¿Es usted el titular de la línea?

Cuántas veces no nos habrán llamado por teléfono entre semana y una voz; ¡normalmente femenina que te llama des del otro lado del Atlántico, no nos han entrado con la preguntita “Hola! Soy María Germines de la compañía Tele Algo ¿Es usted el titular de la línea? “Ese lunes la teleoperadora acertó y cerró una nueva alta conmigo y después de aprobar términos del contrato también acordamos que vendría el jueves un técnico a casa para instalar la nueva línea.

Era sábado y andaba con ganas de ir al gimnasio para darlo todo y aprovechar cada rincón de las instalaciones, alegrarme la vista con los chicos que entrenaban y la imaginación con todo lo que se movía y respiraba con un rabo entre piernas. Entrené, hice cardio y me hice unas saunas en un gimnasio que era conocido por su actividad en la sauna de vapor y dentro del jacuzzi. Como era un gimnasio familiar también se debía tener cuidado en meter la polla y la pata. El día tranquilo o mejor dicho el aburrimiento iba aumento, pero la providencia actuó haciendo entrar un chaval de unos 23… años con un cuerpo espectacular de waterpolista que quitaba el hipo a cualquiera; de estos que parecen mayores de lo que son en realidad. Por vergüenza o timidez, la cuestión es que mientras uno estaba en la sauna seca el otro iba a la de vapor, como que nos evitábamos. Había una pareja de unos 60 años en el jacuzzi que ocupaban todo espacio vital pero la mujer salió y raudo aproveché para entrar yo.

Tras unos pocos instantes también salió el hombre quedándome solo sin reparar en el waterpolista. Ya tras unos cinco minutos a solas vi que el muchacho se dispuso a entrar y tomarse un bañito de burbujas. Por lo visto, parecía que estábamos nosotros solos en el SPA y eso podía dar mucho pero que mucho juego. ¿Tal vez esperaba a que no hubiera nadie? No lo sé, pero el caso es que se acercó, colgó su toalla para entrar y sentarse casi en paralelo a mí, dejando descansar su cabeza sobre el borde del jacuzzi así como sus brazos. El sonido de las burbujas no cesaba y su movimiento impedía ver nada desde ese pecho bien formado hacia abajo. Por su posición adivinaba que sus piernas estaban completamente estiradas y precavidamente también hice lo mismo hasta contactar mi pie derecho con su pie izquierdo “sin querer”. Umm no parecía importarle ni a mí tampoco. Mantuvimos ese contacto durante unos minutos, no apartaba ni retiraba su pie y claro, yo tampoco, era como una batalla psicológica, un a ver quién ataca primero porque yo no me atrevo. Mi polla estaba erecta como un mástil y me peguntaba si la suya también. No tenía otra opción, debía atacar y poner mi mano cerca de su pierna hasta poder tocarle el paquete el cual podría estar empalmado como el mío. ¿Ninguno se atrevía a dar el paso? ¿Ambos esperábamos que el otro tomase la iniciativa? Ya, no podía más y mi mano despegaba hacia él cuando de repente el temporizador de las burbujas paró y estas cesaron, él salió del jacuzzi, tomó la toalla y se fue dejándome con el rabo tieso y mi pie… …. ¡Me cago en todo!!! Estaba tocando la válvula de agua del fondo del jacuzzi. No podía hacer nada más que maldecirme, pero luego empecé a reírme yo solo y pensando que hubiera pasado y el careto de ese chico de haberle metido mano. ¡¡¡Que corte!!!

Esa misma tarde y después de comer en casa, seguía con un calentón encima que no podía más así que tomé el metro y me planté en el BoyBerry de la calle Calabria. La gente entraba, parecía poder estar muy animado el local así que sin pensármelo entré. Había algo de cola para pagar, tras la cortina se entreveía un ir y venir de gente buscando rollo. Una vez dentro ya tenía vía libre para indagar quien paraba por los cúbicos y glory holes del local, podías oler a sexo, a testosterona y se podía oír gente jadear de placer lo cual te ponía más cachondo todavía. Muchos iban sin camiseta, uno en especial; al que empecé a seguir, con unos pantalones medio rotos que me gritaban “follame cabrón” Llevaba un tattoo con una cabeza de esa serpiente a punto de entrar por su oreja. El chico era calvo con barba, esa serpiente le recorría su espalda hasta llegar al coxis creo. A su vez podía entrever que seguía a otro chico que no puede ver ya que este se metió en un cubico tras él el de la serpiente. Me fastidió un poco perder esa oportunidad nada más llegar así que la vuelta por uno de los pasillos y encontré vacío el cúbico contiguo al de ellos. Justo empezaban a liarse, por morbo me puse a observarlos, pero no se veía apenas salvo en algunos momentos que pasaba un haz de luz de uno de los focos que por ahí iluminaba muy rápidamente. Puede abrir con cuidado uno de las ventanitas o glory holes que comentaba y ver como ya se morreaban con total desenfreno; estaba claro que los dos se gustaban mutuamente, veía como el calvo empujaba contra la pared y cogía las dos manos del otro para subirle esos brazos bien musculados y axilas hacia arriba mientras que con la otra le apretaba uno de los pezones. El otro parecía estar tan pero que tan cachondo que nos lo proyectaba a todos los que estábamos cerca. Su físico se adivinada musculado y fribrado, de pelo corto y sin solo un pelo en pecho.

