Noche de invierno

La noche era invernal y el frío recorría las calles encogiendo a cuantos se encontraba a su paso.

Las luces del Boyberry aparecieron ante mí tras una esquina, reduciéndome, invitándome a un descanso después del trabajo.

Una vez dentro la cerveza fluía por mi garganta. No me atrevía a entrar más allá. Mi innata timidez me bloqueaba. Después de una hora apareciste por sorpresa enfrente de mí. Me mirabas fijamente. Como hechizado no podía dejarte escapar. Te seguí al interior del local. Cuando la penumbra nos invadió me cogiste de la mano guiándome hacia un lugar premeditado. Cerrando la puerta detrás de la cabina detrás de mí me lance a besar tu cuello. La lujuria me invadía. Te mordía, te lamia…y extrañado descubrí un lazo atado a tu cuello. Te desnude en cuestión de segundos mientras lamia cada trozo de tu cuerpo. Me sentaste en la cama y enfrente de ti mis ojos recorrieron todo tu cuerpo. Desde el color y brillo de tus ojos, hasta el lazo que te adornaba, simbolizando la entrega, mi premio, mi regalo…

Era la primera vez que te veía y la primera que me atrevía a lo que íbamos a emprender. Desde ese momento algo entre nosotros más profundo empezaría a cobrar fuerza y poco a poco se forjaría.

Cuando me quise dar cuenta un calor recorría la planta de mis pies humedeciéndolos. Saboreabas cada centímetro, te deslizabas entre mis dedos chupando, mordiendo, mientras mis jadeos iban en aumento. No podía esperar más, te agarre del cuello y bese tus labios impregnándolos de mí. Te deslizaste por mi pecho mientras desabrochabas mi pantalón, masajeando mi miembro al mismo tiempo que crecía.

Podía oír mi corazón a mil por hora, mientras la humedad de tu boca lleno mi polla. La engulliste adaptando tu garganta a su tamaño, procurando proporcionarme el mayor placer. A medida que aumentaban mis jadeos tu lengua atacaba más y más, retorciéndome del gusto. Un dolor agudo me hizo un aullido. Tu mirada juguetona y la maliciosa me encendieron.

Agarré la cuerda que te ataba el cuello, tire de ella para que notaras la presencia de tu amo y el castigo por tu error. Me puse en pie y sosteniéndote con fuerza la cabeza clave mi polla hasta que los huevos casi tocaban tu barbilla. Te impedía el respirar, el moverte… Los ojos se te humedecieron rápidamente mientras en un continuo vaivén abría tu garganta con el propósito de complacerme.

Te tiré sobre la cama con la cabeza colgando, tu boca ya unida a mí y a mis deseos mas lujuriosos se abría lo mas que pudo mientras te follaba la boca intentando llegar a lo más profundo de ti, a la fuente de tu calor y tu deseo. Las lágrimas al igual que la saliva se deslizaban por tu cara, el cuello se te hinchaba con cada embestida. Coloque mi mano para sentirme perforando tu garganta, mientras con la otra tiraba de la cuerda aferrándote más a mí.

Dejé mi miembro lo más adentro que pude, dándote un momento de descanso. Mientras, me incline y olí tu polla húmeda y babeante sin ni siquiera haberla tocado, dura a más no poder. Me enterré entre tus huevos bordeándolos. Con mi mano los apreté torpemente. Lamia el semen de tu capullo y sacando mí polla de tu interior te lo escupí en la boca.

Me subí en la cama de rodillas. Lamias mi prepucio un cachorro lame sus heridas. Aflojando la presión en la correa te acariciaba todo el cuerpo. Temblaba aun por este nuevo giro de mi vida, por este nuevo camino que estaba tomando y el cual me gustaba y asustaba la vez.

Con cada lamida me aceptabas como tu único amo. Mientras con mis caricias te tomaba como mi cachorro. Un nuevo dolor y un aullido por mi parte. Tu mirada nuevamente llena de lujuria malicia y deseo…

Mi cinturón descansaba abandonado en una esquina, esperando para impartir el nuevo castigo.