Tardes inesperadamente buenas

No suelo frecuentar espacios de cruising, ni al aire libre ni en espacios cerrados. Pero hay momentos en los que surgen ciertas historias que son inesperadas pero que siempre vienen llenas de morbo y guarreo.

Un cálido día de invierno me dirigí a Barcelona porque había quedado con un amigo para pasar la tarde entera juntos, dándonos mimos y follando salvajemente toda la tarde. Llevaba una pequeña mochila negra donde traía mis dildos dentro para utilizarlos mientras jugábamos.

Para mi sorpresa, una vez cogí el tren, a mi amigo le surgió un imprevisto, así que el plan de aquella tarde de sexo y ternura se quedó en el andén, donde entré, en aquellas cercanías que me llevo al centro de Barcelona. Yo ya iba preparado: estaba muy cachondo, con muchas ganas de jugar y con el culito bien limpito después de haberle dedicado un buen rato a limpiarme para estar bien listo para mi amigo y poder entregarme a él sin barreras. El problema fue que todo se fue por la borda.

Después de todo el jaleo para prepararme y después de haber entrado ya en el tren, no me quedaba otra que ir al centro, aunque fuese a pasear o buscar algún otro plan con alguien para no desaprovechar el viaje que ya había gastado. Así que como esa tarde hacía muy buen día, decidí bajar en la estación de Francia de Barcelona para pasear por la Ciutadella y darme una vuelta por el puerto.

Ciertamente iba muy cachondo. El hecho de pensar que tenía mi culo limpito y no poder aprovecharlo me daba cierta rabia, así que me dejé llevar y bajé en la estación de Francia, bonito lugar para hacer cruising en los lavabos públicos. La verdad es que allí siempre suele haber cancaneo y siempre que he ido me he llevado premio, así que me decidí entrar y ver qué pasaba.

Entre muy nervioso, como de costumbre. Aunque el cruising no es lo mío, siempre dispara en mi cierta adrenalina que me pone a mil por hora. Mi sorpresa fue que al llegar allí no había nadie en aquel momento, así que tranquilamente me bajé la cremallera, saqué el rabo en el meadero y muy suavemente empecé a tocarme mientras poco a poco se iba poniendo la cosa dura.

A los pocos minutos entraron dos hombres. Uno era bastante mayor y no me llamaba mucho la atención. El otro tendría unos cuarenta y pico años, alto, robusto de cuerpo y bastante atractivo, por no hablar de el pedazo de rabo que se sacó del pantalón cuando fue a mear. Su polla era totalmente digna de su estatura y robustez.

Me miraba mucho, pero a la vez se escondía. Yo no podía esperar más, así que me fui del meadero y entré en el último de los lavabos individuales que había. La verdad es que pensaba que entraría justo detrás mío. De hecho, me quedé sentado esperando a que entrase para comerme ese delicioso rabo, pero no lo hizo. Así que saqué uno de mis dildos bien grandes que llevaba en la mochila, lo mojé un poco con mi saliva, me puse a cuatro patas en el váter y empecé a metérmelo bien adentro.

Cada vez que mi dildo entraba y salía de mi ojete se escuchaba, a la vez, el aire entrar y salir de mi culo. Quería que lo escuchase desde fuera para ver si entraba. Me moría de ganas de que me viese a cuatro patas con el dildo bien metido dentro y con el ojete completamente abierto. La verdad es que no tardó mucho entrar: no pasaron ni dos minutos y por fin se decidió a meterse en el baño conmigo.

El corazón me iba a mil cuando entró. Estaba tan excitado que no podía esperar a dejar que jugara con mi culito, darme la vuelta y empezar a comerle el rabo. Y, para mi sorpresa, nada fue como tenía en mente. Cuando quise girarme para sentarme en el váter y comerle la polla, me agarró el culo con las dos manos para que me quedase a cuatro patas, me saco el dildo del culo y cuando se me quedo el ojete abierto metió la punta de su rabo y empecé a notar como algo caliente invadía mi cuerpo por dentro: se estaba meando dentro.

Me estaba muriendo de placer. Nunca había tenido una experiencia tan morbosa estando de cruising y aquello para mí fue lo más. Al principio, cuando empezó a mear, me agarraba el culo con fuerza. A medida que iba vaciándose dentro de mí sus manos se iban relajando hasta que tan solo se apoyaba en mí. Cuando terminó, saco el rabo de su culo, se sacudió el rabo por mi espalda para soltar las cuatro gotas que le quedaban, me metió el dildo dentro con toda la meada y salió cerrando la puerta.

