Andrés 20

Un día cualquiera en Grindr. De vacaciones, espero a que algún chico me quiera saludar. Suena el chat, un chico de mi barrio, no le conocía. Andrés, a unos 500 metros, me manda un ”Hola”. No tiene foto, pero a pesar de ello, le contesto. Llevo muchos días sin follar, quiero sexo y me da igual con quién. Hablamos durante un rato, nos ponemos cachondos, le insinúo que mi agujerito lleva mucho tiempo sin recibir un buen rabo. Le digo de ir a tomar algo, pero que me pase foto primero. Me llega, un chico normalillo, 20 años, cuerpo promedio, algo peludo, y de cara es guapete. No parece que esté muy metido en el ambiente, así que le digo de ir al centro. Quedamos media hora después.

En la ducha ya se me pone dura, me la sobo, pero quiero guardarme toda la leche. Quiero soltarla mientras sentiría como me iba a dar por el culo. Cuando le veo en persona, su físico cambia completamente. No es tan guapo como parecía, llevaba el pelo mucho más largo y no me convencía, pero total, yo quería un polvo, un buen polvo, y ese chico tenía algo que me seguía dando morbo. Puede ser que fueran esos pelillos que se le asomaban por el cuello de la camiseta, me volvían loco.

Vamos a Madrid, y me dice que qué quiero tomar. Mi instinto me habría hecho desabrocharle el cinturón y empezar a mamarle el rabo que ya se le marcaba bajo el pantalón, pero quizás no era lo mejor si no quería asustarle, parecía muy tímido. Empezaba a pensar que iba a pasar otro día más sin sentirme penetrado. Le encamino hacia el Boyberry, he estado alguna vez, y me da morbo recordar alguna que otra polla que he mamado ahí abajo. Al entrar, parece que se corta, pero le digo que no pasa nada, que es un bar normal. Nos pedimos un par de cervezas.

La tarde avanza. Una tras otra, vamos bebiendo cervezas, estamos un poco borrachos. Ya me daba igual, quería follar, quería que me reventara el culo, y si no era con él, sería con un madurito que me miraba al otro lado de la barra. Yo estaba empalmado, y quería que Andrés se diese cuenta. Así que le dije que me acompañara a mear.

Una vez en ese baño, con un par de chicos morreándose, no aguanté mas. Entré en un reservado, y le dije que entrase conmigo para sujetar la puerta. No haría falta, pues fui yo quien le puso contra la puerta para comenzar a besarle. Él me siguió, y eso me tranquilizó, no parecía asustado, ni mucho menos. Nos morreábamos, y mientras, pasé a sobarle el rabo. Si intuía un rabo de un largo normal, pero bastante gordita, y me deshice en gemidos mientras me besaba al imaginar cómo quería que me la metiese por el culo.

La temperatura subía, así que nos fuimos a la zona oscura. Yo le guiaba, y el iba agarrado de mi brazo, parecía que no quería que ningún chico aparte de él me mirase, me quería solo para él. Nos morreamos un poco, y entramos en una cabina. Me arrodillé para sacarle el rabo, que parecía a punto de reventar en chorros de lefa. Era un rabo gordete, cabezón y peludo. Deslicé el prepucio hacia atrás y comencé a mamarle su cabecita, poco a poco, para después comerme su rabo entero y lamerle bien esos huevazos que tenía. Sus gemidos me calentaban aún más, le encantaba como se la chupaba. Ya notaba el olor del precum, en cualquier momento podría correrse, así que paraba para morrerarle. Así unas cuantas veces. Entonces fue él quien me tiró sobre el pequeño sofá de la cabina para sacarme el rabo y comenzar a mamar.

