Y perdido en el laberinto te encontré…

Los astros se habían vuelto a alinear y se juntaron el mismo día dos actividades en Boyberry, la sesión en ropa interior y el día que los pollones de 20cm entrábamos gratis. Demasiada tentación para no ir… A pesar del frío que estaba pegando, la doble sesión morbosa fue el 20 de febrero, estaba seguro de que un poco de cruising subiría mi temperatura corporal.

Ante el espejo me probé varios modelos de calzoncillos Addicted, joder, que buen paquete me hacían. Los slip amarillos siempre me dan un buen resultado, marcando un buen bulto que quedaba recogido en la bolsa del slip. Bueno, eso y el pedazo de cockring grueso que me había comprado recientemente y me ponía la polla dura en 0,5 minutos… Una última mirada ante el espejo y pensé, espero que el bultako sea lo primero que vean y no el poco (o nada) esculpido cuerpo que tengo, y eso que voy al gym, pero nada, a mi edad, los músculos ya no se trabajan… Claro que las bravas y las cervezas tampoco ayudan…

Ah, me dejaba otro detalle, mi cara de aspecto juvenil, la barba recortada y mi mirada seductora eran puntos a favor. Sin aspecto de empotrador pero de mirada afable, vamos de los tíos que sin saber porqué, abrazarías…

Un último repaso antes de salir de casa a la perdición…cockring, sí; condones, creo que llevo demasiados, pero bueno…; ¿lubricante?…mmmm, no llevo, pero un buen lapo y pa’ dentro… mierda el Popper, bueno ya gorronearemos… listos ya, a ver que pillamos hoy.

Como otros, me desnudé ante las taquillas, noté que de reojo me miraban, yo también me fijé en la multitud de jockstraps que había… mmmm, cuánto culo follable… lo pensó mi cerebro y recibió mi polla apretada por el cockring… vamos bien, pronto el slip marcará un buen bulto.

Siempre he pensado que entrar en Boyberry era como estar en una orgía de Sodoma y Gomorra… puertas que se abren y cierran, tío de rodillas, ruidos de pestillos (tanto de puertas como de las ventanillas de los gloryhole), gemidos, rugidos, palmadas en nalgas pre follatorias, gritos orgásmicos… un mapa de sonidos, olores y paisajes que me ponían más caliente que el palo de un churrero.

Dejé el piso de arriba para más tarde y me dispuse a visitar el sótano. Dos tíos jóvenes muy locas iban comentando:
– Sí, tío, se están pegando una orgía que no veas, 5 tíos o más follando como perras desatadas!!
– Pues vamos tía, que tú y yo estamos muy necesitadas y queremos un toro que nos empotre.

Ante tal publicidad, no me lo pensé dos veces y bajé las escaleras.

La escena grupal de sexo había creado una gran expectación, cinco chulazos bien morbosos, cortados por el mismo patrón-marca-de-la-casa-de-la-Gaixample. Fibrados de gimnasio, peinado cortado a la moda, ropa y calzado de marca. Dos de ellos llevaban un arnés que marcaba su pectoral definido y los otros 3 iban en pelota picada. Morreos por aquí, mamadas por allá, comidas de culo, intercambios de salivas, dedos juguetones y pollas duras como lanzas a punto de reventar… el efecto ante la multitud de espectadores no podía ser más gratificante, algunos con la polla en mano se pajeaban, otros se dejaban pajear y otros ya directamente se la estaban mamando… De ahí a representar la escena de la orgía de El perfume iba un paso.

Empecé a magrearme el paquete, dando forma a la morcilla prieta por el aro de acero. Mientras me estaba manoseando, mis ojos se cruzaron con un chaval que me miraba fijamente. Tendría unos 30 y muy pocos, pelo corto, fibradillo pero más bien tirillas, más bajo que yo y con cara de travieso-morboso-ven-aquí-que-te-la-voy-a-mamar-como-nunca. ¡Chapó!, llevaba jockstraps, ¡bien! pensé, me ponen mucho que vayan con el trasero destapado.

Con total descaro, clavé la mirada en sus ojos y seguí poniéndome a tono el bulto, notando cada vez la polla más dura. Él se mordía el labio y ponía mueca de “estoy en celo”.

De pronto mi objeto de deseo desapareció en la oscuridad. Estaba claro que quería jugar y allí empezó la cacería. Primero por los espacios del sótano. Lo busqué en cabinas, en zonas oscuras, evitando caer en las redes de manos tentadoras que me tocaban el paquete y el culo reclamando mi atención…pero yo sólo lo quería a él. Me di paso entre grupos de tíos que se pegaban el lote mientras el morbo crecía en mí. Subí las escaleras prosiguiendo la búsqueda.

