Sin tocarme

Sin duda, nunca pensé que acabaría así, de esta manera, tan sucio pero tan satisfecho a la vez. Tan puta, pero tan triunfador a la vez. Aquél martes de primavera no fue uno cualquiera, fue mi martes.

  • UNA SEMANA ANTES…

Hola, soy Jordi. Un chaval de veinte años, de Barcelona, gay. Soy un chico reservado, poco hablador, pero muy pensador. Estoy fibrado, que para algo voy al gym, mido 1,78 y peso 68 kilos. Tengo el cabello liso, no muy extenso, oscuro y bueno…soy pasivo.

Como era costumbre, me levanté empalmado, sí, como supongo que les pasa a la mayoría de los tíos. Como cada día, eché un meo, desayuné y me fui a la universidad. Cuando llegué a casa comí y me fui al ordenador. Me apetecía chatear y… quitarme “la calentura” del cuerpo. Me conecté en un chat muy conocido de la red e hice un doble clic en la sala de gays. Una vez dentro, con “Encelo20” como nick, empezó mi búsqueda. Había más de 300 tíos conectados, aunque de mi edad, como a mí me gustaban, escaseaban.

Pasaron varios minutos en los que no encontré ningún nick que me llamara la atención como para abrirlo, hasta que inesperadamente uno sin nick me abrió un privado.

  • Usuario 343: ¡Buenas! ¿Qué tal nene?
  • Yo: ¡Hola! Cachondo. ¿Y tú?
  • Usuario 343: También… ¿Activo o pasivo?
  • Yo: ¿Y tú?
  • Usuario 343: Activo y mis tres colegas también…
  • Yo: ¿Qué quieres decir con lo de tus “tres colegas”?
  • Usuario 343: Qué somos cuatro nene y estamos buscando un pasivo para darle caña.
  • Yo: ¡Dioooos! ¿En serio? ¡Qué morbazo! ¡Me la has puesto dura de golpe cabrón!
  • Usuario 343: jajaja Vamos a ir a la fiesta joven de boyberry, así que si quieres…
  • Yo: Me encantaría tío. No he ido nunca pero suena morboso jajaja. ¿A qué hora sería?
  • Usuario 343: En media hora. ¿Te hace? Estaremos en el sótano.
  • Yo: ¡Ok, guay! ¿Nos vemos por skype?
  • Usuario 343: No, no nos mostramos. Pero tranqui, te gustaremos. Tenemos entre 23 y 25 años, vamos al gym y tenemos buenas pollas.
  • Yo: ¿Pero entonces como os identifico allí?
  • Usuario 343: Te identificaremos nosotros. Bueno, te esperamos. Nos salimos de aquí. Ah, por cierto. Dos cosas: 1. No nos gusta que los pasivos hablen follando y 2. Prohibido tocarte.

Y cuando fui a contestar, ya se habían desconectado. Me dio mucho morbo la situación, aunque debo admitir que desconfiaba de cómo acabaría eso y si realmente me habían dicho la verdad. Así pues, con la polla que casi se me salía del pantalón de lo dura que estaba, me preparé y me fui hacia boyberry (un sexshop gay del eixample de Barcelona). Me situé en su entrada y por un momento dudé en entrar. Nunca había estado en un sexshop y menos gay. Pero después de pensarlo durante unos segundos, entré. La entrada del lugar no era muy extensa pero tampoco pequeña. Estaba repleta de estanterías con revistas, películas porno gay y demás. Justo dónde estaba el mostrador con su dependiente, había una entrada que llevaba a la zona trasera del local, aunque des de allí no se visualizaba que habría tras ella. Y a la izquierda de esta, una veintena de taquillas para dejar tus pertenencias. En esa zona del local apenas había un par de parejas de chicos de unos dieciocho años aproximadamente deambulando por la zona del videoclub. Me acerqué al mostrador del dependiente (Un treintañero moreno que estaba para echarle un buen polvo) e ignorando como iba el tema, le pregunté.

  • Yo: ¿Hay fiesta joven hoy?
  • Dependiente: Sí, guapo. Abajo, en el sótano (me dijo con una sonrisa maligna).
  • Yo: ¿Cómo se llega? (Me sentí estúpido).
  • Dependiente: Entra por aquí, ves a la izquierda y baja las escaleras (me dijo, señalándome la entrada de la zona trasera).
  • Yo: Y… ¿Cuánto cuesta?
  • Dependiente: Para ti gratis, guapo (me dijo de nuevo con otra sonrisa).