Parecía un novato, mamaba sólo la puntita, le daba besos y lametones de forma muy tímida, y no me equivocaba. Le retiré la cabeza de mi rabo y le dije que quería que me follase ahí mismo. Entonces me lo dijo. Soy virgen. Era un novato de verdad. No se si me cortó el rollo o me puse más cachondo aún, pensando que podría desvirgarle. Entonces le dije que haríamos otra cosa. Nos quitamos la camiseta, los pantalones y las zapatillas. Nos quedamos en calcetines. Le puse en cuatro patas sobre el sofá, y comencé a comerle el culo. Un culo peludo, grande… y virgen. Me chupé un dedito y se empecé a meter, mientras le decía en voz baja que así era como lo tenía que hacer. No quería hacerle daño, pero a la vez ese agujerito me pedía reventarle. El gemía, le dolía, pero a pesar de ello me pedía más. Le gustaba. Fueron dos dedos más en unos minutos, hasta que ese culete ya estaba preparado para la acción.

Cogí un condón de mi cartera, me lo puse, me eché sobre su espalda y le comencé a comer el cuello, mientras la punta de mi rabo ya rozaba contra su agujerito. Me incorporé, y comencé a metérsela. Para mi era extraño, casi nunca hacía de activo, y esa sensación de presión al metérsela a la vez que oía sus fuertes respiraciones y gemidos me volvían loco. Quería follarle a saco. Le preguntaba que si le dolía, y asentía, pero le encantaba, quería más, me decía que no la sacase. A pesar de eso, se la saqué y le comí un poquito más ese culete delicioso, ya empezaba a dilatar. Volví a metérsela, y le seguí intentando follar.

Cada vez si culito se notaba mas abierto, y mi polla entraba con más facilidad, hasta que poco a poco, conseguí que su culete peludo rozase con los pelos de mi rabo. Parecía que le encantaba, le agarré la polla y la tenía durísima, como una piedra. Me pedía ser follado, y yo le follaba. Todavía no muy duro, pero cada vez a más velocidad. Sus respiraciones se aceleraban, al mismo tiempo que las mías. Le di una palmetada en la nalga, a lo que respondió con otro gran gemido. La follada se hacía intensa, vaya culo tenía, un culo virgen que yo estaba penetrando por primera vez, lo que me la ponía mas dura, si cabe. Yo era el primer tío que le hacía gemir con un rabo en su culo. Sus ruiditos me ponían a mil, y yo quería mas morbo…

Abrí la puerta de la cabina. Noté unas cuantas presencias que se masturbaban con lo que estaban escuchando. Y ahí estaba, ese madurito de la barra, el que me miraba. Mientras dejaba a Andrés con mi rabo metido hasta el fondo de su culo, le hice un gesto a ese hombre para que se acercase. Yo levanté a mi chaval del sofá y le puse contra la pared. Le volví a penetrar su culo ya dilatado, mientras el maduro se puso contra mi espalda, se debió quitar la camisa y apoyó su peludo torso contra mi espalda. Me empezó a comer el cuello y a sobar. Quería correrme, así que bajé el ritmo de la follada. Necesitaba sentir el culo de Andrés y el rabo de ese hombre a la vez. Con una mano, separé mi nalga para que viese mi agujerito, y él acercó su pene. No creía que fuese a meterla de golpe. Pero así fue.

Por fin ocurría, un jugoso rabo comenzaba a hacerse paso en mi culo, para saciar mis ganas de rabo. Yo solo podía apoyarme en la espalda de Andrés, paré de follarle aunque mi polla seguía en su culete. Mi ano se iba llenando, era un buen rabo, y a pesar de matarme de dolor, me encantaba, me flipaba. Me la metió hasta el fondo, y tanto Andrés como yo gemíamos de placer. Ese hombre me penetraba de una forma brutal, se notaba su experiencia. Yo intenté seguir mi ritmo con Andrés, pero mi cabeza estaba en otra parte. Era mi primer trío, sentía como Andrés gozaba con mi rabo en su culo, y a mi me pasaba lo mismo con el anónimo que tenía detrás.