Escuché voces y gemidos varios, pero no tenía la mínima idea de cómo sería su voz, ¿sería de los que gemirían mientras lo follaban? Me metí en el laberinto, en total oscuridad iba palpando paredes y cuerpos. Comprendí que en aquella oscuridad sería muy chungo encontrarlo. Cuando estaba a punto de abandonar la búsqueda y esperarlo en alguna zona común, unos brazos me agarraron y me metieron dentro de una cabina…

¡Clac!!, se cerró un pestillo. Unos dedos recorrieron mis labios
– Chissss, torito. Ya te he encontrado… – dijo una voz agradable en la penumbra.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, reconocí su cara y sus ojos penetrantes que me comían con la mirada.
Cerró las dos ventanillas del gloryhole que había en la cabina y añadió:
– Demasiadas leonas hay por aquí, y yo te quiero solo para mí…
Dicho esto, me agarró la cabeza y me dio un señor morreo, incrustando su lengua en mi boca y mezclándose con la mía. Yo respondí con la misma fuerza, succionando su lengua y metiendo la mía hasta la campanilla.

Desenganchamos nuestros morros pero seguíamos agarrados por la nuca, mirándonos con ojos de deseo.
– Me gustan los hombres que besan apasionadamente, dijo él con una leve sonrisa.
– Y a mí los que saben corresponder… – añadí, mientras con una mano agarraba su nuca atrayéndolo hacia mí.

Le besé, le morreé, mi lengua entró en su boca como una apisonadora, recorriendo cada rincón, salivando. Mientras, nuestros paquetes se restregaban uno con el otro, mostrando claras intenciones de ponerse duros como rocas. Con la otra mano, palpaba sus nalgas respingonas. El tío tenía un culo de 10, muy morboso con sus suspensorios que enmarcaban su trasero.

Mi lengua se separó de su boca y recorrió su cuello, su nuca, el lóbulo de su oreja… añadiendo pequeños mordiscos que aumentaban el placer de mi amante.
– Me gusta que me mordisqueen la nuca, es unos de los puntos más erógenos que tengo. Mmmmmm, sigue así y pronto me tendrás a tu entera disposición…mmmm, arghhhh – gemía él.
– Tengo algo que seguro te gustará, y está deseando que te lo comas – añadía indicando el paquete con la mirada.

Con su cabeza agarrada, hice presión para que se agachara y empezara a devorarme el paquete. Él respondió con un recorrido de su lengua, lamiendo mis pezones, el bajo vientre, se detuvo antes de llegar al abultado slip y me miró, totalmente entregado. Sus ojos me indicaban que iba a darme placer.
– Desde que te vi, supe que quería estar contigo. Saldrás de Boyberry y no podrás olvidarme, una vez me pruebes te volverás adicto a mí, como tus slip… – me dijo en un tono de entrega.
Me gustan los pasivos que están tan seguros de sus artes amatorias y respondí:
– Ya lo veremos, soy bastante exigente…empieza a comer y veremos…

Dicho eso, se entregó con apetito a mi paquete. Su lengua, que tanto me había gustado en mi boca recorrió el bulto cada vez más potente, acompañado por la presión de sus labios carnosos, succionando mi capullo y mis huevos, mojando mi slip con su saliva. Su boca moldeaba mi paquete, dándole forma y dureza. Pronto, la presión de mi pollón, pondría a prueba la resistencia del slip…
– ¡Joder tío, que paquete marcas!! Intuyo que me vas a reventar cuando te la coma – jadeó él, tirando de la goma de mis calzoncillos.
– Te advierto que cuando la destapes te puede golpear en la cara – le advertí.

Me bajó el slip y mi polla reaccionó como un muelle, impactando el capullo en toda su boca. El cockring y los preliminares de mi amante me la habían puesto bien dura. La agarré por la base y se la restregué por la cara, paseando mi glande hinchado por sus labios y mejillas.
– ¡Mmmmmmm, no me equivocaba diciendo que tenías un buen rabako!! Buff, como me gusta…mmmm – dijo antes de abrir bien la boca y zampársela.
– Según dicen está muy buena, lástima que no tenga más flexibilidad, estaría todo el día automamándome… – dije yo mientras empujaba su cabeza contra mi rabo.

El tío era un buen mamador, lamiendo y succionando y permitiendo que le empotrara la boca a voluntad. Sólo frenaba para que pudiera expulsar los excesos de saliva que le provocaba, excesos que desparramaba a veces sobre mi glande, para después seguir mamando con frenesí.
– Mmmmmmm, que bien te la comes!! Así tío, trágatela entera, saboréala, mmmmm, arghhhhh… – jadeaba yo.
Él seguía enfrascado con la tarea, mirándome de vez en cuando para confirmar que me lo estaba pasando bien. Se notaba que era un experto comepollas. Mis huevos tampoco se quedaron sin su ración de lametazos y chupetones, inflados como pelotas de tenis por la presión del aro.

