Futbolistas por boyberry

17:50: Jordi.
Hola, me llamo Jordi y, sí, llevo una de las empalmadas más grandes de mi vida bajo los short. Son las seis menos diez de la tarde y debería estar yendo a futbol con mis compañeros de la uni, pero acabo de pasarme la parada del campo. Y diréis, ¿qué coño haces con toda la equipación, las botas y la bolsa del entreno pasándote la parada de tu club? Ya, ya, esto no estaba planeado. Quizá estoy demasiado salido, pero… a veces es mejor dejar que el cerdeo te domine antes de convertirte en un mierdas pajeándote en tu habitación. Y hace ya un tiempecito que necesito dejar que el morbo me domine. Sobre todo desde que el otro día me empezaron a hablar de un local de tíos que, según me dijeron, estaba a un par de paradas de allí.

“Sí, tío, se llama boyberry y hay un morbo que lo flipas”. Raúl, un amigo de una de las tías de mi clase, nos había empezado a contar en la cafetería sus aventuras por las zonas de cruising gay de BCN. “Pero eso tiene que ser peligroso”. Mi pobre amigo Jose parecía que no tenía ojos en la cara. Al tal Raúl este, un poco afeminado, se le notaba el vicio hasta en la nariz. “Qué va, está controlado y te dan condones. Además, no sabes la de morbosos que van a allí y no tienen ningún problema”. Josu, un colega vasco me empezó a mirar: “¿estás bien? Te veo callado, tío” Sí, sí, estaba bien. Vamos que si estaba bien. Estaba bien, y mi rabo estaba rezumando felicidad y ganas de callarle a pollazos la boca a ese vicioso que estaba hablando.

Siempre me había considerado hetero. Es cierto que en el insti de vez en cuando caían pajotes con amigos, y alguna vez hasta me había visto porno gay, pero no fue hasta la uni las cosas empezaron a complicarse. Primero empezó como una coña de vestuario. Uno te tocaba el culo, tú se lo tocabas a él… Pero con las fiestas del equipo eso empezó a ir más en serio. Con el ron, la música, el ambiente… La mayoría éramos heteros, pero acabamos liándonos los unos con los otros. Colegueo, que lo llaman. Tios heteros que por una noche se lían con otros heteros. Sí, quizá era un rollo normal hetero. Unos cuantos besitos y después a volver con las mujeres. Sí, quizá era normal. Sin embargo, lo de que que me corriera en casa cuatro pajotes bestias pensando en el culo de unos cuantos de mis compañeros a lo mejor se pasaba un poco de la raya… En fin, que a mi me molaban las tías y no había más que hablar.
El problema es que el morbo me siguió aumentando aunque yo no quisiera. Primero porno gay, después dedos por el culo… incluso se me había puesto dura en las duchas. “Es por el toqueteo”. Sí, por el toqueteo… Por el toqueteo y por esos pollones peludos de macho… Ya no sé, quizá era la curiosidad por probar una vez, pero tenía ganas de hacerlo. Y ya después de lo que contó este chaval en la uni no podía contenerme. Tenía que probar. Y este local era el mejor sitio para hacerlo.

La parada. ¿Me bajo o no me bajo? A la mierda, con dos cojones. Joder, se me nota mazo el rabo duro… Me daba un poco de miedo porque además ni siquiera estaba duchado, pero bueno, supongo que a esas zorras les encanta una buena esencia de macho.
“Pues yo tengo mazo de morbo por los olores de los tíos”. Ya está el Raúl otra vez. Joder, ¿no te basta con haberme traído aquí que no te quieres salir de mi cabeza? Ala, ahí está la puerta. Espero que después de esto pueda volver a pensar como un tío normal y no tenga que estar pensando en guarradas a todas horas.