Tras unos minutos, me corrí en el condón. Andrés lo debió notar en mis gemidos, pues se sacó mi rabo de su culo, le quitó el condón y comenzó a limpiármelo con la lengua. Yo flipaba del gusto. El madurito no se cansaba de follarme, ni yo de recibir su rabo. Andrés se sentó en el sofá, quería correrse, y me acerqué como pude para recibir toda su leche. Pero mi anónimo me la sacó del culo, y le dijo: Ahora fóllatelo tú. Parecía que Andrés había perdido la timidez, se levantó, me puso sobre el sofá en 4 patas, sacó otro condón y me la metió. Era una forma de follar distinta, más torpe y menos dura, pero al mismo tiempo, esa torpeza me volvía loco. Era su primer culo, y era brutal. Tras unos minutos follandome a 4 patas, me la sacó, se tumbó boca arriba en el sofá, y yo me puse encima suya, tumbado sobre él, y me la volví a meter mientras nos besábamos. No se si Andrés pensaba lo que podría pasar en esa postura…

Tras unos segundos, alguien volvió a acercarse. Otro hombre quería hacerse hueco en mi culo. Suponía que sería el de antes. Giré hacia atrás mi cabeza y sí, lo era. Mientras, otro hombre se masturbaba en la puerta de la cabina. Quería metérmela junto con la de Andrés. Yo estaba alucinando, pensaba que no me iba a caber, que me iba a reventar. Nada más lejos de la realidad, el dolor que empecé a sentir fue enorme. Tenía dos pollas en el culo, una inexperta y otra deseosa de más y más caña. Me encantaba. Pero no podía aguantar ese dolor. A pesar de ello, era una oportunidad única, así que tomé aire y aguanté. Era una sensación brutal, dos pollas en mi culo, cada una queriéndome dar más que la otra, competían, y a mí me estaba subiendo la leche otra vez. Mi polla era una piedra.

Duré poco, mi polla volvió a estallar en chorros de lefa, sentí que era la mejor corrida de mi vida. Manché todo el pecho velludo de Andrés, que también se corrió en el condón. Su polla salió de mi culo, pero el maduro seguía metiéndomela, su rabo peludo y gordo entraba y salía de mi ano. Finalmente, me la sacó, se quitó su condón y nos colocó a Andrés y a mi de rodillas frente a su rabo. El desenlace era obvio. De ese rabo empezaron a brotar chorros de lefa que nos dejaron las caras llenas de semen caliente. No quedó ni una gota por soltar. Nos levantó y nos morreó a los dos. Se subió el pantalón, se puso su camisa y salió de la cabina. Andrés y yo nos quedamos parados, medio fascinados por lo que acababa de pasar. Nos miramos, nos sonreímos y nos abrazamos.

Cerré la puerta de la cabina, y me quedé a solas con él, desnudos, con la ropa por el suelo. Saqué unos pañuelos para limpiarnos la cara. Le miré su rabo aún morcillón, era bonito. La cabina olía a puro sexo, a sudor, a lefa. Le dije que se nos había ido de las manos, pero su sonrisa me hizo ver que se lo había pasado en grande. Creo que no pudo haber tenido una mejor primera vez. Nos vestimos mientras nos dábamos unos cuantos morreos, y salimos en dirección al baño para terminar de limpiarnos.

Al dirigirnos a la salida, ahí estaba él. Otra vez, en el mismo sitio de la barra, tomándose una copa y mirando el móvil. Ese hombre que me había abierto el culo como nadie. Nos miró, nos guiñó el ojo y volvió a su copa y a su Grindr. Me faltó tiempo para entrar desde mi perfil, y buscarle para darle un favorito. De vuelta a casa, Andrés cambió. Ni un beso, ni una muestra de cariño después del momento que acabábamos de pasar. Después de haberme abierto el culo, y yo a él. En el autobús, le sonó el móvil, y pude ver como en la pantalla, aparecía besándose con una chica. Así que no sólo era virgen (al menos, de culo), sino que además, tenía novia.

Al llegar a nuestro barrio y bajar del autobús, nos despedimos dándonos la mano, por supuesto. De frente a nosotros venía una chica. Su novia, la misma que salía en aquella foto. Me saludó, y yo apenas podía mirarla a la cara. Me sentía culpable y me fui rápidamente. Pero, al girar mi cabeza y mirar hacia atrás, le vi, abrazado a su novia. Me estaba mirando. Yo le miré unos segundos, y con un sentimiento que se movía entre rabia y pena, finalmente, le retiré la vista y me largué. Pero bueno, que me quiten lo bailao’, me he follado a un hetero.