un rato pajeándonos el uno al otro mientras veíamos como el tío se corría en la cara de la tía. Los dos nos miramos con mucho vicio, jadeando de las embestidas con la mano, con esa cara de medio sonrisa medio morbo. Me dijo algunas cosas pero no me acuerdo porque no hacía más que pensar en su mano tocándome el rabo y yo tocándole el suyo. El gustazo cada vez iba a más hasta que paró.

– Tío, me ha dado mucha envidia la lefada que le ha pegado en la cara a la tía.
– Si quieres te puedo ayudar.
– ¿Cómo?

Entonces le solté la polla dura y agaché la cabeza. Pase la lengua desde la punta del capullo, bajé todo el rabo, hasta los huevazos y llegué hasta el culo donde estuve un rato metiendo la lengua.

– Joder tío nunca me han metido la lengua ahí.
– ¿Te gusta?
– Es un gustazo chaval, no sé cómo no lo había probado antes.

Seguí un par de minutos comiéndole el culo hasta que se tumbó en la toalla boca arriba. Volví a coger el rabazo y pasé la lengua poco a poco desde los huevos hasta llegar al capullo. Cuando llegué al capullo me la metí poco a poco en la boca, disfrutando de cada centímetro de la piel de su rabo. He comido muchas pollas grandes pero esa me dejaba la boca bien abierta.

– Tío, qué bien la mamas.

Yo no paraba de mamar, con muchas ganas, no sabéis el gustazo que era tener ese rabo en mi boca y ver a semejante tío gemir con mi lengua.

– Si sigues así voy a tener que correrme pronto.
– Hazlo, hazlo en mi boca, en mi cara, en mi culo, en mi pecho, en todo.
– Agárrate porque viene bastante.
– Dame leche. Quiero mucha leche. Toda en la cara.

La pringada fue bestial. No paraba de salir leche de su rabo, toda en mi cara. Me sentía como cuando te pones debajo de la ducha y caen todos los chorros en tu cara. El tío no paraba de gemir mientras salía su lefa. Al acabar se rió.

– Tío, menuda pringada te he dejado en la cara.
– No pasa nada, me ha gustado mucho. Ojalá cada día una para el desayuno.
– Tendrías el calcio diario necesario.

Reí y entonces vi un detalle que me había pasado desapercibido. Tenía dos pecas en la boca. Una en el labio y otra en el mentón. No hubiera pasado nada si no fuera porque ya había visto esas dos pecas otra vez. Fue hace un par de semanas en el gloryhole del Boyberry. Metí mi rabo en el agujero y me hicieron una mamada de vicio. Yo solo veía la boca así que esas dos pecas me llamaron mucho la atención. Sin duda, era él. Me había devuelto la pringada que le eché en el gloryhole. Y menuda lefada.