Me quedé a cuadros aparte de muy cachondo. Me saqué el dildo con cuidado para que el pipí de dentro de mi culo no cayera fuera, me senté en el váter y solté todos los chorrazos que me había dejado dentro. Que placentero es soltar el pipí cuando se te mean dentro. Su meada salió tan limpita de mi culo que fue el toque final para desear con más fuera tener un buen rabo dentro de mi culo.

Así que me limpié bien, salí del baño y me dirigí a Boyberry para pasar una tarde de las buenas como las que siempre disfruto cada vez que voy.

Al entrar dejé todo en la taquilla. Pensé en entrar con los dildos, pero de lo que realmente tenía ganas es de tener buenos rabos dentro, así que lo guardé todo y entré a las cabinas. Algún que otro rabo asomó por los gloryhole, todos muy buenos, pero nada que saliera de ahí. Hasta que entra un chico donde yo estaba. Alto, algo musculado, muy bien vestido con polo y tejanos puestos. El chico me encantó. Rápidamente se quitó el cinturón, sacó el rabo y lo puso encima de mi cara. Me dijo: “no lo chupes, huélelo”.

Con lo que me gusta a mí oler…aquel momento me encanto. Su rabo olía de maravilla. Alguna que otra lefada se habría pegado ese mismo día porque lo traía bien trabajado y eso me encantaba. Mientras le olía el rabo él se tocaba los pezones y yo iba notando como las gotillas de líquido preseminal se quedaban enganchadas en mi cara. Hacía tiempo que no estaba con alguien que disfrutase tanto con los olores, así que yo estaba más que en mi salsa.

Cuando la terminé de oler se quedó con el rabo como una piedra, así que como estábamos en los gloryholes me propuso de ir a una de las cabinas para poder estar tranquilos y despelotarnos sin problema. Evidentemente, le dije que si sin pensármelo.

Al entrar a la cabina se quitó el polo y mi sorpresa fue que llevaba una camiseta de tirantes puesta. Es uno de mis grandes fetiches y verlo con ella puesta me encendió aún más lo que estaba. Se quedó con los brazos levantados y me pidió que le oliera los sobacos. Asentí sin pensármelo.

Estaban bien poblados de pelo, olía a su olor natural y yo no hacía más que restregar mi cara notando como cada uno de sus pelos rozaban mi rostro. Se los empecé a comer y a lamer como si no hubiese un mañana, como si fuese un perro que está lavando a su compañero. Cuando terminé, bajó los brazos, se quedó con la camiseta de tirantes puesta, volvió a sacarse el rabo, pero esta vez sin bajarse los pantalones. Tan solo abrió la bragueta, sacó el rabo por ahí y se quedó vestido. No se sacó ni las bambas que llevaba puestas.

Me hizo desnudar delante de él. Cuando me quedé completamente sin ropa me hizo poner las bambas que llevaba, me puso de rodillas y seguidamente me agarró de la nuca y me metió todo su rabo en mi garganta. Me la hizo aguantar ahí dentro mientras vi como cogía de mi ropa los bóxer que llevaba puestos para olerlos mientras le comía el rabo. Yo estaba muerto del morbo, no podía gustarme más esa situación. Después de un buen rato mamándole el rabo hasta las amígdalas, me la sacó de la boca, me hizo agachar para que restregara mi cara en sus bambas y mientras yo estaba así, él empezó a mojarse los dedos para metérmelos en el culo.

Enseguida empezó a gemir al notar como mi culo estaba tan calentito y tan mojado por dentro. Yo lo estaba gozando, pero más gozaba de pensar lo bien que iba a entrar su rabo dentro de mi ojete. Después de meterme hasta cuatro dedos removiéndome bien por dentro, me dio la vuelta, me puso a 4 patas y empezó a meterla hasta que sus huevos rozaban mi culo. Una vez la metió entera, la dejó unos segundos dentro mientras mi culo iba mojando y acomodando su rabo en mi interior.

Empezó a embestirme bien fuerte mientras abría mi culo con sus dos manos. Cada vez que la sacaba mi ojete se quedaba abierto de par en par, ideal para escupirme y que entrase todo dentro para seguir dándome fuerte. No hay cosa que me haga gozar más que alguien sepa disfrutar de un buen culo abierto. La sacó de golpe, me puso contra la pared y siguió dándome fuerte mientras yo aguantaba esos pollazos por dentro. De repente, la sacó de golpe, me hizo agachar y me dijo: “prueba tu culo de mi rabo”. Me empezó a follar la boca bien y cuando vio que mi boca babeaba empezó a besarme muy intensamente. Las gotas de sudor de su cara caían sobre la mía y lo mejor de todo es que él, al darse cuenta de ello, me lamía la cara para limpiármela de su sudor.

Sin más, se guardó el rabo, me dijo que iba un momento al baño y dejo la puerta abierta. Aún recuerdo sus palabras: “quédate ahí a cuatro patas hasta que yo venga”. Y eso hice.

