Dos pañuelos, una silla, Marc y Pablo

Marc

El tiempo se paró en el momento en que sentí sus labios besando los míos, eran tan suaves…

Poco a poco ese beso fue aumentando de intensidad, notaba como su lengua se introducía en mi boca y acariciaba la mía.

Mi cuerpo empezó a descontrolarse, mi mano derecha se colocó directamente en su nuca, no quería que esos besos acabaran, y la izquierda se puso en su espalda. Pablo por su parte, colocó una mano en mi culo y la otra en mi nuca.

Sentía como el calor se adueñaba de mi cuerpo, así que con todo el dolor que me suponía intenté separarme unos centímetros de él para poder recuperarme, pero sus fuertes manos no me dejaban… Después de varios intentos, la mano que él tenía en mi nuca me soltó.

Ahora que me he quitado la venda de los ojos, no te pienso dejar escapar. – Dijo Pablo.

Dicho esto, puso su mano en mi culo y junto a la otra, me presionaba contra su cuerpo. Podía notar como su gran “amigo” pedía salir a gritos.

Creo que tu “amigo” también se ha quitado su venda… – Digo yo.

Ya hace tiempo que él se la quitó, pero era yo el que no… – Me contesto Pablo.

No hay que darle más vueltas al pasado, lo que no estaría mal, es que si esto se va a calentar más, fuéramos a otro sitio, no me gustaría que las abuelitas que están sentadas en el banco, se escandalizaran más. – Dije poniéndole un dedo en sus labios para que se callara.

Tú como siempre pensando en los demás. – Me replico.

Me cogió de la mano, y bajamos la Gran Via en dirección plaza Universidad, hasta llegar a la calle Calabria. Entramos en un local gay llamado “Boyberry”, yo lo conocía de haber hecho alguna compra que otra, pero era la primera vez que iba a ver la parte más caliente.

Después de pasar por la cortina y dar algunos pasos vi a un chico de rodillas que le estaba haciendo una mamada a otro, el que estaba de pie soltaba pequeños gemidos de placer y mientras con las manos movía la cabeza del otro, para que fuera más deprisa.

¿Te gusta lo que ves? – Me preguntó, sacándome de escena.

Sí, pero reconozco que te prefiero a ti. – Respondí.

Anda ven, que te voy a reforzar esa opinión.

Entramos en una habitación y cerré la puerta tras de mí, es ese momento Pablo me giró poniendo mi cuerpo cara la pared. Sus manos cogieron las mías y las pusieron por encima de mi cabeza, podía sentir su respiración en mi nuca.

No te puedes imaginar, las veces que he soñado que te tenía así. – Me confesó.

Empezó a recorrer mi cuello con su lengua hasta que nuestras bocas se encontraron, podía sentir como su lengua intentaba alcanzar mi campanilla. La fuerza con la que sujetaba mis manos aumentaba al igual que el tamaño de su paquete, el cual no paraba de aplastar contra mi culo.

Conseguí soltarme de sus manos, me giré y le empujé con tal fuerza que lo senté de golpe en una silla, que había en mitad de la habitación. Sin pensarlo dos veces me senté encima de Pablo y le quité la camiseta, dejando al descubierto sus abdominales marcados.

Sus pupilas se dilataban a cada contacto que tenían mis labios con su piel, recorría sus abdominales turnando besos y pequeños mordiscos. Mientras le desataba el pañuelo que tenía en su muñeca, para poder atar esa misma muñeca a una pata de la silla.

¿Qué estás haciendo? – Me preguntó entonces.

Vamos a jugar. -Pablo iba a decir algo más, pero lo callé con un beso en los labios.

Después, me desaté el pañuelo que tenía yo y le até la otra mano a la pata del otro lado de la silla. Me puse de pie para ver la escena. Estaba irresistible, le quedaba muy bien el pelo rapado, sus ojos grises me observaban con curiosidad. Enarcó la ceja al ver que me mordía el labio inferior. Me arrodillé delante de Pablo, y le desabroché el cinturón del pantalón; él sonrió.

Paciencia, solo te lo he desabrochado para que tu miembro no esté incómodo. – Le hice saber.

Qué pena…

Después le quité las deportivas y con su ayuda le quité los pantalones. Cuando acaricié su muslo pude notar como el poco vello que tenía se le erizaba, su respiración se aceleraba mientras dejaba ir pequeños soplos. Al ver su reacción, remplacé las caricias por pequeños besos.