Con su cabeza apoyada en la pared de la cabina y agarrándolo con las manos, me puse a bombearle la boca con mi polla, vigilando para que mi aro no le rompiera los dientes. Él se dejaba hacer, intentando no ahogarse con mis vaivenes, presionando con los labios. De tanto en tanto, la sacaba y le atizaba la cara con ella, cosa que le ponía más cachondo, sacando la lengua para volver a zampársela con fuerza.

Después de unas cuantas empotradas, le di un descanso a su boca. Agarrándolo de la cabeza lo levanté y le metí un señor morreo para agradecerle la fabulosa mamada. Reconocí el olor de mi polla en su boca, en sus labios, en el exceso de saliva. Él respondía entrelazando su lengua con la mía.

Me fijé que sus suspensorios marcaban una buena tienda de campaña, había llegado el momento de corresponderle comiéndome su polla. Me deslicé por su cuerpo, lamiendo y mordisqueando sus pezones que parecían clavos. Le manoseé el paquete, para después absorberlo, succionándolo con avidez. Él gemía y me acariciaba el pelo, jugueteando entre mis rizos.

Liberé la presión de su polla, un perfecto miembro circuncidado, de proporciones más pequeñas que el mío, pero con un fantástico glande. Estaba totalmente depilado, algo que siempre me gustaba a la hora de comerme un rabo.

Saboreé aquella polla, chupando y lamiendo desde los huevos al capullo. Demostrándole que también podía estar a la altura a la hora de mamar. Le saqué varios alaridos cuando me dispuse a dar rodeos con la punta de mi lengua sobre su glande, para después seguir chupando. Mientras estaba enfrascado con su nabo, mis manos agarraban con fuerza sus nalgas, mis dedos jugaban con su ano, ejerciendo presión para dilatarlo.

Con su polla bien tiesa, pasé a disfrutar de su lado posterior.
– Tienes un culo muy bonito, firme y duro, con nalgas poderosas y seguro que un ojete fácil de dilatar. – dije mientras le daba dos hostias a sus nalgas.

Me encantaba el olor de su culo, que igual que polla estaba totalmente rasurado. Impregnado por aquel aroma embriagador, dispuse mi lengua cuál flecha y lamí su ano sonrosado. Separé sus nalgas con firmeza, dejando su ojete a mi total disposición. Lamiendo y chupando y penetrándolo con la lengua.
– Mmmmmm, arghhhhhhhhhhhhh, me…me encantaaaa que me coman el culo, síiiiii, asíiiiiiiii, penétrame con tu lengua!…¡Joderrrrrr!! – gritaba de placer, mientras contorneaba su culo y lo empotraba contra mi cara.
Su culo se abrió a mí cuál flor, sin oponer resistencia a mi lengua que entraba como el aguijón de una abeja. A veces, dejaba que fueran mis dedos, untados con mi saliva, los que disfrutaran de su esfínter. Su culo se los tragaba sin replicar, primero uno, después dos…ahondando en su interior para acto seguido sacarlos y chuparlos saboreando su néctar.

Me fijé en mi polla y estaba totalmente tiesa, vigorosa y potente cuál arma dispuesta a ejercer su oficio. Entre su mamada y la comida de culo que le había hecho me empalmé como un animal en celo.
– Amigo, tu culo ya está listo para que te empotre – anuncié.
– ¡Síiii, clávamela, fóllame brutalmente!! ¡Quiero sentirla YA en mi interior!! – gritó él cuál perra en celo.

Saqué de la riñonera un condón, rasgué el envoltorio cuál fiera y me lo puse. Con la funda puesta lo lubriqué un poco con un par de lapos, y otro más que escupí en su culo, que aún estaba bien mojado por mi comida. Esparcí toda mi saliva por su ano, impregnándolo bien para permitir la clavada que le iba a pegar. Pero antes, alargué la espera atormentándolo un poco… Me agarré el nabo y le di ligeros golpecitos a su ano, haciendo ver que le iba a penetrar, ejerciendo presión pero sin llegar a meter, así poco a poco, toque a toque…
– No me castigues más y FÓLLAMEEEEEEEE! – me ordenó
Todo a su debido tiempo, pensé yo. Cuando menos se lo esperaba, separé sus nalgas con mis dedos y cogiendo fuerza se la clavé de un golpe, entró entera cuál flecha disparada.
– ¡¡¡Arghhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!! – gritó con todas sus fuerzas
– ¡Lo ves!! Hay que saber esperar… – rugí, mientras se la volvía a clavar y desclavar, una y otra vez, punzando su culo.