Al poco rato de él salir, entro otro chico al verme ahí esperando con el culito bien puesto. Yo estaba muy cachondo, no sabía si el otro chico quería compañía o no.…yo en aquel momento solo quería servir a quien entrara. Se acercó a mí, empezó a acariciarme el ojete con las manos, se agachó y empezó a lamerme el culo hasta que me lo dejo bien mojado. Me encantaba porque estaba seguro de que sabía que lo tenía bien follado y eso le puso a mil.

Después de comerme el ojete, se sacó el rabo y empezó a rozarlo por mi culo. ¡Qué rabo tan grande! Era muy largo y gordo, todo rasurado y con los huevos bien gordotes. Yo tenía el culo bien abierto y mojado después de la tarde que llevaba, así que nadie tenía más ganas que yo para que ese rabazo entrara dentro de mí. Empezó a meterla deslizándose poco a poco dentro hasta que no había más rabo que meter. ¡Qué sensación la de tener un buen pollón que está abriendo paso por dentro…!

En aquel momento junté mis piernas mientras estaba completamente a cuatro patas y empezó a follarme bien. No tan duro como el otro, pero a un ritmo que me hacía temblar hasta las piernas. Y justo en el momento en el que me había olvidado del primer chico que entró, apareció abriendo la puerta del vestíbulo donde estábamos. Escuché como le decía: “¿has visto que culazo te he encontrado?”

Cuando escuche eso mi culo aún se mojó más por dentro y mi rabo se puso como una piedra. No podía sentirme más sumiso y a disposición de esa pareja de amigos que habían entrado para pasárselo bien y yo estaba más que satisfecho por poder darles todo el placer que estaban buscando.

Empezaron a turnarse mi culo, yo tan solo tenía que ponerme como ellos quisieran. Hasta que después de ponerme de mil y una posturas, me hacen poner a cuatro patas de nuevo, se ponen los dos juntos detrás mío y empiezan a metérmela los dos a la vez. Estaban intentando abrir paso para hacerme una doble y yo estaba que me moría de las ganas.

Así que los dos la sacaron de mi culo y, a punto de correrse, me iban a hacer una doble y estaba seguro que de las buenas. Mientras el chico del pollón se estiró boca arriba, yo me senté metiéndome su rabo hasta dentro espaldas a él y cuando ya estaba incorporado, el otro, encima de mí, la metió sin pensárselo. Aquello fue una auténtica gozada. Me tenían bien enganchado y sabía que no iban a soltarme hasta que los dos terminaran.

Mientras el que estaba arriba me tapaba la boca con la mano para que no gritara mucho, empezaron a petarme los dos a la vez. Mi culo enseguida se hizo a esas dos pollas. Estaba completamente abierto para recibir esos dos lefazos que tanto estaba esperando. Empecé a escuchar como la respiración de los dos cada vez era más intensa. El chico del pollón que estaba abajo estaba a punto de correrse y el otro empezó a embestir más fuerte para llegar a la vez los dos. Y así fue.

En aquel momento empecé a escuchar como los dos gemían con los tremendos lechazos que se estarían pegando dentro de mi ojete. Yo no sabía cuál de los dos estaba dando más fuerte, tan solo notaba como mi culo se quedaba hecho agua mientras ellos descargaban dentro. Poco a poco fueron bajando el ritmo, se quedaron los dos unos segundos dentro de mí mientras yo tenia el corazón a mil por hora del éxtasis del momento.

Empezaron a sacar los rabos poco a poco y cuando ya estaban fuera cerré el culo rápido para que no se escapara ni una gota. De poco me sirvió porque el primero de los chicos fue directamente con sus cuatro dedos a meterlos dentro de mi culo mientras yo estaba aún boca arriba con las piernas abiertas para batirme las dos lefadas dentro. Movió los dedos con tanta rapidez que ya no daba crédito a nada. Aun así, me dejo la leche dentro. Por supuesto, cuando saco la mano se la limpié bien con la boca y pude notar el gustito a lefa que se había quedado.

Rápidamente me agaché, cogí los dos rabos con mis manos y los limpié con mi boca para que no quedara ni rastro de la lefa que habían derramado dentro de mí. Al terminar me dieron dos palmaditas en la cara, se abrocharon los pantalones y salieron de la cabina donde habíamos estado toda la tarde.

Con la boca con sabor a rabo y el ojete bien relleno de lefa, me vestí, fui al baño a mear y salí del local deseando llegar a casa para llegar, despelotarme tranquilamente, tumbarme en la cama piernas arriba y soltar los dos trallazos de leche que me habían dejado dentro como premio. Y, por supuesto, para comérmelos y no dejar ni rastro de las lefazos…

Y si, estaban muy buenos…