Un día por Madrid

Había quedado con mis amigos a comer, pero ellos tenían que volverse pronto, así que les dije que me quedaba por Madrid. Habíamos quedado a comer por Gran Vía, así que tenía claro como iba a seguir la tarde. Me iba a tomar una copa para bajar la comida en la calle del Desengaño esquina calle de Valverde, a ver si había alguien interesante con quien pasar la tarde y hacer algo interesante. Anduve un poco entre el tumulto de la calle Gran Vía, estaba llena de gente porque era fin de semana. Hacía un poco de frío porque era otoño, así que llevaba puesto un abrigo largo de esos con pelusa en la capucha de los que se llevan ahora, que parecen de malote, de chulo de barrio, aunque yo soy todo lo contrario, tengo carita de niño y soy un buenazo. Aunque a veces soy un poco diablillo… Ya sabéis…
Entré en el local. Había un poco de cola en el ropero, 3 ó 4 personas. Empecé a mirar disimuladamente a los tíos que estaban en la zona del bar. Había algún madurito musculado, un par de jovencitos afeminados, un grupo de la tercera edad… el público de siempre, vaya. Dejé el abrigo, saqué la cartera para pagar el euro que cuesta y el camarero ya me preguntó que quería. “Un ron con ron cola, por favor”, le contesté. Hoy no estaba el actor porno sirviendo copas, una pena, con lo que me pone ese tío. Cogí una servilleta y posa vasos que ponía TOP. Me fui a una de las barras laterales, pues había una silla libre, en la que me senté mientras me tomaba la copa y saqué el móvil para mirar si por las aplicaciones había alguien interesante en el local, mientras ojeaba con curiosidad a los hombres que allí se encontraban, para luego reconocerles entre la oscuridad.

No vi a nadie que me interesara por el móvil, así que me terminé la copa rápido y pasé al baño de la primera planta, dónde entré en un WC para hacer pis y concienciarme de entrar en la oscuridad. Nada más pasar los baños había un grupo de hombres fuera de las cabinas que estaban libres, como esperando que alguien se acercase y les dijese, “¿entramos?”. Aquí es lo único que hace falta, una palabra. A veces incluso las palabras sobran. Me acerqué a ver como estaba la parte de las cabinas con Glory Hole antes de bajar a la planta de abajo. Estaban todas ocupadas y se oía a varios tíos gemir mientras se la chupaban, y a unos follar como descosidos. Qué pena no poder meterme en la cabina de al lado para verles. Como me pone oír gemir a los tíos. He estado suficiente y oído suficiente para empezar a ponerme cachondo. Bajo por las escaleras y en el primer hueco me encuentro a dos liándose. Uno con los pantalones bajados y su acompañante le tiene bien agarrado el culo. El otro tiene la polla fuera dura mientras se la masajea con ímpetu. Ya sí que la tengo dura yo también.

En el sofá hay un señor mayor pajeándose mientras mira las escenas de pornografía gay que se proyectan en la pantalla. Paso a ver si hay alguien en el laberinto y solo me encuentro a un tío que me intenta encerrar allí, pero yo le hago un gesto diciendo que no y me voy. En las cabinas de abajo se oyen a tíos follar, chupar, azotar culos… Y en la esquina oscura del fondo tiene montada una verdadera orgía, o eso es lo que me parece ver al pasar. Llego a la sala grande y en la cama hay un tío que está de rodillas mamando dos pollas y al lado otro que se prepara para penetrar a su compañero. Le da embestidas con violencia y parece que los recibe con mucho placer. Uno de los que le están practicando le da un azote en las nalgas al que se están follando. Mientras alrededor un grupo de maduritos se están tocando viendo la escena. Me fijo en la polla de alguno, por si acaso no hay nada interesante, igual me animo y me pongo de rodillas yo también, que a una buena polla nunca se le dice que no.
Me iba a sentar en uno de los sofás, a ver si venía alguien interesante o pasa algo que fuese memorable, mientras veía la escena de la cama, la cual prefiero a las escenas del porno de la pantalla, pues esas ya las puedo ver en mi casa. Pero antes de hacerlo ya había visto a mi presa. Él tenía que ser con quien disfrutará esta tarde fría de otoño. Era un jovencito tan mono, un twink de los que me gustan a mí. Estaba mirando el porno sin parpadear y tenía las manos encima de su bulto. Segurísimo que estaba cachondísimo y moría de ganas de que alguien le ayudará a calmarse. Me acerqué a él y le dije un simple “hola”, mientras posaba las manos en sus piernas. También un escueto “hola” me contestó él, temblándole la voz y tragando saliva. “¿Qué haces por aquí tan solito?”, le dije mientras subí aun poco más la mano. Al ver que no ponía resistencia no esperé respuesta alguna y me lancé a su boca. Que beso más rico, de esos que te mojan el capullo.