Lo sometí a mi entera voluntad, ya podía gritar y rugir que no pensaba parar de empotrarlo. Imaginaba a varios hombres escuchando tras la puerta de nuestra cabina, intentando abrir y participar de tan excelente follada.
Su culo se adaptó a mis embestidas y en ese justo momento dejé de desclavársela para someterlo con impiedad. Lo agarré de las caderas y me lo follé de pie, aumentando y disminuyendo el ritmo de la penetración, jadeando en su nuca y susurrándole lo bien que me lo estaba jodiendo, lo mucho que disfrutaba de la follada, él asentía disfrutando del intenso placer proporcionado. A veces lo agarraba del pecho o del cuello, atrayéndolo hacia mi vientre, en otras ocasiones le tapaba la boca con la palma de mi mano.

Lo empotré, lo perforé, clavándola, sintiendo como mi aro chocaba contra las paredes de sus nalgas, abiertas de par en par.
En un momento de la follada decidimos cambiar de postura. Me senté en un pequeño puf, con mi polla totalmente erguida él se sentó encima. Quería cabalgarme y aparte, deseaba que viera como lo estaba disfrutando, ya que se puso cara a cara. Yo lo agarraba por la espalda, dejando que él llevara el ritmo. Jadeamos, gemimos y rugimos como fieras, morreándonos con pasión. Su hermoso miembro rebotaba contra mi vientre desparramando prelefa.
En esta posición estuvimos un buen rato, mi amante era todo un potrillo, incrustándose mi rabo con cada embestida, que entraba y salía sin resistencia.
– Así, cabalga sobre mi pollón, gózalo y siente cómo perfora tu culo. – dije gimiendo.

Pasado un rato, el me rodeó la cabeza con sus brazos y me indicó que lo levantara. El tío pesaba poco y yo tenía fuerza suficiente para cogerlo del culo y empotrarlo. Esperaba que las paredes de la cabina de Boyberry fueran resistentes, porqué lo estaba empalando con agresividad, él totalmente suspendido en mis brazos y apoyándolo contra la pared.
– ¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me estás jodiendo vivo! ¡Me vas a reventarrrrrrrrrrrrrrrr, mmmmmmmmmmmmmm, arhggggggggggggggg!! – gritó él.

Empezó a pajearse la polla, la tenía totalmente inflada y pronto explotaría en un estallido de lefa. Seguí poseyéndolo, aumentando el ritmo de la follada y favoreciendo que se corriera. Nuestros cuerpos estaban impregnados de sudor y saliva, pero seguiamos copulando como si no hubiera un mañana.
– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmm, arghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, voy… voy a corrrrermeeeeeeeeeeee, ohhhhhhhhhhhhhhh, arghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh – gritó con todas sus fuerzas.

Dicho esto, de su polla emanaron enormes ráfagas de lefa que estallaron contra mi vientre y otras salieron despedidas contra la pared de la cabina. Su enorme corrida me puso todavía más caliente, así que lo agarré con fuerza y aceleré la empotrada, jadeando como un loco mientras él soltaba gritos post-orgásmicos acompañados de regueros de leche.
– Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, joderrrrrrrrrrrrrrr, mmmmmmmm, voy a explotaaaaaaaaaaaaaaaaarr, uuuuuuuuuuuufffffffffffffffffffffffff, arhggggggggggggggg – rugí como cuál león, mientras le metía una última embestida.

Noté como me corría, mientras seguía follándolo duramente. Sin condón hubiera sido una preñada de campeonato. Apoyados contra la pared nos dimos un morreo, entrelazando lenguas, jadeando y respirando como si hubiéramos corrido un maratón.

Le saqué la polla y comprobé que el depósito seminal estaba lleno a reventar. Admiraba la enorme presión que soportaban los condones…
– Joder, tenías los huevos cargados, ¿ehh? – dijo mientras yo tiraba el condón a la papelera. Otro genocidio de espermatozoides…

Nos abrazamos, nos besamos, nos apretujamos los cuerpos hasta que nuestras respiraciones volvieron a la normalidad.
– ¿Que haces ahora? ¿Quieres venir a casa y nos duchamos? – me preguntó.

Necesitaba una buena ducha, y además estaba convencido de que no sería el último polvo del día.

Salimos de la cabina y varios hombres nos saludaron con la mirada. Seguramente habían sido oyentes de la escandalosa follada y les corría la envidia por las venas.

Hasta el chico de la puerta nos hizo un repaso, viéndonos salir cogidos por la espalda y vistiéndonos para salir apresuradamente hacia su casa.

Evidentemente, el polvo en Boyberry no fue el único… pero lo que hicimos en su casa da para otra historia… Por si no os la cuento, ¡recordádmelo!