Sorprendido por ello, me acerqué a la entrada de la zona trasera y me adentré en un pasillo bastante oscuro y con cabinas a los lados. Aquello era un laberinto. Pasillos por aquí, por allá, repletos de cabinas y…glory holes. Tal y como me dijo el dependiente, me dirigí hacia la izquierda y vi las escaleras que bajaban a un piso inferior. Bajé por ellas y abajo me encontré la fiesta. El “famoso” sótano estaba compuesto por dos sofás y una pantalla en la pared final emitiendo porno gay. Justo al final de la sala, en el lado derecho, había un acceso hacía más zonas del sótano. Aquello estaba lleno de chavales de mi edad o similar, unos más guapos y otros no tanto, pero tal y como indicaba el nombre de la fiesta, todos eran jóvenes. Habían parejas liándose por las esquinas, chicos insinuándose de extremo a extremo, otros metiéndose mano y otros bebiéndose la copa  de cava que servía un camarero (también joven) que caminaba por allí.

Mi curiosidad y morbo estaban en su nivel máximo, así que abrí paso entre la multitud y me dirigí al final de la sala para ver que se ocultaba en el acceso derecho que os contaba antes. Una vez atravesado, el nivel de luz aun fue inferior, pero había la suficiente como para ver. Fui caminando y fui observando atentamente todo lo que había allí. En la pared de en frente había otra pantalla emitiendo porno y a los lados, más cabinas y glory holes. Esa zona era más íntima por lo visto, ya que en sus esquinas vi a chicos arrodillados comiéndoles la polla a otros chicos, algún que otro medio en bolas y algún gemido que oía de fondo. Fui hasta el final de esa zona y justo a su izquierda, vi algo que me llamó la atención. Había un acceso a una habitación con una única cosa en su interior, un colchón, pero sin nadie allí. Sin pensarlo, di un paso, entré y me situé en el borde del colchón. Justo en ese instante, alguien me tocó el hombro y me susurró al oído:

  • ¿En celo?

Me di la vuelta y delante de mí vi a cuatro chavales con su mirada fija en mí.  Dos eran morenos, un castaño y otro rubio. De alturas similares a la mía, quizá un poco más, corpulentos y con mucho morbo en sus miradas. Me miraban como si me fueran a comer, así que yo no iba a poner resistencia a tal situación.

  • Yo: Sí… (Mi polla se acabó de endurecer)

En ese instante el chico rubio me dio un empujón y caí de espaldas sobre el colchón, para todo seguido desnudarme entre los cuatro. Nunca había estado tan cachondo, me tenían derretido. Uno me quitó las bambas, otro el jersey, la camiseta, los pantalones, hasta dejarme en bóxers. Los cuatro me lo miraron y al verlo mojado por la lubricación del líquido preseminal, el castaño dijo:

  • Quítatelo.

Y rápidamente obedecí, quedándose toda mi ropa en el suelo y yo desnudo sobre el colchón con la polla descapullada y bien dura. Uno de los chicos morenos se bajó los pantalones y sacándose su gran verga del bóxer, me cogió de los pelos y me acercó hasta tenerla a unos centímetros de distancia. Yo abrí la boca, deseoso de comerme esa gran polla que mediría veinte centímetros y entonces el chaval me la metió entera y empezó a moverse para follarme la boca mientras los otros miraban. No me la llegaba a sacar de la boca en ningún momento, al contrario, me la metía hasta la campanilla con el propósito de atragantarme y cuando lo conseguía, notaba cómo aquello lo ponía cachondo perdido en su cara y en su polla que estaba dura como una piedra. Repitió la acción varias veces, cada vez a un ritmo más rápido, hasta que se me salieron las lagrimas y me la sacó de la boca, lleno de babas y presemen. No tuve apenas tiempo de descanso, cuando el otro chico moreno me cogió de los pelos y me folló también la boca, ahora que todos tenían el rabo fuera y se lo pajeaban a saco. Tal y como me dijeron, no dije nada, solo disfruté y los hice disfrutar.