¿Qué coño? “Hoy es fiesta naked, solo se puede pasar desnudo a las cabinas”. Joder, esto es demasiado. Yo que solo venía aquí a probar y ahora… y ahora… Joder, que puto morbazo… “¿Y cómo de desnudo?” El chaval se descojonaba de mí, y no sé si era más por la pregunta o por la cara de vicioso empanado que llevaba. Al parecer solo se podía entrar con zapas y calcetos. Pero no era tan tontería: Llevaba calcetos de futbol, ¡a lo mejor no podía pasar con algo que tapara tanto! “No hay problema, más morbo tío. ¡Disfruta!”. No me lo podía creer. Ahí estaba yo, un tío de 1,80 supuestamente hetero, con el torso y los pectorales currados, peludete, sin depilar, desnudo y con las botas y los calcetos del entreno que me acababa de saltar. ¿Cómo no iba a estar con mis 21 cm de rabo mirando al cielo antes de entrar? Puff, quería follarmelos a todos, y eso solo acababa de empezar…
Ala, ya estoy dentro. ¿Quién sería el primero? Hasta tenía precum en el capullo… Venga, allá vamos. Entro, una ojeada. Bueh, ese tío está bien, pero tampoco… Y el otro, pero ¿y ese rubito?
1,70, depiladito, buen culo… Joder, que morbazo. Y menuda pinta de pasivo: este tío tiene que ser mío. ¿Ya, pero y el riesgo? Ya, ¿pero y tu puta madre? Tengo condón, no pasa nada. Y ya vuelve a responder mi rabo. Joder, que ganas… Pasa a mi lado, me roza… ¿No será un calientapollas, no? Me vuelvo, me está mirando. Parece que quiere que le siga. Venga, va, a ver dónde quieres ir.
Al parecer hay como unas escaleras. Serán cabinas más privadas, le dará vergüenza estar delante de la gente. Bajo, sofás… ¡¿Una jaula?! Dios, ¿qué están haciendo?
Si os pudiera hacer una foto, fliparíais. Una jaula, visible para todos, con dos tios buenos follando dentro. Y solo os digo que mi rabo vuelve a estar duro, como el del monton de machos que se la están pelando al lado de la pareja exhibicionista que está follando dentro de la jaula. Ah, y volvería a tener el capullo lleno de precum si este rubito no me lo hubiera lamido ya. En cuanto entramos en la zona oscura ese cabrón se arrodilló y empezó saborear rabo de macho. No quería algo más tímido, ¡a ese cabrón le ponía que le vieran! Y había un huevo de machos dispuestos a mirar: unos musculitos, otros jovencitos, otros maduros… pero todos con el rabo duro bajándose el prepucio desde el capullo hasta los cojones. Y me encantaba que miraran… ¡Joder, le quería partir la boca a este chaval!

Tres de los tíos se han puesto a mi lado. ¿Te mola mamar rabo? Pues te vas a enterar. Primero te cojo, te llevo con buen mamón al de la derecha, y ahora se la vas a comer el rabo al ritmo que yo te haga comer… Después al de la izquierda, que tiene la polla más ancha… Ahora otra chupadita a mi… Dios, estaba en la gloria. Y esos machos… Qué machos. El de la izquierda era guapo, de mi edad, pero el de la derecha… Qué cuerpazo tenía. Treinta años, también peludito, un rabo un poco más grande que el mio… El cabrón estaba para comérselo. Y lo sabía. Sabía cómo le miraba… “Vamos a las camas”. ¿Había camas? Puff, este sitio era la hostia. Y no quería parar de sentirlo…
Le seguimos. Él guiaba. Menudo culazo tenía, y menudas espaldas. Ese hijo de puta seguro que hacía ejercicio. Tenía pinta de ser un papi de esos con hijos que cuando se van a comprar con sus mujeres terminaban follandose al primer pasivo que ven en un baño del centro comercial… Sí, no se si eso es solo en las pelis porno, pero esto cada vez se parecía más a una. Fuimos los cuatro detrás de él, y nos llevó a una cama supergrande que había tras la jaula. Eso sí era vicio. Un tío al que se la comían dos, otro, follandose a un cabrón… Puff, había nacido para estar aquí. ¿Qué haces? Me acaba de tirar el tío a la cama. “Ahora te vas a enterar, futbolista”. Me levantó las piernas, y joder… ¡me estaba comiendo el culo! Dios, soy morboso, peeero… Esto era demasiado. Encima, me había duchado esta mañana. Estaría sudado… “¿No te gusta?” No, joder, estaba sudado, no… “Mejor”.

No os puedo describir el placer cuando eres consciente de que estas haciendo algo demasiado vicioso pero sabes que te encanta. Cuando sientes que al macho que antes te estaba besando ahora tiene la lengua rodeando tu ojete peludo y lleno de sudor. Y sobre todo cuando tienes la puta lengua ardiendo y necesitas que ese macho te la calme con el sabor del culo sudado que se acaba de comer. Y no puedo, necesito sudor… y parece que él no quiere dejar de comérmelo. Sí, tengo que comer… y el culo de mi rubito está pidiendo guerra.

Menudo vicio teníamos: El macho de 30 años me seguía trabajando el culo mientras el rubito había puesto su culo sobre mi cara para que me lo comiese mejor. Y ya no estábamos solos: unos diez de los pajeros se habían puesto rodeándonos mientras se la pelaban como animales. Mi rubio mamón no les podía dejar así: mientras les hacía mamadones a los otros dos musculitos que se habían puesto junto a nosotros antes, iban pasando los pajeros a que también se la comieran un poco. Esto se estaba convirtiendo en un bukkake en toda regla. Y yo mientras tanto con mi culo abierto y mi polla deseando meterse en ese culito tragón que sabía a Dios.
Noté una mano recorriéndome el pecho… No me podías venir mejor. La llevé a mi polla y acto seguido se la llevo a la boca. Puff, que gustazo. No sabía quién me la estaba mamando, pero me encantaba. Era alguien con maestría, con vicio, con ganas de mamar… Mejor que una tía, mil veces mejor. Le dejé el culo a mi rubito para mirar la cara a mi mamador profesional… ¡Joder, era Raúl!

