Más que un rodeo

¿Era verano o invierno? ¡Qué mas da! Lo único que se es que el rabo que tengo entre las piernas, esa noche me iba a reventar como no lo sacara de paseo. Necesitaba descargarme en la boca o en el culo de cualquier tío que me encontrara. Entonces fui al Boyberry de Madrid, al sitio donde tengo sexo asegurado y muchos tíos para elegir.

Era en torno las 0:00 de la noche cuando entré a Boyberry con únicamente una camiseta muy ajustada, para que se me marcaran bien los pezones y mi gran torso musculado; y unos calzoncillos ajustados para que todo el mundo notara lo empalmado que estaba.
Fui a una fiesta de menores de 30 años que se celebraba ese día para ver si me encontraba a algún yogurín sediento de lefa y poder satisfacerlo.

Al entrar me pedí un par de copas para que tuviera aún más calentón de lo que ya tenía, cuando se me acercó un chaval que no tendría más de 20 años, estatura media, bien peinado, pijo, con un polo y sin un pelo en todo el cuerpo; y entablamos una muy corta conversación:

—Hola, buenas. ¿Quieres que nos demos un rodeo por el local? Me aburro un poco —dijo con un tono muy provocativo—.
—¿Un rodeo? Seguro que tú buscas algo más que un rodeo —le contesté—.
—Podría decirte que me quiero comer tu polla ahora mismo, pero creo que es más formal decírtelo así —mi polla, la gran protagonista. palpitaba de la emoción—.
—Fuera las formalidades, no hemos venido aquí para eso.

Acto seguido le agarré de la nuca y empecé a comerle toda la boca mientras pasaba toda la mano por el bulto de su calzoncillo, que no era excesivamente grande, pero sí duro. Le repasé todas las muelas con mi lengua, hasta le escupí dentro de la boca para removerlo bien después.
No podía parar de sobarle el culo y pensar en reventárselo con mi polla mientras él hacía esos gemidos de que estaba disfrutando mientras le comía la boca.

Fuimos a una de las cabinas privadas que allí hay mientras le iba bajando el calzoncillo por el camino y ver su culo perfecto, redondo, depilado y muy abierto para la edad que parecía tener. Cuando llegamos lo puse contra la pared y seguí comiéndole la boca hasta dejarlo desnudo entero.
Quiso quitarme la ropa pero yo no le dejé, le agarre la boca para decirle: “Tú aquí has venido a comer, no a desnudar”, y puse su cara contra mi paquete.
Empezó a lamerlo dejando toda la tela húmeda, hasta que de un tirón me arranqué los calzoncillos y le introduje mi polla muy hinchada en su boca hambrienta. Lo hacía lento, despacio, lo cogía como quería, me pasaba la lengua por los huevos, por el glande, lo lamía de arriba a abajo… Pero yo no tenía suficiente aunque lo estaba disfrutando. Yo necesitaba más. Le agarré de la cabeza y le dije que no se moviera. Empecé a meter y sacar mi polla de su boca a placer. Cada arcada y contracción que sentía me ponían más burro si pudiera. Estaba rojo y con lágrimas en los ojos, me dijo: “Para, que no aguanto más”. Le empecé a besar para que se relajara y le susurré que me dejara un minuto más y le daría toda mi leche. Aceptó y continué.
Le besé más tiempo para que se tranquilizara del todo y volví a meterle la polla en la boca, cuando volví a notar una sola arcada más, me corrí soltando toda mi leche retenida en su garganta. Se la tragó sin rechistar y me pidió más leche aún.

Nos tomamos otra copa en el transcurso de que mis ganas de sexo volvieran. Me dijo que él seguía cachondo perdido (normal, no se corrió), por lo que me dijo: “Cierra los ojos y déjame jugar a mí ahora, verás como te repones. La única condición es que no puedes abrir los ojos en ningún momento.”
Ante tal propuesta, yo solamente acepté y me dejé hacer.

Sentado con mi mojito en la mano, noté como iba jugando con un hielo pasándomelo por todo el cuerpo y se iba deteniendo en la parte de los pezones, mi boca y mis huevos. Cuando soltó el hielo siguió comiéndome la polla mientras se restregaba. Lo hacía con mucha suavidad, y la verdad, es que lo estaba disfrutando.
Noté como sacó mi polla de su boca y se elevó conmigo, hasta tener su abdomen en mi boca:

—Lo siento tío, pero no me excita mucho comer pollas —le dije—.
—¿Quién ha dicho que me vas a comer la polla? Tú no abras los ojos.

Noté como empezó a mover su culo por encima de mi polla, algo que hizo que se me despertaran muchas ganas de romperle ese ojete que tanto quería al principio de conocerle.
Empezó a ponerse saliva en el culo y yo cada vez que me pasaba la polla lo notaba más y más húmedo, hasta que una de las veces lo introdujo bruscamente dentro de él y se sentó literalmente encima de mí.
No se cómo, pero en cuestión de segundos, ya estaba sentado, y gimiendo de placer. Me susurro al oído: “Ya puedes abrir los ojos y hacer conmigo lo que quieras.”

No podía controlar las piernas de lo excitado que estaba, ese muchacho botando con mi polla dentro sin condón, para dar más morbo y placer.
Cuando estuve apunto de correrme, lo solté y le dije que ahora me tocaba a mí llevar las riendas.
Lo volví a llevar a la misma cabina de antes, que casualmente estaba vacía, y le puse contra la pared. Se la introduje despacio, pero sin mucho cariño, hasta que empezó a gritar del dolor placentero que eso le hacía sentir:

—¡Más fuerte, lo más fuerte que puedas! —me dijo—
—¿Seguro? Puedo llegar a hacerte mucho daño —contesté—
—He dicho que más fuerte.

Le empecé a azotar el culo mientras me lo follaba como nunca antes lo había hecho. Era mi objeto sexual de esa noche, me lo follaba a mi antojo e iba a descargar toda mi leche en él, dos veces en menos de una hora.

Cuando no pude más y en la sala de cabinas se oían solamente sus gemidos, se corrió manchando toda la pared, mientras que yo únicamente estaba centrado en preñarle ese culo de leche y marcar el territorio.
Entre embestidas y contracciones en el culo del chaval, eché mi segunda remesa dentro de su culo tragón y sediento.

Cuando terminé, le babeé toda la boca, cogí mis calzoncillos rotos que ahí seguían y me fui a casa, a relajarme después de tal follada, que al día siguiente tocaba trabajar.