Al cabo de unos minutos, cuando los cuatro ya se habían turnado para follarme la boca, mi rostro de vicioso era extremo, con presemen por los labios y todas las pollas descapulladas y mojadas por mis babas. Las cuatro pollas eran grandes, anchas y deliciosas. El chico rubio entonces me escupió la cara sin esperármelo y se rieron todos, al mismo tiempo que yo me quedaba humillado. Tras varios segundos, los otros tres chicos también me escupieron, dejándome la cara llena de saliva y bien humillado. Hacerlo pareció motivarles, ya que de inmediato el chico castaño y el rubio se tumbaron en el colchón y me indicaron que cambiase mi posición. Ahora estaba a cuatro patas, mirándoles a los dos mientras seguían pajeandose. Detrás de mí estaban los otros dos chicos, los cuales empezaron a azotarme el culo a la vez. Cada vez me daban más fuerte y eso hacía que mi estado de excitación no disminuyese. A su vez, el chico rubio y el castaño volvieron a cogerme de los pelos y por turnos continuaron follandome la boca, a veces apretándome contra sus pechos con tal fuerza, que mi rostro se sonrojaba por la falta de aire. Los dos morenos continuaron azotándome unos minutos más hasta que dejaron de hacerlo. Durante varios segundos continúe mamando sin saber que se les ocurriría ahora a los dos morenos, pero la espera fue corta. En seguida noté como uno de ellos me abría las nalgas para que el otro me impregnase de lubricante todo el ano. Me lo dejó bien lubricado, antes de que notase como uno de ellos se situaba encima de mí como un perro encima de su perra y me metiese todo el rabo dentro de mi culo sin miramientos. No me lo esperaba, pero tampoco me dolió en absoluto, ya que mi ano llevaba un tiempo dilatándose por la situación morbosa que estaba viviendo. Empezó a follarme el culo duramente mientras el rubio continuaba follandome la boca, hasta que quedé libre por la boca y aproveché para gemir a los cuatro vientos. El que me estaba follando el culo paró y la sacó de golpe, pero en seguida noté otra polla dentro (la del otro chico moreno). Este me folló más lentamente, pero con embestidas más fuertes, quedándose por momentos empujando su polla hacia dentro. Mientras tanto, el chico castaño continúo follandome la boca. No sé cuánto tiempo estuve a cuatro patas, follando sin cesar, pero al cabo de un rato, me dejaron todos los orificios libres y se colocaron uno al lado del otro de pie. Mi culo estaba bien abierto y mi polla deseando ser pajeada, pero tal y como me prohibieron, no me toqué.

Por un instante pensé que se habían cansado de mí, pero no fue así. Aun me tenían preparado el plato final. Entre los cuatro me cogieron en brazos y me llevaron fuera de la habitación, a la vista de toda la multitud que estaba mirando el espectáculo morboso que estábamos dando. Me dejaron en el suelo y entonces el chico castaño me ordenó con la vista que me arrodillase y así lo hice. Hicieron un circulo a mi alrededor, quedándome a la altura de sus empinadas pollas y habiéndose quitado los condones los que me habían follado el culo, comenzaron a pajearse los cuatro a la vez, con fuerza, decisión y con ganas de correrse. Así estuvieron varios minutos, hasta que el chico rubio colocó un rostro lleno de placer y satisfacción y soltó un chorro de lefa sobre mi frente. Fue un gran chorro de leche espesa, blanca y que dejó a uno de mis machos rendidos. Seguidamente, llegó al orgasmo uno de los morenos, intentando aguantar lo máximo el placer, hasta que no pudo más y su chorro salió disparado hacia mis labios. En este caso, la leche estaba más líquida y alguna gota que otra calló por mi barbilla. Tras este, el chico castaño, que estaba detrás de mí, me giró la cabeza y me acercó su polla a la cara para impregnármela completamente con su corrida, la cual se caracterizó por ser la más duradera (once segundos de corrida). En último lugar, el chico moreno que faltaba por correrse continúo pajeandose con fuerza y yo lo miraba, deseoso por su leche. Los otros tres y toda la multitud esperaban el gran momento, pero el chaval se hizo de rogar. Toda la multitud de jóvenes que nos rodeaban empezaron a animarle a gritos y eso fue clave en su orgasmo.

  • ¡Córrete! ¡Córrete! ¡Córrete!

Y finalmente lo hizo, en medio de leves gemidos. A trompicones salieron varios chorros de lefa directos a mi cara, dejándome, ahora sí, toda la cara blanca por las cuatro corridas.

Nunca antes había vivido una situación tan morbosa, humillante y excitante cómo aquella, lo que hizo que mi calentón llegase a su punto máximo y sin tocarme, de mi polla saliesen levemente varios chorros de semen, formando delante de mí una gran mancha en el suelo. La corrida me duró apenas unos segundos, pero estaba convencido de que había vaciado mis huevos.