Mis manos iban subiendo y acabaron en su polla. Menuda polla debía de tener por lo que se palpaba desde fuera, pensé. Paré de besarle y le miré fijamente mientras le desabrochaba la cremallera y el pantalón, con cara picara. Ya me había vuelto un diablo. Le agarré la polla allí mismo y mientras le seguía besando me puse a machacársela. Efectivamente tenía una buena polla, gorda y grande, de las que me gustan a mí vaya. La otra mano acarició un rato si perineo y sus testículos y subió para acariciarle todo el cuerpo y detenerse en sus pezones y en su pecho. Menudo cuerpo tenía el niñito. Había ganas de desnudarlo. Le toqué la cara y tenía los mofletes calientes. Mientras seguía pajeándole apagaba algún gemido mientras mi lengua recorría toda su boca y vuelta a empezar. De pronto él me empezó a tocar el paquete desde fuera del pantalón. Paré de besarle y le miré fijamente mientras me retorcía de placer. Quería que la agarrará.

No me lo pensé dos veces y me la saqué. Estaba dura y mojada. La acerqué a la suya y le puse la mano para que agarrara las dos. Al cabo de un rato sintiendo el placer de tener su polla pegada a la mía, nos agarramos cada uno la polla del otro y empezamos a pajearnos como si quisiéramos corrernos en ese mismo instante. Qué placer. Me acerqué a su oído para gemirle y decirle lo bien que lo estaba haciendo. Le besé la oreja y gimió. Le besé el cuello y gimió. Con la otra mano subí hasta el pecho y tenía el corazón a cien por hora. Le dije que si quería que nos fuésemos a una de las cabinas para seguir. Abajo había una abierta en la que había una pareja. La verdad que era otros dos jóvenes que estaban buenísimos así que mi joven rubio de ojos claros no dudo entrar. Nos miraron un momento, pero ellos siguieron a los suyo. Estaban los dos desnudos, y uno le estaba metiendo el dedito por el ano mientras se enrollaban.

“Puff, como me pone esto”, pensé. Le estampé contra la pared de la cabina y le desnudé en menos de un segundo. ¡Qué bueno estaba! Cómo lo iba a disfrutar. Primero, le besé en la boquita, sin lengua. Luego le besé y lamí el cuello por un lado y por el otro. El pecho. Los pezones. El torso. La tripa. El ombligo. La cadera. Hasta que legué su pedazo de polla. La lamí desde arriba hasta abajo y me detuve en sus testículos, mientras le miraba resoplar y poner cara de placer. Luego le volví a lamer todo el tronco, mirando esta vez a la otra pareja. El que le estaba metiendo el dedito por el culo se disponía ahora a comérselo y el chico que lo recibía gritaba como una perra. Me puso tan cachondo que cogí la polla de mi compañero y me la metí hasta la campanilla. Él me cogió la cabeza mientras movía la cintura. ¡Yo gemía aunque no se me oía! Me la saqué para poder respirar, estaba llena de saliva. Le engullí el capullo antes de sacármelo de la boca, lo lamí y lo besé dulcemente, para después alzar la vista mientras le pajeaba. Estaba mirando a la otra pareja, pero al percatarse de que había parado me miró a mí, me dijo que subiera.

Me besó apasionadamente. En ese momento los dos nos dimos cuenta que la pareja con la que compartíamos cabina se había puesto a follar. Paró de besarme y me susurró al oído: “me corro”. Puff, me llenó todo el pecho de lefa caliente. Yo estaba ya demasiado cachondo. Así que me puse en su lugar y empezó a lamer todo el pecho, después de su corrida y se metió mi polla entera a la primera. Le agarré la cabeza y comencé a moverme mientras miraba sin parpadear a la pareja que follaba a nuestro lado. El que hacia de pasivo tenía una polla gorda preciosa y el activo se la estaba tocando muy ricamente. No paraba de pedirle que le diera más, que no parase. Yo dejé respirar un poco al mío y le bajé la boca para que me comiese los huevos y él tomó la iniciativa de bajar un poco más e intentar llegar a mi culo. Me puso demasiado cachondo, me entró un cosquilleo que sabía que me iba. “Me voy a correr” dije bien alto, como si quisiera que me escuchara todo el local. Le llené el lado izquierdo de la cara de mi semen mientras temblaba. Me corrí en toda su cara preciosa blanquita de niño veinteañero.

Nuestros compañeros parecía que estaban muy agitados. Se oían ya las envestidas que le metía. Cogí papel para limpiarle la cara a mí niño, y yo limpiarme lo que había dejado sin limpiar él de mí pecho. Entonces la pareja dejó de follar. El que había puesto el culo se agachó corriendo con la lengua fuera y la boca abierta, y el otro tío le llenó toda la boca de lefa que se tragó al instante, para luego volver a meterse la polla de golpe en la boca, absorbiendo y chupando los restos de semen que le había quedado. Se la dejó reluciente. Acto seguido, cogió el que le había dado polla y le agarró del cuello. Le puso contra la pared sin soltarle mientras con la otra mano le pajeaba hasta que también derramó sus fluidos llenándole la tripa de ese preciado líquido, que da la vida. Al final había rentado la tarde. Ahora solo quedaba ir al baño a mojarse la polla en el grifo, enjuagarse un poco la boca con agua y beber. Peinarse un poco y respirar después de todo aquel morbo.