El calvo no paraba de sobarlo con esas manos que no abarcaban al lampiño. De los pezones, esa mano bajó por su vientre hasta llegarle a tocar ese miembro duro, en ese momento le desabrochó un botón tras otro hasta entrar dentro y sacarle la polla del pantalón, justo entonces apareció ese haz de luz mostrando una polla apetecible de comérsela entera y dicho y hecho, el barbudo se arrodilló para ponérsela en su boca y chupársela hasta la base. El lampiño le cogía la cabeza con las manos mientras gemía y retorcía de placer con esa mamada. Veía como su cadera hacia la vez de follarse esa boca seguro que llena de saliva y este su vez le venía alguna arcada por la profundidad del tamaño de semejante rabo. El siguiente paso fue comerle los huevos mientras le masturbaba. Como un faro vino otro haz de luz vi esa polla enorme del lampiño y sus huevos en la boca del calvo con barba que se bajaba sus bermudas hasta los tobillos mostrando un culo bonito y peludo. EL calvo quiso darle la vuelta al lampiño, pero no. éste no quiso dejando así bien claro cuál sería el rol de cada uno. Ante ese toque, el calvito se giró y encaró su culo hacía el lampiño de tal forma que puede ver su bella cara y una cadena colgando de su cuello también algo su pecho musculado de fitness, pero muy peludo. Que estampa, tenía a los dos de frente salvo que al lampiño no le había visto la cara todavía. Este se agachó y empezó a comerle el culo al barbas; yo ya tenía la polla a punto de explotar viendo semejante espectá-“CULO” en directo.
A ninguno de los dos les importaba que la gente mirase, és más, creo que les ponía más la idea tanto como para recrearse y sentirse protagonistas de una película porno. El calvo se abría deliberadamente bien de piernas apoyándose con las manos en la pared que daba a mi ubico. Cada vez que el lampiño pasaba su lengua por su ano; me imaginaba a mí mismo lamiendo y comiéndole el culo el calvarras que parecía estar haciendo un trio. El chico se estremecía de placer moviendo con esa lengua cogiéndose una de las nalgas para dar más espacio a la lengua del otro y pajeandose con la otra. Por momentos cogía su polla y huevos por detrás y se la chupaba. Cada vez que pasaba el haz de luz veía más detalles de ellos. La cosa se venia a venir y la esperábamos quienes mirábamos.

Ambos estaban en pleno éxtasis y querían correrse así que el lampiño cambió posturas y empotró al calvarras contra mi pared de tal forma que podía ver su miembro justo delante de mi cara; no desaproveche la ocasión y me metí su polla en la boca, una polla durísima, no muy larga, pero sí bastante gorda. No dijo ni hizo nada, se dejó hacer, yo se la comía mientras el empotrador lampiño lo enculaba por detrás y a cada empujón me aprovechaba yo Debía sentir un gusto infinito, sus jadeos eran muy fuertes, su voz era puro placer, su cuerpo se contraía y expandía de gusto. El ritmo iba aumentando, el jadeo de ambos iba a más los golpes contra la pared más fuertes hasta que llegó la secuencia, tres pollas deseando correrse al unísono. El lampiño se corría dentro del barbas gritando “me corro, me corro ahhh” , el barbas sentía con más fuerza la penetración hasta venirle a él un chorro de leche dentro de mi boca que me hizo explotar a mí de leche comiéndole el rabo al calvarras mientras su leche seguía notando como entraba más lefa en mi lengua . Los tres nos corrimos casi a la vez. Empezaron a vestirse y darse algún que otro morreo más. Yo cerré la ventana de mi cubico para vestirme y salir antes que ellos para saber del todo como eran a plena luz y en especial el lampiño… Y ahí estaba, era él, el del jacuzzi del gimnasio. WOW que fuerte. No dije nada ni les dije nada de nada, me fui a dar una vuelta y los dejé ahí hablando, supongo que intercambiaran teléfonos etc. Me paseé otra vez y vi otro tipo que quería tema conmigo, pero ya estaba por estar, me metí en el mismo cúbico que tan bien me lo había pasado y al entrarme este último para hacer algo pues como que pasé y le di a entender que no me apetecía. El pescado estaba vendido y era hora de irse cuando miré la hora en el móvil, la luz de este me mostró una cadena en el suelo que recogí… ¡¡¡Era la del calvarras!!! ¿Qué hacía ahí en el suelo? Miré con la luz del teléfono que el colgante ponía “Te quiero bicho, Mari” y una fecha de nacimiento con su nombre, Javier López Bueno, era sólo una medalla que tal vez fuera plata. Sea como fuera, antes de irme pasé por la recepción del BoyBerry comentándoles que había encontrado esa medalla en el suelo de uno de los cúbicos y me fui del local para regresar a casa la mar de contento, me lo había pasado genial con ellos y ver al lampiño del gym me dejó flipando. Cosas de la vida ¿no?

Todo fin de semana viene precedido de un lunes y un luego un martes y el miércoles y ese día venia el técnico de la compañía telefónica a realizar los ajustes para la instalación de la línea. Me quedé de piedra cuando vi ese calvarras con mono de trabajo corporativo y su tarjeta de identificación colgando de operario y donde se podía leer Javier López y su serpiente justo al lado de su oreja. El chico muy profesional, realizó el trabajo encomendado, fue agradable y atendió las preguntas técnicas sobre el servicio. Cuando finalizó su labor dándome la mano para despedirse le miré a los ojos para soltarle “Entregué tu cadenita en la recepción del BoyBerry”. No supo que decir, pero si que hacer y tras cuarenta minutos extras me dio con creces las debidas gracias.


Warning: count(): Parameter must be an array or an object that implements Countable in /homepages/29/d389756271/htdocs/domains/boyberry/boyberry.com/wp-includes/class-wp-comment-query.php on line 405