Y que cara, que vicio… Si ya me parecía vicioso hablando en la uni, aquí era un puto degenerado. Tragandosela a saco, con el culo rojo, cuerpo lampiño… Aun no me ha visto, pero, Dios, que puto cabrón… Aun así, tengo miedo. ¿y si me reconoce y se lo dice a todos? Ya lo estoy viendo, tras tantos años de hetero rompecoños, ala, fama de maricon… ¡Pero es que la come tan bien! Y además, no puedo escapar. Puff, no, no puede ser… y se está levantando, ¡me va a mirar! No, otra vez te la vas a meter hasta los huevos.

Lo mejor de follarle la boca era como sonaban sus babas… Esta rojo, pero se que le está encantando, joder, así, sigue… Me ha reconocido la voz. Sí, has reconocido la voz de tu macho. Y aún así mamas con más fuerza… Esto te va a encantar, y no va a quedarse aquí. Quiero convertirte en más putita de lo que ya eres… Y ahora el tio de 30 se levanta. Joder, quiero más. Y que cara de vicio. ¿Qué piensa hacer? Me coge las piernas, quita a Raúl. “Lo siento tio, pero creo que este culazo ya está apunto”. ¿Qué? ¿No me pensará follar? Joder, soy virgen, me va a destrozar. “No te preocupes, no te va a doler” Puff, no, no estoy seguro, pero está tan bueno… Y necesita follar. Joder, ya la siento, ya la empiezo a sentir. Es como el dedo, pero a lo bestia. Dios, me va a destrozar… ¡Joder, qué pollón!

20:08; Joan.
No era la primera vez que nos liábamos, pero sí era la primera vez que conseguía convencer a Luis de venirse conmigo al boyberry. “Tío, eres un morboso, además, hoy con estas pintas no nos van a dejar pasar”. Daba igual las veces que le dijera que hoy había naked y que los futbolistas poníamos cachondos en el mundo gay. Ponía la excusa de mierda para mostrar que no estaba convencido, pero en el fondo quería que se le da desmontase y venirse. Desde aquella fiesta del equipo en la que nos liamos sabía que a este tipo le iba a molar venirse a sitios como este.

Rocafort, bajamos. Ya, quizá si era un poco tarde, pero en fin, no podíamos hacer otra cosa, teníamos entrenamiento. Y no, joder, le podía convencer para ir, pero saltárselo… Puff, ni en sueños. Entramos, nos desnudamos… “Hoy es el día de los futbolistas”. ¿Qué coño decía el del local? Bah, no sé, será que alguno habrá venido también con pinta hetero. Parece como si a los bi nos pusieran ya la estampita de heteros futbolistas empotradores. De verdad, cuando en el mundo gay deje de haber estereotipos contra los bi creo que voy a volver a tener fe en la humanidad.

“Esto está muy oscuro”. No te preocupes, joder, que abajo es donde más morbo hay. Ya veras, hay una jaula… Sin embargo, ¿qué pasaba hoy? La jaula estaba vacía y había un huevo de gente al final, en las camas. “Mira, parece que el morbo hoy está en las camas.”

Y cuando nos acercamos, vimos la razón. Jordi, nuestro puto compañero de equipo, el más machito de la clase, estaba siendo follado por la boca y por el culo por dos tiarrones treintañeros. Y joder, como gemía. Como disfrutaba. Tenía leche por la cara y en la tripa. El cabrón ya se había corrido y volvía a tener la polla a reventar. ¿Con que por eso no habías ido al entreno, cabrón? Ese tío llevaba ya un buen rato disfrutando de lo que significa un buen rabo. Y todos esos tíos alrededor, pajeándose… Seguro que estaban esperando su turno. Hoy a Jordi le iban a follar más de una vez. Y no sería la última. “¿Ese es Jor…?” Pobre Joan. No pudo terminar. Le tiré para abajo, le cogi de la cabeza y le empecé a follar la boca. El cabrón me había pedido que no nos duchásemos, que así llegábamos antes y podía decirle a su papi que solo se había entretenido un poco después de entrenar. Sí, el cabrón era un morboso con piel de cordero. Si su padre supiera lo que disfrutaba su hijo oliéndole los cojones sudados a su compañero de equipo mientras se la comía probablemente ya no le dejarían venir a futbol. Y tiene razón, ¡es que somos unos degenerados! Mira a ese macho de Jordi. Si con ese culazo tragón era la mitad de vicioso que Joan, creo que esta no sería la última vez que el entrenamiento terminara en boyberry. Y ni tan mal, ¡joder! Ya he visto a un par más que se quedaba mirando las pollas de los demás. Y si quieren polla, pues ¡hay que dársela! Tenemos que alimentar bien a nuestros deportistas. Si, comenzaba un vicio difícil de parar, pero en fin… puedo aseguraros que no lo vamos a pasar precisamente mal.