Su miembro parecía que iba a asomarse en cualquier momento. Empecé a mordisquearle sus pezones, eso hizo que se endurecieran, poco a poco fui recorriendo sus abdominales con mi lengua humedecida, hasta llegar a la tira del bóxer.

Con los dientes le bajé los calzoncillos hasta que salió su miembro, era mejor de lo que tantas veces me había imaginado: le pasaba un poco del ombligo, era tan ancho como mi muñeca y era un poco venoso.

Le terminé de quitar el bóxer y empecé a recorrer su miembro con mi lengua, de abajo a arriba, hasta que me la metí en la boca y lo comencé a masturbar mientras mi lengua jugueteaba con él. Me gustaba tanto escuchar los gemidos de Pablo que cuando gemía, lo masturbaba más deprisa para que no parara.

Al cabo de unos minutos, Pablo me suplicaba que le soltara una mano.

Pablo

Cuando me desató la mano, me puse a acariciar su pelo. Marc me la comía tan bien…

Me desaté la otra mano. Recordaba la escena de los dos chicos de la entrada y el comentario de Marc, así que le cogí de la cabeza y se la balanceé para que fuera más deprisa, no paré hasta que tuvo una arcada. Le dejé que se recuperara y volví a la carga un par de veces más.

Después le ayudé a ponerse en pie y le quité la camiseta, estaba un poco más fibrado de lo que recordaba, reseguí el tatuaje de su pecho con el dedo índice. Tenía la piel tan suave…

Termina tu solo, quiero ver como lo haces. – Dije, después de comerle la boca mientras le desabrochaba el botón del pantalón. Me senté en la silla a masturbarme, mientras observaba como se terminaba de desnudar.

Se bajó el pantalón dejando al desnudo sus piernas depiladas, según él muy delgadas, para mí eran perfectas. Sus dedos pulgares e índices cogieron la tira del bóxer y empezaron a bajarlo poco a poco, se puso de espaldas a mí para que pudiera ver su culo. No me defraudo; era pequeño y lo tenía bien puesto.

Me puso mucho más burro de lo que ya estaba, no me pude controlar, me levanté de la silla y lo empotré contra la pared, nos manoseábamos y besábamos como si no hubiera un mañana. Le puse cara la pared, le agarré las manos y se las até detrás de su espalda, con uno de los pañuelos.

Ahora me toca a mí, más te vale estar preparado. – Le advertí.

Mira como tiemblo… – Si había algo que me ponía de él, era su chulería.

Le puse de cara a mí y me arrodillé, su polla era de tamaño normal pero de forma perfecta, igual de ancha arriba como abajo. Comencé a comérsela, mientras que con las manos sobaba su culo. Levanté la mirada para ver su cara, sus ojos marrones brillaban, me suplicaban que no parara y además me di cuenta que se mordía el labio inferior para evitar gemir.

Le di media vuelta, separé sus glúteos y empecé a lamer su ano para ayudarle a dilatar. Con cuidado le iba metiendo el dedo índice para después acompañarlo del dedo corazón, Marc no paraba de gemir. Una vez dilatado, le desaté las manos, y me puse uno de los condones que habíamos comprado en la entrada. Marc se apoyó en la silla, en la posición del “perrito”.

Me coloqué detrás de él y le metí con cuidado mi rabo en su culo, al principio sentía la presión pero poco a poco el culo de Marc se fue amoldando a mi rabo. Una vez preparado el molde, empecé a bombear cada vez más rápido y con más fuerza. Después me senté en la silla y Marc se puso encima de mí, dándome la espalda, él solo se metió mi rabo en su culo y empezó a votar mientras yo le masturbaba.

Al cabo de un rato, Marc se dio media vuelta para poder morrearnos, no me pude resistir y me levanté con él encima y le di unos cuantos viajes en ascensor. Hasta que ya no pude más y le dije que ya no aguantaría mucho. Él también me dijo que le quedaba poco así que nos pusimos uno delante del otro, a masturbarnos hasta que nos corrimos.

De camino a casa solo podía pensar en lo que había pasado, Marc ya formaba parte de mi vida desde hace mucho tiempo, pero por fin iba a formar parte de ella como yo en realidad quería.